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Reconstruir a Venezuela Parte XIV: Reemplazar el modelo del Estado venezolano y texto Constitucional, Por Alejandro Bautista González




Ante las incoherencias y desafueros observados en la conductibilidad gubernamental de nuestro país, no solo en tiempo presente, sino que viene manifestándose desde gobiernos anteriores, todo lo cual constituye una rémora para el crecimiento integral de la Nación, atascada y sometida a una constante incertidumbre del devenir que nos espera. Esta reflexión nos conduce a buscar la razón del porqué de este “estatismo”. Estáticos no avanzamos y el juego se nos tranca. Necesitamos sacudirnos y salir del arrobamiento en que estamos hoy sumergidos, en Venezuela. Los hechos y la agobiante coyuntura gubernamental-política existente, nos llevan a pensar que una causa importante de los males puede estar centrada en los excesos del presidencialismo y en el agotamiento del actual modelo de gobierno imperante, razón por la que se precisa estudiar otros modelos, analizando y comparando con los exitosos en la comunidad internacional.


En tal sentido, inspirado en la grandeza del pensamiento de nuestro visionario Libertador, fundador de repúblicas y hacedor de constituciones y leyes, nada mejor para recordar que en la oración inaugural del Congreso de Angostura, reunido el 15 de febrero de 1819, “el Grande de América”, en su famoso Discurso, hace explícita profesión de fe de sus ideas políticas democráticas y republicanas. En esta ocasión, refiriéndose a la adopción de los diferentes tipos de gobiernos sabiamente manifiesta:

“El sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política”.

Sistemas o formas de gobierno existen muchos, en el mundo actual. Podemos mencionar, por ejemplo: República presidencialista (Colombia, Chile, EE.UU.), semipresidencialista (Francia, Portugal), República parlamentaria (Alemania, India, Israel); Monarquía democrática y parlamentaria (España, Reino Unido o Japón); dictadura militar u otros modelos que no se ajustan a ninguno de los anteriores.

Venezuela desde su independencia ha sido presidencialista, pero también ha vivido la experiencia de las dictaduras militares con sus secuelas. Actualmente el país pareciera encontrarse en estado de incertidumbre y no ve claridad en su rumbo. El régimen gobernante actúa autoritariamente y no oye el clamor de libertad y democracia que demanda el pueblo; por su parte, la dirigencia de la oposición democrática luce fraccionada, incoherente, atormentada, despistada y sin visión ni proyecto de país. No tiene liderazgo ni objetivos claros, tampoco estrategias ni innovación. No avanza víctima de sus propias torpezas. De ahí la pregunta y presunción ¿será que nuestro modelo de Estado está agotado?

Reemplazar el modelo de Estado venezolano no es algo simple de decir y hacer. No resulta fácil, pero es una solución; materia de estudio para abogados, constitucionalistas, estadistas y expertos en el arte de gobernar, que por supuesto tomaría cierto tiempo. Varias de las opciones comentadas, como las monarquías, naturalmente son descartadas en nuestro caso. Si se optara por examinar alguno de los modelos de Estado, afines a los intereses y conveniencias del país venezolano, el que más llama nuestra atención es el de la Democracia o República Parlamentaria: el mismo aplicado por Alemania con tanto éxito, que mantiene al país en la cumbre del desarrollo de las naciones europeas y de mayor prestigio en el mundo. Lo mismo acontece con Israel.

A manera de ilustración, he aquí algunas caracterizaciones del Sistema Parlamentario o Democracia Parlamentaria:

Se refiere al tipo de régimen de Estado donde la formación del gobierno está cimentada en una asamblea o sistema de asambleas en cuya base hay un principio representativo que determina los criterios de su composición y su permanencia depende del consentimiento de la mayoría parlamentaria. Esa mayoría puede surgir directamente de las elecciones o, bien, de una coalición. Su nombre se deriva de su principio fundador, o sea, que el Parlamento es soberano.

Hay tres variedades principales de sistemas parlamentarios:
1) el sistema de primer ministro o de gabinete, de tipo inglés, en el que el Ejecutivo prevalece sobre el Parlamento;
2) el de tipo francés de gobierno por asamblea, y,
3) el parlamentarismo controlado por partidos, que es considerado un punto intermedio entre los sistemas 1 y 2.
Entre las características que son propias a los sistemas parlamentarios destacan:
1) el Parlamento elije al Jefe de Gobierno;
2) el Parlamento no comparte con ningún otro órgano del Estado la dirección de los asuntos públicos (el gobierno);
3) el Poder Legislativo se divide en dos cámaras;
4) el Jefe de Estado tiene una función simbólica, ya que no dispone de atribuciones políticas;
5) las prerrogativas del Ejecutivo se ejercen por medio del gabinete alrededor del primer ministro;
6) el gobierno surge y se mantiene gracias al respaldo de la mayoría parlamentaria;
7) el primer ministro y su gabinete están sujetos al control político, a través de diversos mecanismos, por parte del Parlamento,
8) la integración del Parlamento traduce la estructura del sistema de partidos; y, 9) el Parlamento puede destituir gobiernos y el Ejecutivo disolver al Parlamento.

Este artículo continuará en la próxima semana.
*Doctor en Cooperación Internacional, Integración y Descentralización: Los Desafíos del Desarrollo Internacional

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