Riohacha, La Ciudad de la Playa, nuestra capital, ha experimentado durante las últimas décadas un crecimiento urbano significativo, la ciudad se ha extendido, han aparecido nuevos barrios y urbanizaciones y cada vez son más las personas que desarrollan allí sus actividades, esto es sin duda, una señal de dinamismo y una oportunidad para avanzar, pero el crecimiento de una ciudad solamente puede convertirse en desarrollo cuando está acompañado de planificación y una administración capaz de orientar y controlar su expansión.
El problema comienza cuando la ciudad crece más rápidamente que su capacidad para organizarse, Riohacha enfrenta hoy una serie de dificultades que aunque a primera vista parecen independientes, están profundamente relacionadas; entre otras, insuficiencia en la cobertura de los servicios públicos, acumulación y disposición inadecuada de residuos, problemas de movilidad, inseguridad, deterioro y ocupación del espacio público y dificultades para hacer cumplir las normas de ordenamiento urbano, no son situaciones que puedan resolverse de manera aislada, porque unas terminan alimentando a las otras, es decir, transversales.
Una ciudad que permite crecer nuevos sectores sin garantizar oportunamente sus servicios, está trasladando hacia el futuro un problema que tarde o temprano tendrá que resolver, cada nueva vivienda representa una nueva demanda de servicios por eso, la expansión urbana no puede medirse únicamente por la cantidad de viviendas que se construyen, sino por la capacidad de ofrecer condiciones dignas a quienes van a habitarlas.
Riohacha debe revisar si está planificando su crecimiento o simplemente está reaccionando ante él, no se trata de impedir que la ciudad se expanda, sino de establecer hacia dónde debe crecer, bajo qué condiciones y con qué infraestructura, para ello, el desarrollo urbano debe anticiparse a las necesidades de la población y no esperar a que los problemas aparezcan para comenzar a improvisar y buscar soluciones.
Los servicios públicos constituyen uno de los primeros indicadores para determinar si ese crecimiento está siendo adecuadamente acompañado, antes de permitir que nuevos sectores se consoliden, debe existir una respuesta clara de planificación, porque de lo contrario tendremos una ciudad cada vez más grande, pero con sectores que continúan padeciendo deficiencias básicas.
El problema de las basuras es otra manifestación visible de esta realidad, las calles, lotes y determinados espacios de la ciudad no pueden convertirse en lugares permanentes para la disposición de residuos, pero no sería justo atribuir la responsabilidad a la ciudadanía, la administración tiene la obligación de garantizar un sistema eficiente y ejercer autoridad frente a quienes incumplen las normas, Riohacha necesita una política permanente de limpieza y manejo de residuos.
Pero detrás de los problemas que presenta la ciudad, el control urbano es una cuestión todavía más profunda, una ciudad puede tener excelentes normas de ordenamiento territorial, pero si estas no se cumplen, la planificación termina convirtiéndose en un documento sin capacidad real para transformar el territorio, el ordenamiento urbano no consiste solamente en determinar sobre un plano dónde se puede construir; también implica vigilar cómo se construye, qué usos se permiten, cómo se ocupan los espacios públicos y qué condiciones deben obedecer los nuevos desarrollos urbanos.
En este punto considero necesario abrir una discusión seria sobre la institucionalidad encargada del licenciamiento y del control urbanístico de Riohacha, la ciudad necesita contar con una estructura técnica y especializada que permita que las decisiones urbanísticas se adopten y controlen con criterios de continuidad, transparencia y sujeción a las normas.
La organización de una curaduría urbana merece especial atención, el licenciamiento urbanístico es una función que requiere conocimiento técnico, independencia y continuidad y no debería convertirse en una carga que distraiga a la administración municipal de su responsabilidad principal de planificar y orientar el desarrollo del territorio, por ello, Riohacha debe avanzar hacia el establecimiento de la figura de la curaduría urbana y de los mecanismos institucionales que permitan garantizar que las licencias y las actuaciones urbanísticas respondan efectivamente al ordenamiento territorial.
Pero no basta con contar con una curaduría o con una dependencia encargada de expedir licencias, también se necesita una instancia técnica, permanente y con capacidad efectiva de seguimiento y control, que permita verificar que lo autorizado se cumpla y que las normas urbanísticas sean respetadas en el territorio, esta instancia debería articularse con la administración distrital, su oficina de Planeación, las autoridades ambientales y las demás entidades competentes, sin depender de los cambios propios de cada período de gobierno.
El POT no puede ser una recomendación para cada administración; debe ser la hoja de ruta obligatoria para construir la ciudad, estas normas de ordenamiento territorial deben tener continuidad y obediencia, porque cada decisión urbanística que se toma hoy puede comprometer la ciudad de las próximas décadas, el crecimiento urbano necesita autoridad y control, no basta con tener un Plan de Ordenamiento Territorial; es necesario hacerlo cumplir, prevenir y garantizar que el desarrollo de nuevos sectores corresponda a la planificación prevista, el control del espacio público no puede ser una acción ocasional; debe formar parte de una política permanente de ciudad.
Y cuando hablamos de control urbano necesariamente llegamos al problema de la movilidad, una ciudad que crece sin suficiente planificación termina generando mayores desplazamientos, presión sobre las vías, dificultades para estacionar, conflictos entre vehículos y peatones y deterioro de los andenes, el peatón debe recuperar un lugar central dentro de la planificación urbana, se deben definir espacios cómodos, accesibles y adaptados al alcance físico de las personas, es decir, a escala humana, que es un postulado básico de la arquitectura y el urbanismo.
Por otro lado, la inseguridad también debe analizarse dentro de esta visión integral, esta no depende exclusivamente del número de patrulleros en las calles, una ciudad con espacios deteriorados y sin control puede generar condiciones que favorezcan la percepción de inseguridad y disminuyan la presencia ciudadana, recuperar estos espacios y devolverlos a la comunidad también puede contribuir a construir entornos urbanos más seguros, todo esto nos lleva a una conclusión que Riohacha debería asumir como un propósito colectivo: la ciudad necesita un proyecto urbano que trascienda los períodos de gobierno.
Durante cada campaña electoral aparecen nuevas promesas, nuevos programas y nuevas soluciones para los problemas de la ciudad, sin embargo, muchos de esos problemas reaparecen una administración tras otra, esto obliga a preguntarnos si cada gobierno está realmente construyendo sobre lo que recibió, o si, por el contrario, cada administración comienza nuevamente a formular diagnósticos y promesas.
Riohacha necesita pasar de las promesas a las metas verificables, cada compromiso importante debería tener presupuesto, cronograma, responsables, indicadores y resultados que puedan ser conocidos por la ciudadanía, solo así será posible determinar qué se prometió, qué se hizo, cuánto costó y qué impacto tuvo.
La ciudad también necesita una agenda urbana de largo plazo, construida con participación de los sectores públicos, privados, académicos, gremiales y comunitarios, que defina prioridades y permita hacer seguimiento a su cumplimiento, esa agenda debería permanecer vigente más allá de los períodos electorales y convertirse en una verdadera política de ciudad.
No se trata de buscar culpables de todos los problemas de Riohacha, se trata de reconocer que nuestra capital tiene enormes posibilidades y que, precisamente por ser la capital de La Guajira, necesita una visión de futuro mucho más ambiciosa, una ciudad ordenada no se construye solamente con grandes obras; también se construye haciendo cumplir las normas, garantizando los servicios, protegiendo el espacio público y planificando cada nuevo paso de su crecimiento.
Riohacha no necesita solamente crecer o expandirse; necesita desarrollarse bien, necesita convertirse en una ciudad donde la expansión urbana esté acompañada de acciones realizables que permitan a sus habitantes disfrutar plenamente de ella.
P.D. Estamos a un año de escoger un nuevo alcalde para la ciudad, es el momento en que la ciudadanía debe tomar cartas en el asunto y no seguir siendo anuente de todas estas situaciones que empañan y desdicen de nuestra ciudad, es hora de elegir a alguien que realmente reúna las condiciones necesarias para lograr un cambio estructural y coloque a la Ciudad de la Playa en el sitial que merece, “COMO CORRESPONDE” frase de nuestro presidente: Abelardo De La Espriella.
Salustio Solano Cerchiaro
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