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SE CUMPLIÓ LA MALDICIÓN DEL FINANCIAL TIMES Sobre Liz Truss: Sería más breve que la vida de una lechuga

Truss se convirtió en la primera ministra británica más breve de la historia. ¿Por qué renunció?

Liz Truss tomó las riendas del Reino Unido con la idea de proporcionar una sacudida neoliberal al país y resucitar el espíritu de Margaret Thatcher, pero seis semanas de errores de cálculo y torpeza política han servido para fundir a quien aspiraba a convertirse en una nueva «dama de hierro».

Con su dimisión este jueves culmina uno de los períodos más excepcionales y convulsos de la historia reciente británica, que acaba con el mandato más breve de un primer ministro en Downing Street.

El pasado 6 de septiembre, con una visita a la reina Isabel II en su castillo de Balmoral, Truss iniciaba su mandato. No podía ser un buen augurio que la monarca muriese solo dos días después de recibir a la líder «tory».

La ex primera ministra alcanzó el cargo aupada en las primarias por las bases conservadoras, que apreciaron su discurso desacomplejado y su propósito de dar un giro a la derecha en el rumbo del país.

Reina Isabel II y ex primera ministra británica, Liz Truss.

Foto: Twitter: @RoyalFamily

Pese a ello, a nadie se la escapó que en las votaciones previas entre los propios diputados «tories» ella nunca había encabezado las preferencias y solo pasó a disputarse el liderazgo con el exministro de Economía Rishi Sunak por apenas ocho votos.

Truss representa al ala más derechista del Partido Conservador, como Thatcher, apodada la «dama de hierro» por la mano dura con que gobernó el Reino Unido de 1979 a 1990 y a la que soñaba emular. 

A los 47 años, esta exministra de Relaciones Exteriores llegó al poder con una simple promesa: en un contexto difícil de fuerte inflación y disparada de los precios de la energía, quería relanzar el crecimiento gracias a recortes masivos de impuestos.

Su experiencia en varios ministerios y su visión optimista convencieron a los militantes conservadores que la prefirieron frente al ministro de Finanzas, Rishi Sunak, defensor de la ortodoxia presupuestaria.

Sin la legitimidad con la que contaba Johnson gracias a su aplastante victoria en 2019 ni un gran respaldo en sus propias filas, Truss aterrizó en Downing Street con pies de barro.

Eso no obstó para que el 23 de septiembre su entonces ministro de Economía, Kwasi Kwarteng, presentase la mayor bajada de impuestos en medio siglo, sin más plan para financiarla que endeudar al país; los mercados respondieron disparando la prima de la deuda soberana y hundiendo la libra.

Ese día fue el principio del fin para Truss.

A partir de entonces solo pudo dedicarse a destituir a Kwarteng y enmendar una por una todas sus medidas, hasta llegar a la humillación final de ver al nuevo ministro de Economía, Jemery Hunt, desmontar este lunes por completo ante el Parlamento un plan lleno de «errores».

Su rictus inexpresivo aquel día, en la bancada detrás de Hunt, le valió comparaciones en la despiadada prensa británica con un «espectro» que seguía en el cargo pero vacío de poder.

Foto: AFP

Sus últimos movimientos a la desesperada, como aparecer en la BBC para hacer acto de contrición y pedir perdón, no sirvieron para nada más que para dilatar un destino que ya estaba escrito.

El miércoles, abucheada por los diputados en el Parlamento, afirmó «soy una luchadora, no alguien que abandona». Pero de inmediato sufrió otro duro golpe: su ministra del Interior Suella Braverman renuncia en desacuerdo con
Truss por la política migratoria.

La situación no tiene salida: los pedidos para que renuncie se multiplican, la oposición reclama elecciones anticipadas y los conservadores están desesperados ante sondeos catastróficos a dos años de las elecciones legislativas.

Este jueves dijo estar «absolutamente decidida» a continuar su misión, tras decir que fue demasiado lejos y demasiado rápido. Apenas ocho minutos después, renunció.

‘Brexitera’ reconvertida

Nacida el 26 de julio de 1975, casada y con dos hijas, sus amigos de infancia y compañeros de universidad en Oxford, donde se licenció en política y economía, recuerdan a una estudiante provocadora pero discreta que no aparecía como una futura primera ministra.

Creció en un entorno muy izquierdista y en Oxford presidió un grupo juvenil del centrista Partido Liberal Demócrata, donde empezó a mostrar firmes opiniones políticas.

Antes de convertirse en primera ministra, había ocupado en el último año la cartera de Exteriores, desde donde desplegó una dura retórica contra Rusia y China, y dirigió un choque con la Unión Europea (UE) que todavía amenaza con derivar en una guerra comercial.

Ella fue la impulsora de la ley que permitirá a Londres incumplir el acuerdo del Brexit y se erigió en la primera defensora de las «oportunidades» que vislumbra el Reino Unido fuera de la UE, a pesar de que defendió con pasión la permanencia antes del referéndum de 2016 -abandonar el bloque sería una «tragedia», llegó a escribir-.

Pese a todo, como jefa del Ejecutivo pareció adoptar un enfoque más posibilista hacia la cuestión europea.

Con fama de ser una política hábil en las distancias cortas, durante la campaña de las primarias «tories» y su corto paso por Downing Street crecieron las dudas sobre su capacidad de movilizar a las masas, especialmente como sucesora de alguien tan carismático como Johnson.

Crecida en una familia de izquierdas. Republicana ella misma durante su juventud en un país monárquico. Liberal-demócrata antes que «tory».

LA CAIDA DE Liz Truss: El intento de superar a la Dama de Hierro del pasado, la convirtió en la más breve de la historia


Truss fue capaz de superar todas sus contradicciones para crecer dentro del Partido Conservador con una carrera firme en la que su primer cartera ministerial, Medio Ambiente, le llegó en 2014.

Sirvió en los gabinetes de David Cameron, Theresa May y Boris Johnson, quien le dio la gran oportunidad de su carrera al pasarla de Comercio Internacional (donde había fraguado los primeros acuerdos pos Brexit con terceros países) al Foreign Office.

En Exteriores obtuvo el trampolín desde el que aspirar al plato fuerte, la jefatura del Gobierno. Solo seis semanas después, la deja con la cabeza gacha y como un borrón, muy breve, en los libros de Historia.

Con información de Diario El Tiempo de Bogotá

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