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Semana: Venezuela, que dolor

Dos terremotos consecutivos de más de 7,1 en la escala de Richter sacudieron a Venezuela con menos de 40 segundos de diferencia. Parecía como si la tierra se hubiera ensañado con un pueblo que comenzaba a asomar la cabeza, tras varias décadas de haber estado sumido en el más infame de los regímenes.

Un “doblete sísmico”, en términos geológicos, algo en extremo inusual que sucede cuando dos movimientos telúricos de la misma dimensión coinciden en el tiempo y en el espacio.

Esa rareza geológica sucedió el pasado 24 de junio de 2026, a las seis de la tarde, y provocó una dolorosa tragedia. Desde allí, el mundo se lanzó a darle la mano al pueblo venezolano, hoy al mando Delcy Rodríguez.

La dirigente declaró el estado de emergencia y comenzó a coordinar las tareas de rescate y el recibimiento de las ayudas, que han venido de todas las orillas políticas y geográficas, desde Donald Trump, Nayib Bukele, Vladímir Putin hasta Gustavo Petro, Miguel Díaz-Canel, Claudia Sheinbaum, Daniel Noboa y Pedro Sánchez. Elon Musk también puso lo suyo y aportó la conexión a internet de los venezolanos.

Rodríguez le ha dado a esa avalancha de solidaridad toda la prioridad y ha agradecido una a una esas manifestaciones en medio de un desgarrador contrarreloj en las labores de rescate. En una alocución televisada, la presidenta interina detalló todas las acciones que se estaban implementando. Y luego dijo: “El primer mensaje a nuestro pueblo es mantener la unión para salvar vidas”. En una sociedad tan fracturada como la venezolana y en un mundo políticamente tan dividido, el mensaje entraña un enorme simbolismo. En medio del dolor, da un soplo de esperanza esa masiva ayuda al pueblo venezolano y al gobierno de transición que se instaló en Venezuela desde el pasado 3 de enero, cuando Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro.

El mundo se partió en dos

El jueves pasado, Venezuela vivía una escena cotidiana. Televisores encendidos, tráfico en movimiento y familias reunidas alrededor del inicio del partido entre Brasil y Escocia por la Copa Mundial de la Fifa. Seis minutos después del pitazo inicial del esperado juego, la horrible noche llegó. Primero fue un sismo de magnitud 7,1. Luego, casi sin pausa, 37 segundos después, un segundo movimiento de 7,5 terminó de fracturar la estabilidad de varias regiones. En menos de un minuto, todo se quebró.

El movimiento inicial fue suficiente para alterar la rutina de millones de personas. En Caracas, los edificios comenzaron a oscilar de forma violenta. Objetos cayendo, vidrios rompiéndose, alarmas de vehículos activándose al mismo tiempo. Pero el segundo golpe se sintió con más fuerza.

lapatilla

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