Oscar Castañeda, es aquel joven que, en la población de Turén, con un micrófono en mano, expreso de viva voz su apoyo a MCM, lo que fue suficiente para ser detenido y recluido en una de las tenebrosas cárceles venezolanas devenidas en centros de tortura y crueldad.
Ahora, ese hombre ha salido de la prisión, pero no es el mismo: Este que vemos en las cámaras de celulares se ve perdido sin encontrarse, mirando sin mirar, sin voluntad y casi sin poder caminar. Todos escuchamos a su hija las palabras que se confundían con su llanto diciéndole: “papi, soy yo, soy tu hija”, mientras él, seguía quizás en la celda de la que todavía no había salido.
Creo que a todos nos “desgarró el corazón” y me pregunté cómo fue que llegamos a hacer esto y como carajo podemos, otra vez, recomponer a este país emocionalmente roto.
El chavismo que es el gran productor de la ruindad del país y de todo lo que hemos vivido, desde hace 27 años, creó, adicionalmente, pero necesario para la construcción de “su orden”, algo tenebroso: la tensión entre la vida y la muerte y convirtió a la política en una actividad cuyo límite con la muerte, la tortura y el encierro es de una vecindad extrema.
He leído y escuchado los testimonios de muchos de los excarcelados, no de los que han ido saliendo ahora, porque con la excepción de Javier Tarazona, no han hablado y yo los justifico, pues reconozco que la perversidad del chavismo está en haber descubierto “el potencial político del miedo”, me refiero, a aquellos presos, secuestrados o desaparecidos en la ola de protestas masivas de 2014 y 2017 y que hoy viven, la mayoría en el exilio, que confiesan después de haber pasado por la “Tumba” o el “Helicoide”, que le pedían a dios la muerte. El defensor de Derechos Humanos, Javier Tarazona, que estuvo preso casi cinco años, dijo, una vez que salió de prisión, que: un solo día en el Helicoide era estar en el infierno.
Vuelvo a Oscar Castañeda, ese hombre perdido y anonadado producto de la tortura infringida en los calabozos del régimen y al llanto desgarrador de su hija clamando ser reconocida por él, para advertir que lo visto en este caso y en otros muchos no es otra cosa que “el canario en la mina”, esto es la señal que debe ser captada por todos: la dictadura sigue viva mientras la estructura represiva quede intacta y siga al frente del poder.
Cuando Trump y Rubio deja en manos de la transición la estructura represiva del régimen intacta con el argumento del “mal necesario” o del “mal menor” me deja la sensación, a pesar de que quisiera creer que estamos más cerca de la transición democrática de lo que estuvimos antes, que la administración Trump, que tutela y emana ordenes al régimen que este, sin duda, acata y obedece para administrar el orden post Maduro, por más que quiera dar pequeños gestos de independencia y soberanía, Trump (de todos es conocida su imprevisibilidad y su vocación empresarial, en la búsqueda permanente del máximo beneficio) pudiera optar más por la utilidad que le dan los hermanos Rodríguez que han renunciado a sus principios de identidad, símbolos e ideología que a una transición que reclama la recuperación de la soberanía para el pueblo que se pronunció el 28 de julio de 2024 y que cuenta con un apoyo popular de más del 80%.
Bueno, Trump, mejor que nadie sabe, que Delcy Rodríguez, más que una “presidenta encargada” es una “Presirvienta”, pues ella “no gobierna, obedece. No decide, ejecuta. No manda, sirve”)*
….
Hay reclamos que se me hacen (algunos me dicen que la tengo tomada con Trump), señalando que Trump, ha podido hacer lo que los venezolanos no pudimos. Fue necesario la acción de un poder mayor para producir un cambio fundamental o por lo menos dejar sin cabeza al régimen. Y eso, es verdad. Entonces, okey, hay que agradecerle a Trump haber tomado la decisión de sacar por el pelo a Maduro. Se lo agradecemos y hasta la medalla del premio Nobel de la Paz, que tanto anhelaba y anhela, se la han regalado como expresión de gratitud. Yo creo que, hasta allí, está bien, lo otro es esperar que Trump termine de hacer el trabajo. Ya eso sería una cuestión realmente vergonzosa, pues olvidaríamos, no tanto la canción que nos acunó desde que éramos niños: “Gloria al Bravo pueblo que el yugo lanzó la ley…” o la historia de la enorme gesta de los venezolanos que descalzos atravesaron los Andes y liberaron cinco naciones. No, sería olvidar algo más reciente: la lucha que toda una generación de venezolanos hizo en 2014, 2017, 2019 por revertir el orden autoritario y pagó con su vida.
…
En lo personal no sé a qué Venezuela voy a regresar, obviamente, no es la misma que dejé. Hoy cada uno de nosotros, tanto los que estamos afuera como los que están adentro, tenemos un particular mapa del país. El chavismo, refundó el país y también lo hizo con nuestro carácter con nuestros modos y hasta sentimientos.
Me sorprende, por ejemplo, los comentarios que apuntan a considerar a Trump como parte de nuestro “nosotros” (hay algunos comentarios que son una vergüenza como ese que señala que “Ojalá, Trump se decida a que Venezuela sea el Estado 51 de la Unión). Como carajo se puede considerar parte de “nosotros” un personaje que visualiza a los diferentes (piel morena, cabellos oscuros y de idioma diferente) como enemigos, cuyo objetivo es eliminarlos, excluirlos, expulsarlos de su orden y que en definitiva “esos diferentes” no tienen “derecho al Derecho” y son “expoliados de su Derecho Humano fundamental: Ser sujetos”.
Pero, bueno, no son una mayoría, pero son bastantes. Lo que, si es cierto, es que una vez desaparecido Maduro, la gente ha vuelto a expresarse, no es que no exista miedo, lo hay, pero, han salido a la calle. Es una presencia que trasciende a las organizaciones partidarias. Es “el coro” erigiéndose en sujeto político y empezado pronunciarse de nuevo: las madres, esposas, hijas, nietas (no es un capricho que mencione solo a mujeres) reclaman frente a las cárceles la libertad de sus parientes detenidos arbitrariamente, también hacen presencia en el escenario estudiantes desafiantes que plantan cara al “poder”, también los empleados públicos y trabajadores que demandan mejores salarios y mejor calidad de vida. Es de nuevo nuestro “nosotros” reclamando su destino.
….
En una nota de semanas pasadas, escribía que el modelo de “transición” manejado por la administración Trump-Rubio montado sobre un visón realista de la política, que supone que los actores pueden ser calculados y medidos de antemano para predecir con “exactitud” escenarios futuros. En esas notas, advertía que el régimen también jugaba, que tenía su propia estrategia y que, esta estaba articulada en torno a ganar tiempo y a reconducirse, como, muy bien, dice Ramón Hernández en su nota del jueves en El Nacional “Los sistemas autoritarios rara vez se evaporan; tienden a reacomodarse, negociar tiempo y conservar palancas”. Esa es su cálculo racional: que debe hacer para quedarse en el poder.
Pero ahora, ambas propuestas, tanto la de Trump-Rubio como la del régimen, se llenan de indeterminaciones, pues entre su planificación, su ejecución y sus resultados hay una distancia y en el medio se han producido indeterminaciones que se harán difícil de manejar con certezas por la presencia de un actor, que no entraba en el cálculo de ambas posiciones: la gente (mujeres, estudiantes, trabajadores del sector público, y la sociedad civil y sus organizaciones que han entendido que se puede hacer política desde allí también) su presencia en la escena política rompe los cálculos de los futuros predecibles de antemano.
Con la gente manifestando en las calles, plazas, urbanizaciones, campus universitarios y en las barriadas estamos en presencia de una manera de hacer política que reescribe sus propias normas, rutinas y tiempos y que rebasa el ámbito de validez de las normas y reglas construidas desde los centros del poder (léase administración Trump-Rubio y la dictadura, ahora en manos de Delcy Rodríguez) que pudiera alterar las fases de este proceso impuesto por Marco Rubio, superponiéndose las unas a las otras, achicando los plazos y obligando a restituir una nueva temporalidad para acercarnos a un escenario realmente de transición a la democracia. Bueno en eso confío. *El término “Presirvienta” lo tomo “prestado” de Dahlia De La Cerda quien lo esgrime como un término de violencia política de género utilizado por la oposición mexicana contra Claudia Sheinbaum (El País; o6/02/2026). En el caso venezolano, tal término no es un insulto machista a Delcy Rodríguez, pretende caracterizar realmente a la hoy sustituta del defenestrado Maduro. Quien mejor lo ejemplifica es la propia embajadora de los EE. UU, Laura Dogu, que se refirió, a la “encargada de la presidencia”, simplemente como Delcy Rodríguez.
Una transición auténtica no empieza con salida de unautócrata
sino con la reducción efectiva del sistema que lo sostuvo.
Sin ese rumbo, la interinidad corre el riesgo
de convertirse en restauración encubierta. Ramón Hernández
SIGUE NUESTRO CANAL CAIGA QUIEN CAIGA Aquí estarás informado de los últimos acontecimientos informativos de la región zuliana y el mundo.
👇🏼 👇🏼 👇🏼


Comment here