La presentación del Monitor Global de Emprendimiento (GEM) reveló una estructura empresarial frágil. La alta intención chocó contra un entorno institucional hostil, una presión fiscal desmedida y una desconexión casi total con el sistema financiero.
El ecosistema emprendedor venezolano registró un retroceso profundo.
Según los resultados del Global Entrepreneurship Monitor (GEM) Venezuela 2025, presentados en la sede del IESA, el país perdió alrededor de 1,3 millones de emprendedores en apenas doce meses.
La cifra de personas involucradas en alguna actividad productiva independiente descendió de 2,7 millones en 2024 a cerca de 1,4 millones en 2025.
Al sumar el comportamiento de 2023, el mercado expulsó a un total de 2 millones de emprendedores en el último bienio.
Luis Lauriño, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales (IIES) de la Universidad Católica Andrés Bello, destacó que el país ingresó en un periodo de contracción estructural tras una breve etapa de estabilización entre 2021 y 2024.
El experto atribuyó este retroceso a una «fatiga económica» donde convergieron las sanciones, la inflación, la asfixia tributaria y la erosión del poder adquisitivo.
Este escenario provocó que el auge de iniciativas registrado en 2023 chocara contra la realidad de un mercado interno cada vez más reducido y atomizado.

Fase naciente, la trampa
La investigación, basada en una encuesta a 1.888 adultos y el sondeo a 36 expertos, reveló que la Tasa de Actividad Emprendedora Temprana (TEA) —que midió los negocios con menos de 42 meses— cayó del 11,7% en 2024 al 7,7% en 2025.
Este número representó el valor histórico más bajo desde el inicio del estudio en 2003, cuando la TEA alcanzó 27,3% de la población adulta.
La caída sugirió un agotamiento definitivo de los ahorros familiares y del autofinanciamiento (bootstrapping). Como resultado, esto elevó el costo de entrada al ecosistema por encima de las capacidades de la mayoría de los ciudadanos.
El informe destacó un fenómeno de «infantilización» del sector: 77,8% del total de los emprendimientos tempranos fueron calificados como «nacientes», es decir, tuvieron menos de tres meses de existencia y sus dueños no pagaron salarios aún.
Esta cifra aumentó casi nueve puntos porcentuales respecto a 2024, cuando se ubicó en 69%.
Los datos confirmaron que la gran mayoría de las iniciativas quedaron atrapadas en la fase de gestación y murieron antes de lograr una operatividad real. Esto fue debido a la incapacidad de generar flujo de caja más allá del tercer mes.

Capital familiar insuficiente
La falta de financiamiento externo consolidó el estancamiento del sector.
Luis Lauriño precisó que el capital inicial para un emprendimiento en el contexto actual osciló entre los 5.000 y 20.000 dólares. Estos fondos eran casi exclusivamente de ahorros personales, capital familiar y remesas.
Esta dependencia del capital propio explicó por qué solo 22,2% de los negocios de reciente existencia calificó como «nuevo» (entre 3 meses y 3,5 años). Además, se trató de una proporción que disminuyó frente al 31% registrado el año anterior.
La posibilidad de que estas iniciativas generaran valor a gran escala permaneció en niveles mínimos. Solo 1,9% de los emprendimientos logró entrar en la categoría de «establecidos». Esto significó que apenas dos de cada cien negocios sobrevivieron más de tres años y medio activos en el mercado.
El estudio calificó este panorama como un «estancamiento crítico» que mantuvo a Venezuela con los niveles de sostenibilidad empresarial más bajos del mundo, fomentando un «enanismo empresarial» sin capacidad de generar empleo formal.

Perfil del emprendedor en 2025
Para 88% de los consultados, la necesidad de subsistir fue la razón para abrir un negocio propio.
El profesor Demetrio Marotta, investigador del IIES UCAB, comentó que el perfil motivacional confirmó que el emprendimiento funcionó. Sobre todo, sirvió como una estrategia de supervivencia individual frente a la escasez de empleo formal.
A pesar de este enfoque, el deseo de «marcar una diferencia en el mundo» creció del 40% en 2024 al 55% en 2025. Esto señaló un cambio cualitativo en la visión de los nuevos actores.
En términos demográficos, 74% de los emprendedores tuvo entre 18 y 44 años. El tramo de jóvenes de 18 a 24 años registró el mayor aumento porcentual, al pasar de 17,5% a 24,4% en un año.
En cuanto al género, la brecha se redujo sustancialmente en los negocios establecidos. Mientras que en 2024 74% de los dueños eran hombres, en 2025 la proporción se ajustó a un 52% masculino frente a un 48% femenino.
No obstante, el nivel educativo siguió siendo una debilidad, ya que solo dos de cada diez emprendedores tienen educación superior.

Venezuela, penúltima en el Índice Nacional de Contexto
El Índice Nacional de Contexto Emprendedor (NECI) situó a Venezuela en el penúltimo lugar mundial, solo por encima de Angola.
El estudio comparó al país con otras 53 economías y detectó «vulnerabilidades estructurales severas» frente a naciones como Emiratos Árabes Unidos o Taiwán.
El desplome regulatorio, la asfixia fiscal y el agotamiento de la infraestructura fueron identificados como los elementos que minaron la actividad productiva.
El Estado, a través de su burocracia y cargas fiscales, penalizó la formalización y la escalabilidad.
Aramis Rodríguez, investigador y profesor titular del IESA, enfatizó que la preocupación global no radicó en la cantidad de personas que emprendieron. Sin embargo, se centró en la calidad del ecosistema.
Mientras que en economías desarrolladas el impulso provino de la innovación tecnológica y las oportunidades de mercado, en Venezuela el perfil fue casi exclusivamente de supervivencia.
En la comparativa regional, Venezuela sufrió un estancamiento en la fase de microempresas informales. Todo esto, lejos de la consolidación de sectores como el e-commerce o las fintech que avanzaron en el resto de Latinoamérica.

Emprendimientos hacia una reforma del diseño institucional
El estudio concluyó que el modelo de autoempleo en Venezuela se agotó bajo su estructura actual.
Los investigadores de la UCAB y el IESA insistieron en que el conocimiento generado por el GEM debe servir para que los tomadores de decisiones diseñen políticas públicas efectivas.
Se identificó la exoneración fiscal, el restablecimiento del financiamiento y la capacitación superior como las claves indispensables para superar la crisis del sector.
Demetrio Marotta subrayó que, aunque la intención de emprender creció, la ejecución disminuyó drásticamente debido al cerco regulatorio punitivo.
La propuesta final de los expertos se centró en la necesidad de crear un ecosistema de calidad que permita convertir a los emprendedores en empresarios resilientes. El objetivo es que sean capaces de superar la barrera de los tres meses y contribuir de manera real al Producto Interno Bruto nacional.
Sin una infraestructura que soporte el proceso, el talento venezolano continuará atrapado en un ciclo de reinicio constante sin alcanzar nunca la madurez operativa.

elnacional
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