“No es ni muy temprano, ni muy tarde. Estás en el momento perfecto para vivir la vida que mereces”
En el contraste de la vida se encuentra la belleza de llegar temprano y la belleza de llegar tarde. Todo depende de la mirada que le des.
Ambas nos recuerdan que vivimos en un mundo obsesionado con el éxito temprano, cuando también se puede ser exitoso más tarde.
Hay quienes florecen más tarde en la vida: en el amor, en sus pasiones, en sus sueños o en sus carreras.
Es una diferencia hermosa entre el que llega antes como el que llega después.
Siempre hay alguien que espera, mientras otro llega tarde o se retrasa. El que espera al igual mira el reloj y también se da cuenta que la vida no es una carrera de velocidad sino de resistencia.
Isabela que siempre ha llegado temprano, a veces la vida, le ha hecho algunas jugadas en las que inevitablemente ha llegado tarde. Precisamente, esto le ha hecho ver la belleza de florecer a su propio ritmo.
Porque no se trata de llegar temprano o tarde a un trabajo o a una reunión, se trata de que tu vida la lleves al ritmo que a ti te haga feliz. Que puedas vivir tus experiencias a tiempo y destiempo, a veces, sin mirar las agujas del reloj.
La puntualidad física se conecta con la puntualidad social, esa presión que todos sentimos en cumplir las metas a ciertas edades porque es lo que impone la sociedad para tener éxito, cuando no es así. Además, nos hace sentir que, si no logramos algo a tiempo, ya llegamos tarde o fracasamos.
La vida no sigue el horario de un tren ni del metro. La idea de los procesos internos, como sanar un dolor, descubrir tu verdadera pasión, cambiar de rumbo, encontrar el amor verdadero, no siguen un horario o un tiempo específico, a todos les pasa en momentos y edades distintas y eso, no quiere decir que unos estén más avanzados o que hayan conseguido más pronto realizar sus metas que otros.
Cada quien tiene su propio otoño – invierno y su propia primavera – verano.
La sabiduría de los que llegan tarde en la vida, tiene una belleza propia, porque llegan con más madurez, con más heridas sanadas y con una certeza absoluta de quienes son y qué quieren.
Vamos a darle una tregua al tiempo: aprendamos a respetar el tiempo de los demás y como ser humano, aprendamos a respetar nuestro propio tiempo.
Recuerda que nadie llega tarde a su propia vida. Llega en el momento justo y preciso. Llega cuando tiene que llegar.
Además, la vida no se compone solo de grandes hitos o acontecimientos, sino de la luz que entra por la ventana en la mañana o un café bien hecho.
Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo
Recuerda seguirnos en nuestra CUENTA DE INSTAGRAM Y LA CUENTA DE WHATSAPP


Comment here