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Tres momentos históricos que poncharon a Venezuela como nación

Carlos Caballero

Carlos Caballero

Tres momentos históricos para los que Venezuela no estuvo preparada. El ponche que nos ha descolocado como nación


Tiempo estimado de lectura: 6 minutos

A lo largo de nuestra historia han habido tres grandes acontecimientos que lamentablemente Venezuela no supo asimilar, razón por la cual, al menos en mi concepto, han devenido en la sociedad que tenemos hoy.

El primero de ellos tiene que ver con la transformación en República de lo que en otrora fuera la Capitanía General de Venezuela, si, hablo de la Independencia. Y esto quizás pueda sonar incongruente para un patriota como yo, pero hay que ser honestos y a los hechos me remito.


El primer strike

A diferencia de la de Estados Unidos, el país pionero, en Venezuela y en toda la América hispana, en líneas generales se estaba bastante a gusto con formar parte del Imperio (al menos las clases gobernantes) pues a diferencia de la sociedad norteamericana que desde que llegaron en el May Flower SIEMPRE han tenido plena conciencia del valor del TRABAJO, por lo que al endurecerse las políticas fiscales de Londres sobre las colonias americanas para compensar el inmenso déficit de la corona inglesa, estalló la guerra; aquí la chispa que encendió la mecha fue producto de un vacío de poder, una usurpación (vaya que se ha hecho popular este término últimamente no…) del trono español por parte de los Bonaparte, de hecho de eso habla la estrofa eliminada del Himno Nacional.

No es casualidad que luego de la costosa independencia de Venezuela, inmediatamente se cayó en una guerra civil por el control del territorio que no terminó sino hasta la llegada de Juan Vicente Gómez, quien acabó con los caudillos y reunificó el país. Un siglo entero perdido en peleas intestinas con algunos períodos de paz (1810 – 1908). ¡Primer Strike!


El segundo strike

Luego, a finales del siglo XIX y comienzo del XX comienza la explotación del petróleo en Venezuela. Y con eso, la segunda bola a la que no pudimos hacerle swing, el descubrimiento del petróleo.

Y aunque ya desde la época precolombina se sabía de la existencia de petróleo en estas tierras, de hecho el primer envío de crudo se realizó en 1539 durante el reinado de Carlos V, no fue sino hasta 1875 cuando se explota el primer pozo petrolero en Venezuela, lo que marcaría el inicio de una incipiente industria nacional que llegó a ser de las más productivas del mundo y que sin embargo, hoy está en la ruina.

Salvo por los casos de las dictaduras militares de principios del XX y sobre todo en el gobierno de El General Marcos Pérez Jiménez, donde sí se edificó un plan metódico de desarrollo a partir del apalancamiento sobre los enormes dividendos que le dejaban a la nación la renta petrolera, TODOS los demás lo que han hecho es dilapidar esos ingresos, especialmente desde el 75 cuando el tarado de Carlos Andrés Pérez, nacionalizó el petróleo, de ahí en más, el oro negro no ha servido sino para engordar el Estado, crear el espejismo de que éramos un país rico, financiar campañas políticas y más populismo; ¡sin mencionar la atroz corrupción! Un claro ejemplo de cómo algo bueno puede resultar una maldición en manos equivocadas. ¡Segundo Strike!


Tercer Strike

Y ya que nos acercamos al contexto contemporáneo, hay que hablar del tercer acontecimiento para el que no estuvimos preparados, el advenimiento de la democracia.

Y no con este artículo quiero enaltecer la figura de dictadores, sino más bien hacerle honor a la historia REAL, no la que nos han contado los socialistoides que tomaron el poder a partir del 58 y que nos han dejado toda esta desgracia.

Para empezar a desglosar aquella calamitosa situación, tenemos que hablar de la generación del 28, donde distintos personajes de la juventud ilustrada (en ideas marxistas) caraqueña que exigían libertad, sin haberse leído jamás un libro de Adam Smith o de Mises. La mayoría eran estudiantes de la UCV, la pista de aterrizaje de las ideas comunistas en Venezuela, lo que les dió ese aire de frescura y simpatía por parte de la población, absolutamente ignorante de la penetración comunista que se estaba llevando a cabo en el país y que estaba usando a esa Generación del 28 como punta de lanza para la conquista ideológica de esta parte del continente americano.

El propio Rómulo Betancourt “el padre de la democracia” fue fundador del Partido Comunista de Costa Rica, que después se hizo moderado en su postura izquierdista e incluso adversó a Fidel Castro es otro cuento, pero en aquellos años el tipo era todo un revolucionario, que en algún momento tuvo tanto prestigio que una vez derrocado Medina Angarita, los militares golpistas fueron a buscarlo para que fuese él quien dirigiera los destinos de la nación, por ser considerado un político a la altura de las circunstancias. ¡Vaya que se equivocaron! pues una vez en el poder como Presidente de la Junta Revolucionaria de Gobierno, no tardó en notarse el carácter profundamente partidista y antipatriótico del personaje en cuestión, hecho que de inmediato lo colocó en contraposición de los militares de la época que si preservaban la integridad nacional, muy distinto a los impresentables de hoy.

El asunto es que Betancourt fue muy hábil para atraer adeptos y seducir a una población todavía muy ignorante en cuanto a asuntos políticos, ya que nunca había tenido lugar una democracia, y fue esa la palabra que acogió este vil personaje como bandera de su lucha política, Acción Democrática, partido que desde su concepción comenzó a seducir mentes, gremios, instituciones e incluso aquel bastión que creyó MPJ que sería garante del desarrollo nacional, las Fuerzas Armadas.

Eran demasiado provocativas las ideas de la justicia social, la repartición de la renta y la elección universal secreta y directa, hecho que daría pie a la conformación de una monstruosa maquinaria populista que ha sobrevivido hasta entonces, a expensas del país. Distinto a la elección en tercer grado que existía anteriormente con López Contreras o incluso a la que tienen los EE.UU. a través de sus colegios electorales y donde no existe ese adefesio de democracia participativa que agobia a Venezuela.

¿Quiero decir con esto que estoy en contra de la democracia? SI, pues como bien lo señala el profesor Jesús Huerta de Soto, la democracia lo que hace sistemáticamente es destruir el ideario liberal, corromper a la ciudadanía, convertir al pueblo en masas dependientes del Estado, el sistema se basa en una gran mentira de compra de votos con cargo al gasto público, sujeto a la tiranía de la mayoría, mayorías que mientras más ignorantes e incultas mejor, pues así cuesta menos convencerlos, por lo que la democracia termina siendo un instrumento de embrutecimiento colectivo, que en últimas instancias termina dándole el poder a un Chávez para que corrija los vicios del sistema político y este no hace más que acabar con la propia democracia, instaurándose así la tiranía. ¡Tercer Strike!


¿Y tú qué propones? dirían los guaidolover…

Pues yo propongo una ISONOMÍA que no es otra cosa que la igualdad de todos ante la LEY, que sería lo más parecido a las enseñanzas de nuestro señor Jesucristo, víctima del mandato popular por cierto, “Todos los hombres son iguales ante los ojos de Dios” y sobre ese concepto construir una República, donde NADIE esté por encima del INDIVIDUO, donde el ciudadano solo tenga prohibido aquello expresamente en la ley, y que se garanticen los derechos inalienables cada persona, contra los que no puedan atentar ni siquiera las mayorías, y en donde se instaure un régimen de libertades que les permita a los ciudadanos dedicarse a producir.

¿Y entonces ya no habrían elecciones? Si, desde luego que sí, pero no de la forma liberticida en la que se ha usado el sufragio popular hasta entonces y en donde la existencia de un senado y la bicameralidad serían obligatorias.

Con esto termino mi exposición de porque Venezuela se ha ponchado en este turno al bat, en el que la historia nos ha dejado fríos por la vía del 1,2,3 y que de haberlas bateado, seríamos una potencia que se perdería de vista.

  • Escrito por: Carlos Caballero

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