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Opinión

Presidente Trump, esperanza de Venezuela: gracias por enfrentar al narcoestado

Honorable Presidente Donald J. Trump: el 3 de enero se rompió un silencio que los caraqueños pudimos escuchar en el cielo. El estruendo de los aviones de libertad anunciaba para Venezuela un horizonte de democracia que muchos creyeron perdido. Para quienes sobrevivimos a la sombra de El Helicoide, donde la esperanza era arrancada de raíz, ese sonido fue la respuesta a décadas de resistencia. Fue la victoria de las voces que nunca se apagaron: periodistas, comunicadores y ciudadanos que nos negamos a ser cómplices del silencio. Hoy, esa resistencia informativa se transforma en gratitud, porque usted escuchó el clamor de un pueblo que jamás se rindió.   

He visto, con el corazón destrozado, cómo las historias de quienes sufrieron se convirtieron en memoria colectiva. Óscar Pérez, asesinado brutalmente en El Junquito; Fernando Albán, a quien lanzaron de un piso 10 mientras estaba bajo custodia; Franklin Brito, quien tras una huelga de hambre murió en extrañas circunstancias en el hospital militar mientras el entonces ministro de Comunicación, Andrés Izarra, decía con soberbia que Brito “olía a formol”. Los nombres de estos venezolanos son heridas abiertas que nos recuerdan la atrocidad que se ejerció contra ciudadanos que solo pedían democracia y justicia. Las víctimas del monstruo Maduro no son solo cifras o titulares fríos: fueron padres y madres, hijos, vecinos, amigos que, torturados, desaparecidos o asesinados en cámaras de terror, hoy no pueden ver cómo Venezuela renace herida, pero firme hacia un destino merecido.  

Usted, Señor Presidente Trump, actuó en un momento en que la desesperanza se había vuelto costumbre. Su intervención no fue un gesto aislado ni un capricho; fue la respuesta a una realidad que trascendía fronteras. Venezuela dejó de ser solo una tragedia interna para convertirse en un peligro regional: un entramado donde la corrupción, el tráfico de drogas y la connivencia con redes criminales ponían en riesgo la seguridad de nuestro hemisferio. Al extraer al tirano sangriento en una operación quirúrgica e impecable, empieza el desmantelamiento de estructuras que han operado como santuario para el crimen organizado, y su acción conlleva un efecto doble: devolver el futuro y la dignidad a los venezolanos y proteger a millones en el continente de la plaga de la droga.   

La devastación que dejó el régimen es visible en cada pueblo de mi país y en cada familia rota por la pobreza y el éxodo. Nuestra industria petrolera, otrora columna vertebral de la nación, fue saqueada; miles de empresas cerraron, hospitales colapsaron y millones se vieron obligados a buscar refugio fuera de su tierra. Pero más allá de la economía, lo que más dolió fue la pérdida de la confianza: la certeza de que el Estado debía proteger y no perseguir.

Su intervención, Presidente Trump, abre una puerta para que esa confianza pueda, poco a poco, reconstruirse sobre bases de transparencia, justicia y reconstrucción real.   Aceptar apoyo internacional y una tutela temporal no es renunciar a la soberanía; es reconocer que la reconstrucción exige recursos, experiencia y garantías que solo una coalición comprometida puede ofrecer en un momento de emergencia.

Venezuela necesita reactivar su industria, recuperar su sistema eléctrico, restablecer servicios básicos y, sobre todo, garantizar que los responsables de crímenes y saqueos respondan ante la ley. Esa tarea exige seguridad y un marco que impida la reconstitución de las mafias que durante años se alimentaron de la miseria y la impunidad.   

Hoy, mientras caminamos por calles que empiezan a respirar distinto, sentimos una mezcla de emociones difícil de expresar.   Sentimos un gran alivio y felicidad porque muchos presos políticos han visto la luz; también sentimos responsabilidad porque la libertad exige memoria, verdad y reparación. No podemos permitir que el olvido vuelva a abrir las puertas al abuso. Por eso la gratitud que le expresamos no es solo por una operación militar o por una decisión estratégica: es por devolvernos la posibilidad de soñar con un país donde la justicia no sea un privilegio y donde los medios, la sociedad civil y las instituciones puedan ejercer su rol sin miedo.  

Que la historia recuerde que, cuando Venezuela agonizaba bajo el peso de la tortura y el saqueo, usted eligió actuar con la decisión que define a los grandes líderes. Su intervención no fue solo un acto de liberación para un pueblo secuestrado; fue una operación estratégica ‘ganar-ganar’ que protegió a su propia nación. Al golpear el corazón del narcoestado y encarcelar al tirano Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores, usted no solo nos devuelve la patria, sino que cierra la ruta más oscura de la droga hacia las calles de Estados Unidos.

Al liberar a Venezuela de la narcotiranía, usted defiende también a sus ciudadanos de la plaga del fentanilo, la heroína y el crack que los carteles elaboraban y comercializaban desde nuestro territorio.

Hoy, millones de voces rotas nos unimos en un solo clamor que atraviesa fronteras: gracias, Presidente Trump, por devolvernos el derecho a tener un futuro.   

Dayana Cristina Duzoglou Ledo para Caiga Quien Caiga

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