Perfectamente pudiéramos parafrasear la letra de la canción de un influencers conocido como “Kilometro”: “Los comunistas dónde están?… y dónde están? “que se hizo viral, porque la verdad es que es demasiado “pegajosa” por: “Y las razones democráticas donde están … ¿Y dónde están?”. Esas razones que el binomio Trump- Rubio esgrimió para sacar por el pelo a la pareja que justamente a la una de la madrugada dormía en Fuerte Tiuna no han sido ni siquiera mencionadas, ni una sola vez, por Trump, las olvidó por completo o, más bien, nunca estuvo como un verdadero objetivo en su plan de extraer al binomio dictatorial.
Me dirán que, algunas veces, tanto Marco Rubio como la encargada de negocios Laura Dogu, sí han mencionado el cambio de régimen y la recuperación de la democracia mediante elecciones justas y supervisadas internacionalmente.
Y sí, es verdad, pero no da para morirnos de contento, pues quien decide en última instancia, en primera instancia también y en segunda, etc. es Donald Trump para quien la democracia no tiene el brillo enceguecedor del dinero y los negocios ni el encanto del petróleo, que, a estas alturas después de todo lo que ha acontecido en el país desde el 3 de enero parece ser lo único que le interesa a Trump (para Venezuela, por supuesto, no así la situación cubana que parece no interesarle mucho y es obvio, pues Cuba no tiene petróleo, ni oro, ni tierras raras)
Este interés por hacerse con la riqueza de los intervenidos, invadidos o descabezados se confirma en cada una de sus intervenciones con expresiones de un descaro brutal, como, por ejemplo, cuando anuncia que destruirá por completo la civilización iraní (eso iba a ocurrir el martes de esta semana, afortunadamente se logró un acuerdo de “alto al fuego”, por dos semanas que es, entre otras cosas, muy frágil) si, este no obedece a sus designios y entonces proclama “su deseo de hacerse con el control del petróleo iraní, citando el “dicho romano: “Al ganador, los despojos” … por el que el vencedor de una batalla tenía derecho a arramblar con el botín”.
Mi amigo Ronald Rodríguez a propósito de mi nota de la semana pasada me comenta sobre mi insistencia “ad nauseam” de que el cambio de régimen está en manos de los ciudadanos venezolanos que deben organizarse y movilizarse en una sublevación masiva, consistente y unitaria de todos los factores de la sociedad política y de la sociedad civil y me pregunta: “¿quién organiza a la sociedad en pos de ello? Quién fija la estrategia los objetivos, las metas…” a reglón seguido me afirma: “No veo a Mari Cori en eso. A los otros tampoco y algunos de las factores y actores sociales como lo que queda de los sindicatos. Los estudiantes actuando como pollos sin cabeza”
Sin lugar dudas son preguntas legítimas, especialmente en situaciones de incertidumbre. Pero, hay respuestas para lo que mi amigo señala como “él no ve a nadie, que puede fijar estrategias, objetivos y metas”, en fin, como si no hubiese nadie para organizar a los ciudadanos en estructurar combativamente sus demandas por un cambio democrático.
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En Venezuela un rasgo de la oposición organizada en los partidos políticos tradicionales es pensar que la política se hace solo desde los espacios institucionales (llámese gobierno, parlamento, etc.). Aquí la coincidencia con el chavismo es ostensible: ambos sectores son fundamentalmente estadólatras.
El escenario abierto desde el 3 de enero nos instaló, aún más, en la incertidumbre. Es una situación en la que los esfuerzos tanto del régimen como del jefe que lo tutela no han podido reducirla ni tampoco incrementar el margen de ella que puede ser manejado. Pero, es en la incertidumbre el reino donde hoy se constituye los sujetos políticos, pero, estos, no lo hacen desde la estructura partidaria tradicional, Pues, esta sigue extrañada de los afectos de la gente. Esta constitución de los sujetos políticos (porque la lucha por el orden, en este caso, el orden democrático, tiene que ver con la constitución de sujetos políticos que la dictadura se dedicó a desarticular su organización autónoma por dos décadas) se hace desde la sociedad civil, materializándose en las ONG, gremios, sindicatos, organizaciones estudiantiles, organizaciones religiosas, etc.
Esto encara una nueva forma de asumir la política y hacerla, desde una dimensión en la que teóricamente no es el espacio de la política y de los actores políticos. Desde allí, ahora, se demanda la superación de las prácticas políticas tradicionales y en ella se ha materializado un nuevo “Nosotros” que se resiste a ser colonizado por los partidos políticos tradicionales, que, esos si, amigo, Ronald, tienen dificultad de hacerse cargo de las demandas de los ciudadanos por su déficit de representatividad. Orfandad de representación de la que ellos son responsables, pues fueron incapaces de leer adecuadamente los cambios experimentados en el país a finales de la década de los 80, en donde sus representados cambiaron y quienes decía ser sus representantes no lo hicieron.
Ahora, creo, creo no, estoy seguro de que esos factores que son señalados como “pollos sin cabezas” serán factores fundamentales en la recuperación de la democracia. Después de tod la democracia es también una cuestión de número (el número expresa una relación política) y ellos (“los pollos sin cabeza”) conforman la mayoría.
Ahora bien ¿Cómo se organiza esa mayoría? Admito que no es fácil, pues ella, la mayoría, que se ha conformado trasciende y rebasa a los partidos políticos tradicionales y el primer aspecto que debe superarse es la aceptación de estos de esa realidad y que esa nueva mayoría los contengan y no al revés. Una vez dado ese primer paso, la unidad debe producirse bajo el interés que le es común a todos los factores opositores: desplazar a la dictadura del poder y recuperar la democracia.
Esa mayoría expresada en una unidad para gobernar la transición democrática y fundamentalmente su consolidación (dos procesos diferenciados), debe reconocer el liderazgo, dominante hoy, de MCM. Este es un liderazgo sometido a un fuego cruzado desde tres frentes: el régimen, ahora encabezado por los hermanos Rodríguez, sectores de la oposición organizada en una parte de los partidos políticos tradicionales y por supuesto el mayor adversario que es Trump.
No es un “liderazgo carismático situacional” como lo fue Caldera en el proceso crítico que se abrió con la defenestración de Carlos Andrés Pérez en 1993. Ahora, Si sectores importantes de la política venezolana lo quieren ver y asumir como un “liderazgo situacional”, tienen el derecho de verlo y tratarlo de esa manera. Eso, no sería malo del todo, pues, si en el ejercicio de un eventual gobierno presidido por ella no lo hace bien, la democracia tiene la solución para ello: se cambia mediante lo que es consustancial con la democracia: las elecciones.
Pero veamos, porqué su liderazgo debe ser reconocido sin el odio y sin las operaciones de cancelación que se han convertido en algo común por parte de algunos factores que se declaran oposición (y algunos ciertamente lo son).
Debo señalar que soy de los que creen que en este momento ella encarna el único liderazgo que pueda encabezar una fuerza política que pueda organizar un orden democrático.
Durante un tiempo que va desde el año 2023, se ha dicho que MCM adolece de una estructura organizativa que le permita convocar, organizar y movilizar a la gente. Dos procesos desmienten esta aseveración: las primarias de 2023 y el proceso electoral del 28 de julio de 2024.
En las primarias ese “movimiento que no organiza, ni tiene estrategia, no fija tácticas y no establece metas” se hizo con más del 90 % del electorado opositor superando a toda la organización partidaria tradicional y desplazando su liderazgo y en el proceso electoral presidencial del año 2024 logró ganar unas elecciones en la que superó los cientos de obstáculos de todo tipo impuesto por la dictadura y su aparato electoral y logró organizar un equipo, conocido como los Comanditos, que se hizo con el 84% las actas que demostraron el fraude gigantesco cometido por el régimen y que sin lugar a dudas fue un factor de significativa importancia en la eventos que se produjeron el 3 de enero de 2025.
Y es que lejos de lo que ciertos sectores de la oposición sostienen con relación a MCM, ella, ha mostrado una enorme capacidad organizativa y ha evaluado con éxito los objetivos y recursos propios en relación con los objetivos y recursos con los que ha contado el régimen, por un lado y el de sus adversarios dentro del propio sector de oposición, anticipándose, tal como se evidenció en los procesos electorales antes mencionados. En ambos procesos previó “las acciones y reacciones recíprocas de sus adversarios y convertirlos en favorable a sus propios intereses”.
Quiero agregar que más ella de estas consideraciones de política instrumental, MCM reconstruyó lo que el chavismo destruyó muy tempranamente con la propia Constitución Bolivariana de 1999: la idea del “Nosotros”.
Ha sido ella la que ha rescatado esa idea como comunidad. La enorme fuerza que ha sostenido su liderazgo se explica en gran parte por que la acción política por ella desplegada se basa en gran parte en sentimientos, emociones y percepciones que acompañan a sus principios y argumentos políticos.
Claro, hago la advertencia que “no es fácil conmover corazones y mente durante un largo tiempo” y por eso su regreso al país tiene una importancia vital.
Estimo que electoralmente el gran adversario de la oposición no es Delcy Rodríguez que, hoy es percibida como quien administra un gobierno cuya dirección y ejecutorias se gesta desde afuera. De hecho, el gran enemigo de la transición democrática es precisamente Trump, a quien se le puede preguntar cantando: “Los principios democráticos dónde están?… y dónde están?”
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