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#ANALISIS La fórmula para “estabilizar” a Cuba pasa por un cambio radical del régimen de gobernanza en la isla

Tomado de OGAL (Observatorio Geopolítico de América Latina) más información aquí.

Es conocido que varias empresas, actores y gobiernos extranjeros tienen interés en “negociar” con La Habana este año una lista variopinta de asuntos que van, del posible control de los flujos migratorios (EEUU) hasta el pago de las deudas contraídas hace décadas (Club de Londres), pasando por los que aspiran a que mejore de alguna manera la situación de los derechos humanos en la isla (Unión Europea).

Pese a la diversidad de intereses y actores que los promueven, todos ellos bien podrían recurrir a un autoexamen para estimar sus posibilidades de éxito. Para ello pudieran hacer un ejercicio imaginado del método FODA (Fortalezas, Oportunidades, Debilidades y Amenazas) que emplean a menudo muchas empresas y organizaciones:

FORTALEZAS

Los aspirantes a interlocutores exitosos con La Habana deben preguntarse qué recursos poseen que las autoridades cubanas necesiten y les sea urgente obtener (dinero, créditos, credibilidad, prestigio, productos, servicios, seguridad, armas, tecnologías, etc.) Solo si la parte extranjera o externa (gobiernos europeos y de EEUU o la diáspora cubana) está en posesión de algún bien que La Habana valore y necesite con urgencia será que sus funcionarios mostrarán interés en entablar un intercambio y avanzar en él. 

Debe tenerse claro que se trata de lo que necesite con urgencia la élite de poder, no el pueblo ni el desarrollo nacional. Esas cosas deberían coincidir, pero por lo general son diferentes.

OPORTUNIDADES


Un área con wifi en una plaza en las afueras de La Habana, en 2016 Foto cortesía Mauricio Lima para The New York Times

Nunca en los últimos 64 años la situación general –y por ende la posición negociadora– de la elite de poder cubana ha sido más débil que hoy. El régimen de gobernanza de la sociedad cubana padece de una crisis estructural multisistémica que lo llevó al colapso a fines del pasado año.

El malestar social y político que se ha incrementado en la última década, comenzó a ser visible con protestas de gran y menor intensidad en toda la isla.

Es fácil de entender. La población carece de seguridad energética y alimentaria, servicios de internet, transporte, salud y agua potable que sean estables y de calidad. Padece una inflación galopante que genera miseria creciente.

Por su parte, la élite de poder ha transformado a la dictadura totalitaria comunista en un régimen cleptocrático mafioso de espaldas a las necesidades de la población, concentrado en multiplicar las ganancias de invisibles accionistas de empresas otrora estatales y ahora registradas como privadas en Panamá con cuentas off shore en paraísos fiscales.

GAESA, el holding de la nueva oligarquía, controla el 75% de las riquezas nacionales y el 95% de las transacciones financieras.

La oligarquía cifra sus esperanzas de recuperar la estabilidad con el ejercicio masivo y brutal de la represión y el estímulo a un éxodo masivo (más de 300,000 ciudadanos de una población de once millones abandonaron la isla el pasado año) que los libere de inmediato de las presiones políticas y sociales más urgentes.

Pero comienzan a tomar conciencia de que su sistema de gobernanza ha colapsado y deben “actualizarlo” para asegurar la estabilidad interna y alejar el temor a una rebelión que derroque su poder elitista.

Para ello han llegado a un acuerdo con ideólogos conservadores en Rusia, a fin de transformar el  Estado mafioso totalitario cubano en un Estado mafioso de mercado como el que dirige Putin en el Kremlin.

No es que les inquiete el deterioro del estándar de vida del país, sino el quebrantamiento de la estabilidad política que lograban antes, cuando en situaciones similares (como la crisis de los 90) tenían bajo total control el monopolio de la información y la ideología.

Entonces les era posible controlar las percepciones y conductas ciudadanas, pero eso ya no es así. Hoy enfrentan niveles de inestabilidad socio-políticos desconocidos hasta ahora en Cuba. Se sienten inseguros en ese nuevo contexto.

La hasta ahora insólita debilidad en la gobernabilidad de la elite de poder cubana es lo que la hace más propensa a considerar alternativas que nunca antes hubieran tomado en cuenta.

Esta situación representa hoy una Fortaleza para aquellos actores externos que la élite de poder cubana perciba como susceptibles de brindarles algo de sumo interés.


Un hombre es detenido durante una manifestación contra el gobierno cubano el domingo en La Habana.Credit…Adalberto Roque/Agence France-Presse — Getty Images

DEBILIDADES

Pese a la extrema debilidad de La Habana, sus interlocutores pueden eventualmente presentar a su vez un conjunto de falencias de las que a menudo ni siquiera son conscientes. Nos limitaremos a comentar cuatro.

DESCONOCER LAS CAUSAS Y RAÍCES DE LA INESTABILIDAD EN LA SOCIEDAD CUBANA ACTUAL

Diaz Canel y Raúl Castro

Si su país se ve literalmente invadido en poco tiempo por cientos de miles de cubanos entienda primero lo básico.

Primero: no son emigrados que planificaron tranquilamente esa decisión; son personas que huyen desesperadas de su infernal cotidianidad.

Segundo: Esa desesperada y desesperanzadora realidad no es resultado de un súbito desastre natural, sino de las políticas deliberadas de quienes gobiernan en la isla.

Tercero: Quienes causan ese desastre con sus políticas son las mismas personas que han organizado ese caos que ahora le cae a usted arriba de forma masiva por su proximidad geográfica.

Son los mismos que han hecho mucho dinero junto a sus compinches sandinistas (que otorgaban las visas) y los carteles mexicanos (que proporcionaban coyotes).

El costo del itinerario desde Cuba hasta Managua y desde allí hasta la frontera sur de EEUU oscilaba por persona entre $10,000- $15,000 USD y en 2022 lo recorrieron unos 300,000 desesperados cubanos de todas las edades. Saque usted la cuenta.

Tiene sentido cuando un país como EEUU afirma que solo erradicando las causas de los éxodos migratorios podrá ponérseles coto. Cabría preguntarse cuál es la causa de las intermitentes y cada vez mayores olas del éxodo cubano.

Los oligarcas cubanos se benefician de esos éxodos de diversos modos: por el dinero que le exprimen a cada emigrante; por la presión social que se quitan de encima y echan en los hombros de la seguridad social estadounidense; por sacar de la isla bajo presión a elementos disidentes que pudieren ser futuros agitadores políticos.

Por la posibilidad de sembrar en EEUU algún que otro agente encubierto; y –lo más importante- por generar nuevas fuentes de remesas y pago de servicios a los familiares residentes en Cuba, que van directo a las arcas de los oligarcas de GAESA.

Si algún éxito tuvo la política de acercamiento incondicional de la Administración Obama a Cuba fue demostrar –pagando los cubanos el precio de ese experimento- que la raíz de la “inestabilidad” en Cuba no está dada por causas externas sino endógenas: es el régimen de gobernanza impuesto por la oligarquía el que “bloquea” la prosperidad de los cubanos en aras de salvaguardar los privilegios del ejercicio del poder absoluto sobre la ciudadanía.

DESCONOCER LA ACTUAL NATURALEZA E INTERESES DE LA CONTRAPARTE CUBANA EN LAS NEGOCIACIONES

Los funcionarios que representan los intereses de la oligarquía de La Habana en las negociaciones internacionales van apertrechados de argumentos sentimentales de que la causa de todos los males que aquejan su país provienen de malvados actores externos:

Gobiernos imperialistas, fondos buitres, conspiraciones de apátridas con servicios de inteligencia extranjeros y así hasta el infinito. Nunca reconocerán su responsabilidad total o parcial por ningún problema o perjuicio.

No mueve a sorpresa. Es su naturaleza. De nuevo: 

Esos funcionarios no responden a los intereses y bienestar de los ciudadanos cubanos, ni a las aspiraciones de paz y desarrollo nacional del país. Responden a quienes les dieron sus puestos de trabajo y pagan sus salarios, los que a su vez solo se interesan por preservar su poder y privilegios dentro de Cuba.

Cuando Henry Kissinger tomó la iniciativa de iniciar conversaciones con La Habana para explorar la posibilidad de incluir a Cuba en su arquitectura global de distensión, orientó a sus subordinados que trataran a los funcionarios cubanos como “caballeros”.

Con esa ilusión hizo algunas concesiones puntuales a sus interlocutores, como la de levantar las prohibiciones para que las filiales en terceros países de empresas estadounidenses comerciaran con Cuba.

Un día despertó a la noticia de que una fuerza de decenas de miles de soldados regulares y tropas especiales de las FAR había arribado a Angola con lanzacohetes múltiples rusos (Katiushkas) y aviones MIGs. Las conversaciones terminaron.

No se pudiera haber negociado con Al Capone como si estuviese en presencia de un respetable estadista u hombre de negocios.

Como dijera en una ocasión un experto en temas del Estado mafioso ruso: para negociar con Putin es preferible enviar a un agente del FBI o del SWAT que a un afamado experto de Harvard o del Departamento de Estado. Lo que es racional para ese tipo de contrapartes no es lo que sus interlocutores democráticos asumen como tal.

DESCONOCER LA DIFERENCIA ENTRE CONVERSAR, DIALOGAR Y NEGOCIAR

Conversar, dialogar y negociar son ejercicios diferentes que pueden, eventualmente, constituir etapas sucesivas si el proceso resulta exitoso.

Los negociadores de SWAT “conversan” asuntos puntuales con los asaltantes de bancos que tienen rehenes mientras, a menudo, los rayos láser de los fusiles de asalto se proyectan sobre los criminales a través de las ventanas del edificio.

Las tropas estadounidenses y vietnamitas “conversaban” para acordar altos al fuego temporales por diversos motivos.

Los representantes de la Administración Reagan “conversaron” varias veces con los sandinistas en la ciudad mexicana de Manzanillo. Cuando los nicaragüenses pretendían estar “negociando”, los estadounidenses les recordaban que solo estaban conversando y que una “negociación” para alcanzar la paz solo podría realizarse y lograrse entre ellos y la oposición nicaragüense, cuando ambas partes accediesen a hacerlo.

Un diálogo es un ejercicio más complejo y abarcador que una conversación sobre uno o dos temas.

Los diálogos suelen ser prolongados y representan una exploración reciproca que no está obligada a alcanzar un acuerdo, aunque pueda hacerlo, y su objetivo principal es identificar si en efecto existen bases potenciales para pasar a una “negociación” de la que surja un acuerdo oficial, definitivo, que dé respuesta a las aspiraciones fundamentales de cada parte.

Cuando una de las partes cree estar apenas conversando y la otra piensa que está negociando un acuerdo complejo y final, se generan incertidumbre y malos entendidos peligrosos.

Cuando el Estado español decidió “conversar” con la ETA aquella creyó estar ya “negociando”. Los terroristas estimaron al cabo de un tiempo que el proceso se dilataba artificialmente sin llegar a acuerdos, y para que “los tomaran en serio” pusieron un explosivo en la Terminal 4 del Aeropuerto de Barajas, en Madrid, que les costó la vida a varios inocentes inmigrantes.

Dada la inevitable confidencialidad de esos procesos, para que no se disparen las alarmas entre las víctimas ni se generen expectativas falsas entre los victimarios, es imprescindible ser trasparente al anunciar la naturaleza y alcance de cualquier tipo de intercambio (conversación, diálogo o negociación) que inicie un gobierno extranjero con el régimen de La Habana.

DESCONOCER LAS AMENAZAS DEL ACTUAL ESTADO MAFIOSO CUBANO A LA SEGURIDAD INTERNACIONAL

En enero de 1957 el Almirante Washington Platt publicó Production of Strategic Intelligence, un auténtico clásico con lecciones que siguen vigentes para quienes se dediquen a esa tarea en un gobierno o incluso la empresa privada.

En su manual, Platt ponía como ejemplo de valoración estratégica el de un hipotético conflicto entre Cuba y EEUU donde el segundo no tendría nada que temer porque para la isla sería suicida tratar de desembarcar en EEUU aunque estuviera a 90 millas de sus costas.

Fue un mal ejemplo de un libro excelente. El 4 de octubre de ese mismo año la URSS lanzó la primera nave espacial (Sputnik), que dio inicio a la era de la cohetería balística.

En ese nuevo contexto se hicieron obsoletas las valoraciones sobre el peligro que podría representar una isla pequeña sin armas nucleares ni capacidad militar para iniciar una guerra convencional contra una superpotencia vecina.

La crisis de los misiles en octubre de 1962 demostró que en la era de la cohetería nuclear ya no hay enemigo pequeño si se forma parte de alianzas que nivelan la balanza en su favor. La aseveración de Platt, cierta al publicar su libro, había sido rebasada por la historia.

Muchas décadas después los consejeros del presidente Obama se dejaron influir por los lobistas de La Habana, quienes vendieron la tesis que había sembrado en el Pentágono la espía Ana Belén Montes. Se resume en la misma idea, adaptada al mundo de postguerra fría, del Almirante Platt: 

“Cuba no puede representar un peligro para EEUU después que la caída de la URSS la privó de recursos para exportar la subversión”.

La afirmación era peligrosamente errada pero su corolario era venenoso.  Podría resumirse del siguiente modo: “El objetivo estratégico de nuestra política hacia Cuba en estas nuevas circunstancias debe ser procurar su estabilidad. Lo que corresponde es fortalecer, no debilitar, el poder del gobierno cubano para evitar éxodos o que caiga en manos de elementos delincuenciales”.

En el siglo 21 ha surgido una nueva geopolítica de confrontación con los países occidentales de la que forman parte una flexible y diversa alianza de actores irregulares y regímenes autocráticos, cleptocráticos, híbridos y mafiosos que comparten su alergia por la democracia, las sociedades abiertas, los Estados de derecho y la DEA.

Cuba, en estrecha alianza con Rusia e Irán, lidera a los del hemisferio occidental: Venezuela, Nicaragua y Bolivia. 

La guerra híbrida de agresión rusa a Ucrania en 2014 fue seguida en octubre de 2019 por una ofensiva igualmente híbrida de desestabilización de gobiernos democráticamente electos en Bolivia, Ecuador, Chile y Colombia. Diosdado Cabello, narcotraficante y líder del partido en el poder en Venezuela, las denominó “brisitas bolivarianas”.

DEBILIDADES

Por último, para completar este imaginado examen FODA, debemos señalar cuáles son las amenazas que se nos presentarían si pasamos por alto nuestras propias fortalezas, oportunidades y debilidades, a las que nos referimos con anterioridad.

La primera amenaza es hacer preguntas equivocadas que nos llevarán siempre a respuestas equivocadas. Formular la pregunta y respuesta equivocadas en materia de seguridad nacional es una fórmula segura para el desastre.

La pregunta no debe ser cómo estabilizar al gobierno cubano para que pueda evitar éxodos hacia EEUU e impedir que se establezcan mafias en su territorio.

La pregunta es falsa porque refleja una incomprensión de que la causa principal de la inestabilidad que provoca los éxodos desde Cuba es precisamente el régimen de gobernanza mafioso, que por un lado genera condiciones de vida insoportables, y por otro está ya aliado a otros Estados y actores criminales para los cuales lava dinero y ofrece apoyo.

EN RESUMEN

La fórmula para “estabilizar” a Cuba pasa por un cambio radical del régimen de gobernanza en la isla. Los cubanos tienen la tarea de alcanzar por sí mismos ese cambio, preferiblemente de forma no violenta, sin exigir que otros les resuelvan el problema.

Pero sería razonable pedirles a actores externos que no les hagan la tarea más difícil recayendo en premisas erradas y políticas probadamente fallidas, que en el pasado sirvieron para fortalecer a sus opresores.

Emilio Morales, Antonio Ledezma, Juan Antonio Blanco y Maria Paula Romo
Juan Antonio Blanco

Es PhD. Historiador, filósofo y diplomático. Activista de derechos humanos y especialista en negociación y resolución de conflictos. Autor y ensayista. Entre sus escritos destacan: Tercer Milenio, una visión alternativa de la postmodernidad (1998), Cuba –Estados Unidos: imaginar los futuros posibles (2004) y La Sociedad Civil ante el paradigma democrático (2006).

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