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Aunque usted no lo crea:Guaidó no descarta un diálogo con la tiranía chavista para buscar elecciones

No obstante las burlas, el desprecio del régimen en cumplir con sus promesas

Cuando Juan Guaidó se proclamó presidente encargado de Venezuela en enero de 2019, se marcó como objetivo la convocatoria de elecciones. Casi dos años después, la dictadura de Nicolás Maduro ha mantenido en marcha su maquinaria y Guaidó sigue marcándose las urnas como meta, para lo cual ve necesario una concatenación de factores que pasan por la “presión” y la “movilización” y en la que el diálogo no se descarta, siempre y cuando no sea “un fin en sí mismo”.

Guaidó lidera lo que él mismo denomina un “Parlamento de resistencia”, una Asamblea Nacional que a ojos del chavismo dejó de existir el 5 de enero pero que, para la oposición, sigue siendo el único órgano legítimo del país ante los sucesivos fraudes electorales: presidenciales en 2018 y parlamentarias el 6 de diciembre de 2020.

“Maduro secuestra las instituciones”, lamenta Guaidó en una entrevista a Europa Press desde Venezuela, país que no quiere abandonar “de ninguna manera” a pesar de que él mismo reconoce que “el riesgo es constante” y que el chavismo no lanza “amenazas vacías”, como habría quedado de manifiesto en estos últimos años con la detención de diputados.

Guaidó insiste en que la dictadura de Maduro incurre en una usurpación, y lo compara con el libio Muamar Gadafi, el argentino Jorge Rafael Videla e incluso con Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, narcotraficante mexicano. “

Se aleja de la realidad venezolana”, apunta.

Guaidó, que en 2019 fue reconocido por medio centenar de países, entre ellos España, en su condición de presidente encargado, mantiene que el respaldo internacional no le llega a él a titulo personal, sino a la causa democrática, asumiendo con meridiana claridad que los últimos procesos electorales no cumplieron unas mínimas garantías.https://www.youtube.com/embed/EV7jf2AY2fI?feature=oembed

Así lo entienden también Estados Unidos y la Unión Europea, aunque en el caso de este último bloque la decisión final sobre el estatus que se le concede a Guaidó compete a cada uno de los Veintisiete Estados miembro.

El Gobierno español evita ahora hablar de presidente al referirse a Guaidó, si bien le da “reconocimiento político” y le considera el “representante” de quienes apuestan por una transición.

Guaidó evita cuestionar este tipo de posicionamientos y sostiene que el “reto” sigue siendo la “solución política”, entendiendo como tal la celebración de elecciones libres y justas.

No podemos permitir la normalización de la crisis“, añade, haciendo un repaso de emergencias que van desde lo social a lo económico, pasando por lo político.

La oposición asume que “Maduro no quiere una elección”, para lo cual plantea una “constante lucha”, de tal forma que se vea “forzado” a sacar las urnas. Para ello, Guaidó lanza un marco de múltiples vías y que incluye una movilización interna, la adopción de sanciones internacionales y la oferta de “alternativas”, también para los que a día de hoy siguen apoyando a Maduro.

“Su entorno sabe que (la situación actual) tampoco es solución para ellos”, señala, antes de afirmar que “todos los mecanismos han sido y son utilizados en Venezuela” para resolver el actual ‘impasse’. Preguntado expresamente por el diálogo, Guaidó no lo descarta, aunque “solo si aproxima a la solución”.

Así, ve necesario aglutinar “todos los esfuerzos posibles para lograr elecciones” y no descarta un futuro intento de diálogo, si bien matiza que “en estos momentos no hay posibilidades”.https://gaceta.es/opinion/el-acuerdo-20210114-1658/embed/#?secret=1GX4k1W7Ee

“Hoy no se dan las condiciones”, explica Guaidó, quien cree que el diálogo por sí solo “sería insuficiente en la ecuación” y podría servir a Maduro para “ganar tiempo”.

Una de las variables que puede introducirse en esta ecuación venezolana a corto plazo es la apertura de pesquisas formales contra el entorno de Maduro por parte del Tribunal Penal Internacional (TPI), que mantiene abiertas dos carpetas preliminares sobre Venezuela, una de las cuales apunta a la posible comisión de crímenes contra la Humanidad por parte de fuerzas y movimientos chavistas.

Guaidó espera que el TPI, aunque “va años tarde” –los hechos que examina van desde 2014 a 2017–, “haga su trabajo”. Espera “justicia” para las víctimas y “para una sociedad y un pueblo que han visto sistemáticamente violados los derechos fundamentales”, por lo que entiende que la apertura de una investigación formal en La Haya debe ser “el siguiente paso”.

Transición

Guaidó es partidario de conformar un “gobierno de emergencia nacional”, un modelo de transición en el que deberían estar representados “todos los sectores” –incluidos los chavistas– y ofrecer “estabilidad y gobernabilidad” de cara a unas elecciones, así como “garantías” a todas las partes que quieran concurrir a cargos electos. La oposición mayoritaria rehusó participar en los dos últimos grandes procesos electorales.

El dirigente opositor evita decir nombres sobre potenciales integrantes de este gabinete –”sería entorpecer el proceso”–, pero sí recalca que de él no pueden formar parte personas señaladas por delitos contra la Humanidad o por narcotráfico –no hace alusión a la corrupción–, en un intento por apartar a Maduro y sus principales lugartenientes políticos y militares.

Guaidó mantiene su disposición de hacerse a un lado en esta administración, señalando que “la que hoy bloquea la solución es la dictadura”, pero no se plantea por el momento renunciar como principal voz de la disidencia a Maduro. En este sentido, entiende que “el consenso lo reúne el Parlamento”, que le mantiene como líder.

Todo ello a pesar de los desencuentros públicos evidenciados en estos últimos meses por dirigentes opositores y que, en opinión de Guaidó, no son más que diferencias más o menos “altisonantes”. Niega incluso discrepancias insalvables con Henrique Capriles, con quien mantiene el deseo de “buscar soluciones” conjuntas por el bien del país.

Capriles ha sido en la historia reciente de Venezuela el candidato que más cerca ha estado de imponerse al chavismo en la presidenciales. Guaidó considera que no es momento de especular sobre una posible candidatura propia para futuras elecciones, pero sí anticipa que “la alternativa presentará un candidato de unidad”.

“Es lo que debemos procurar, más allá del nombre o de quién sea”, apostilla.

El papel de Estados Unidos

Guaidó, que no prevé “en el corto plazo” una gira internacional con la que tratar de relanzar su causa, observa estos días la evolución de la transición de poder en Estados Unidos, el primer país que le reconoció como presidente legítimo de Venezuela y, a golpe de sanciones y bloqueos de activos, un apoyo internacional clave.

El dirigente venezolano tiene una “muy buena perspectiva” de las relaciones con la futura Administración de Joe Biden, incidiendo en que su gabinete tiene “muy buena relación” tanto con republicanos como con demócratas y que los esfuerzos siempre han estado marcados por el “bipartidismo”. De Biden espera “respaldo” y “acompañamiento”.

Maduro ha declarado en varias ocasiones que Guaidó es un “títere” al servicio de Washington, una catalogación “burlesca” que, en palabras del opositor, lo único que pretende es funcionar como “propaganda” para “minimizar” su peso a nivel interno. Asimismo, apunta que es Maduro quien depende de otros gobiernos, como el iraní, el cubano o el ruso.

También ha restado credibilidad a las acusaciones de corrupción que recibe por parte del chavismo, argumentando que cualquiera de las acciones del ‘gobierno encargado’ ha sido sometida a un “escrutinio minucioso”. “No manejamos fondos públicos”, ha dicho.

Guaidó explica que su gabinete únicamente ha gestionado un fondo de 80 millones de dólares que ha utilizado, entre otras cosas, para conceder una paga a trabajadores sanitarios. Sostiene que fue una licencia concreta derivada de la “confianza” de los países aliados.

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