Cada vez que tengo oportunidad de decirlo en público o privado, dejo constancia de la generosidad de los colombianos para con nosotros, los venezolanos.
Tengo en esta tierra de Nariño y Caldas casi 9 años. Durante todo ese tiempo, todo aquel que tuvo en su mano -de alguna manera colaborarme- lo ha tratado de hacer, pero no solo así ha sido conmigo. Como política de Estado y como muestra de reciprocidad respecto de nuestra conducta sobre todo en democracia, los tres gobiernos colombianos que han dirigido los destinos del país en este tiempo que en él he estado viviendo -con muchas más altas que bajas- han adoptado políticas públicas tendentes a incorporar a los casi 3 millones de venezolanos que aquí hemos llegado.
Sin embargo, la generosidad personal, la del particular, se extiende, no solo a los que aquí estamos sino va más allá.
Con motivo de los dos terremotos que impactaron nuestra tierra el pasado 24 de junio, no solo distintos órganos del Estado colombiano sumaron esfuerzo para ayudar en el rescate de las personas que dentro de los escombros de las distintas edificaciones afectadas se encontraban, aún vivas, sino que también ciudadanos colombianos del común, buscaron la manera de ayudar a paliar la dificil situación a la que se enfrentan quienes resultaron impactados personalmente por los sismos.
Hoy, a esa conducta generosa, se suman distintos medios de comunicación, esos que en esta hermosa tierra compiten entre sí diariamente, por captar lectores, oyentes o televidentes, los que han decidido sumar esfuerzos para colaborar en la tarea de que superemos nuestra situación. Es así como emisoras de radio como Blu y la FM, Noticias RCN y Caracol Radio, City TV y Noticias Caracol así como los medios impresos El Tiempo, El Espectador, La República, El Colombiano, El Heraldo y El País, han integrado una red de apoyo para facilitar la llegada de la ayuda colombiana a nuestro país, utilizando como medio para ello, a la Cruz Roja.
Nuestros dos países solo están divididos por «una línea de tiza que los pies de los viandantes borran». Nuestras tierras, salvo un cataclismo, permanecerán siempre una al lado de la otra. Nuestras familias, hasta el fin del mundo, seguirán integrándose, aquí o alla. Gestos como los que destaco solo son el recordatorio de ello.
Como venezolano, agradezco, una vez más, la conducta de Colombia y los colombianos para con nosotros, tanto respecto de los que aquí nos encontramos como con aquellos que, por su gestión, serán de alguna manera positivamente impactados por sus decisiones en nuestra tierra. Sépase que del otro lado, allá, al norte del suele, hay gente agradecida que reconoce su esfuerzo y su cercanía hacia quienes elegimos Colombia como sitio de refugio u hogar.
Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural
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