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El legado imborrable de Fernando Chumaceiro y el futuro de Maracaibo. . Por Joaquín Chaparro Oliveros.

El fallecimiento de Fernando Chumaceiro a los 95 años marca el fin de una era, pero también el inicio de un recordatorio urgente y necesario sobre la excelencia en la gerencia pública.

Por Joaquin Chaparro Oliveros.

Hay momentos que definen el rumbo democrático de una región, y haber sido testigo y coprotagonista de su gestión es, sin duda, uno de ellos. Hoy nos toca despedir al primer alcalde electo de Maracaibo, un hombre que personificó la decencia, la templanza y la capacidad estratégica en la función pública.

Como primer alcalde electo en 1989, Chumaceiro no solo asumió un cargo; inauguró el camino de la descentralización en el Zulia. En ese momento histórico, me correspondió la alta responsabilidad de ser el primer Presidente de la Junta Electoral del Estado Zulia, el circuito más importante del país por su condición de estado petrolero, agropecuario y, por supuesto, por su mayor riqueza: los zulianos.

Quienes tuvimos el honor de legislar como concejales en el cabildo marabino durante su gestión, fuimos insisto testigos de una victoria histórica. Bajo las siglas de Copei y con una visión que muchos tildaron de adelantada para su época, nos tocó la tarea de organizar la ciudad desde sus cimientos, actualizando ordenanzas, leyes municipales obsoletas, de esas que eran de cuando «amarraban los perros con chorizos.» Nos convertimos, junto a él, en los planificadores de la ciudad del futuro.

Su paso por la alcaldía (1989-1996) dejó bases sólidas que hoy sostienen la identidad urbana y civil de la capital zuliana. Desde el cuerpo legislativo lo acompañamos y respaldamos firmemente en la creación de Polimaracaibo, el sistema MetroMara, la modernización del Terminal de Pasajeros y la fundación de la oficina de Catastro.

Pero su impacto no se limitó al asfalto; Chumaceiro entendió al Zulia en su complejidad, integrando al sector empresarial, impulsando el turismo en la Laguna de Sinamaica y tendiendo puentes históricos con nuestras comunidades indígenas. Su huella en Corpozulia y en cada rincón de nuestra tierra es imborrable.

El faro hacia el mañana: Juventud y Democracia.
Hoy se dice fácil, pero abrir las puertas de la autonomía regional requería la visión de un gigante. Chumaceiro nos demostró que las regiones pueden y deben gobernarse con excelencia. Sin embargo, este sentido adiós no es un punto final, sino un punto y seguido en nuestra historia.

La Maracaibo de hoy exige mirar hacia adelante con la misma fuerza con la que nosotros asumimos el reto en nuestra juventud, cuando nos formamos desde los libros de la universidad y saltamos a los cuerpos legislativos a defender la institucionalidad.

Hacia allá vamos.

El camino de la evolución exige, en primer lug
ar, rescatar la democracia plena y la libertad de prensa como pilares inquebrantables de una sociedad libre. Es el momento de levantar de nuevo la frente para hacer de Maracaibo, otra vez, una ciudad espectacular.

Esa transformación necesita un nuevo liderazgo: jóvenes frescos, preparados, con la misma mística y pasión que nos movió a nosotros.

La historia es cíclica y el semillero civil del Zulia sigue vivo. La sociedad civil y la historia política del país despiden hoy a un gerente intachable cuyo legado quedó esculpido en el alma de Maracaibo. Nos queda la certeza de que el esfuerzo valió la pena y de que, inspirados en su ejemplo, vendrán muchos Chumaceitos más a reconstruir nuestra tierra.

Descanse en paz, mentor y amigo.

«Su legado permanece, y su memoria será bendición.» — Proverbios 10:7…

Para mi parafraseando el Proverbios 10:7: El legado de un gigante inspira el Maracaibo del futuro.

DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano.&

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