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Barra Plural 2071. Perenne observación. por el Dr Gonzalo Olivares Navarro

A eso ha estado permanentemente sujeta Venezuela por parte de Estados Unidos y con razón. Siempre ha sido así y más en el presente siglo cuando, una precedente relación que, si bien no era perfecta, quienes fueron electos como presidentes de la tierra de gracia, la deterioraron grandemente.

Pensar que la actuación norteamericana respecto de Venezuela es producto del capricho de alguien es un error.

Los norteamericanos observaron que, día tras día, su influencia en nuestro país durante Chávez y Maduro mermaba. Se percataron que Venezuela era puerta franca para que en ella se instalaren y actuaren económica y políticamente, como Pedro en su casa, enemigos históricos de ellos.

Así, en primera instancia, para cambiar la situación, apostaron al cambio por la vía electoral, con especial énfasis el 2024 la cual fracasó, por una parte, por la actitud de quien gobernaba y por la otra, por la incapacidad opositora de cumplir dos de las tres tareas que obligatoriamente tenía, a saber, cobrar y gobernar.

Pensar que lo que está ocurriendo en Venezuela es producto de una improvisación, es, así lo creo, un error conceptual profundo.

Los norteamericanos, al observar lo ocurrido el 2024, siguieron manteniendo su objetivo, a saber, la necesidad de garantizar su seguridad -de todo tipo- por lo que cambiaron el modo de hacerlo. Allí empezaron a sensibilizar al entorno de quien ocupaba la presidencia, bien a los efectos de que el mismo incidiere en Maduro para que entregare la presidencia, bien para que otro la ocupare.

Convencido estoy que en esas conversaciones, quienes participaron del lado venezolano algunas garantías solicitaron por prestarse al juego. No me referiré a la que cualquiera creería -las personales- que de seguro se convinieron, sino a las políticas, la permanencia, no ad eternum -que quizás lo pidieron- sino cuando menos, por el resto del periodo, para tratar de competir en la elección presidencial que en derecho corresponda con oportunidad de ganar y así estamos hoy.

Ayer, por una parte, en Washington, Mr. Trump afirmó que no había condiciones para celebrar elecciones en Venezuela y simultáneamente la señora Delcy Rodríguez sostuvo en Caracas, no solo que ella no las organizaba, lo cual técnicamente es verdad, sino que se harían cuando correspondieran. En tanto, mientras ello ocurría, se firmaban contratos de explotación petrolera que le garantizan a Estados Unidos, pues su departamento de guerra -nada menos- es socio de la empresa beneficiaria, presencia directa en el pais.

La ecuación, cuando menos para mi, está clara desde el 3 de enero: los norteamericanos llegaron para quedarse; ellos coadyuvaran a que la señora Rodríguez gobierne lo mejor que ella pueda a Venezuela por el resto del periodo que habría ejercido el señor Maduro. Las condiciones recíprocas que privadamente se acordaron se respetarán mientras ambas partes cumplan, por lo que las elecciones presidenciales se realizarán el segundo semestre del 2030.

Mientras eso ocurre, en Venezuela la omnipresencia norteamericana permanecerá en el pais, aspirando uno que con beneficio, cuando menos económico, para el venezolano del común, en el entendido que la misma se extenderá aún después de esa fecha pues es el interés estratégico de esa nación y de seguro de sus gobernantes de mañana, cualquiera sea su color político, que nos mantengamos, permanentemente, en su ámbito de influencia.

A 8 meses de la extracción del territorio venezolano del señor Maduro, eso es lo que observo para Venezuela.

Gonzalo Oliveros Navarro
@barraplural

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