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Fortaleza para el alma, Por Pastor Julio Ruiz


Muy buenos días mi bella gente, hermoso pueblo de Dios, la Novia y pronto Esposa del Cordero.
Llegamos a la sección 9 del extenso salmo 119. La nueva letra del alfabeto hebreo que corresponde a esta parte es “Tet” y va desde los vv. 65 hasta el 72. Como el tema central de este salmo es la palabra de Dios, con sus múltiples sinónimos, el salmista se deleita en hablarnos de todos los beneficios que trae ella en esos tiempos de aflicción. Todos ellos hablan del testimonio de la experiencia, testifican del atributo de la bondad de Dios, y por supuesto no faltan sus misericordias las que el salmista ve al hablarnos de esta forma:
“Antes que fuera yo humillado, descarriado andaba; mas ahora guardo tu palabra… bueno me es haber sido humillado, para que aprenda tus estatutos” (Salmos 119:67, 71).
David fue un hombre profundamente agradecido. En todos los escenarios de su vida reconoció la intervención de su Dios obrando. No es extraño que comience esta misma sección reconociendo el bien que el Señor le ha hecho v. 65.
David con la sencillez de su corazón dice: “Has tratado bien a tu siervo, oh Jehová, conforme a tu palabra”. Y si bien no nos dice en que etapa de su vida experimentó tanto bien, si reconoce el tiempo cuando fue humillado, porque “descarriado andaba”. Las pruebas de la vida serán siempre la mejor escuela que nos regresan a la palabra e inundan nuestro corazón de un nuevo y fresco amor hacia Dios.
El aguijón de alguna prueba llega a ser como el mensajero celestial para que volvamos nuestra mirada al Consolador del alma. Y si bien es cierto que ningún creyente escapa a esos momentos de ser humillado, muchos de ellos provocados por nuestro propio descarrilamiento de la comunión con su Dios, son ellos los que nos llevan a tomar la decisión de guardar más cercanamente su palabra. Si llegan esos tiempos de “haber sido humillado”, consideremos la riqueza y valor de esa experiencia, porque ella trae al alma una nueva y fresca revelación de la palabra. No temas soportar una prueba si ella te muestra mejor a tu Dios y a su palabra.
Respecto a esto el comentarista Trapp dijo: “Como los azotes y golpes dadas a una prenda con un palo le quita el polvo y la polilla, así son las aflicciones con las corrupciones del corazón.”
Por lo tanto, y en virtud de lo arriba expresado, “mejor me es la ley de tu boca que millares de oro y plata” v. 72.
Ninguna medicina sanará el alma afligida como lo hará la palabra revelada.
Desde lo más profundo del corazón de su pastor.
Pastor Julio Ruiz
Iglesia Bautista
Ambiente de Gracia
Virginia, EE. UU
@LaPalabraExpuesta

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