“Hago silencio y me alejo si veo que ya no te intereso. Me aparto y no te explico porque no discuto. Avanzo y elijo mi paz, porque mi bienestar está por encima de cualquier Ego”
Siempre llega un momento en la vida en el que decimos “basta, esto ya no es para mí”. Es cuando alcanzamos la madurez y el valor de retirarnos a tiempo de lugares, conversaciones o relaciones, sin necesidad de discutir ni dar explicaciones.
Saber retirarnos a tiempo es una de las mayores muestras de amor propio y madurez emocional. No nace del rencor, del orgullo o de un impulso de ira, nace de la silenciosa certeza de que un lugar, una conversación o una relación ya no tiene nada qué ofrecerte, y tú ya no tienes nada qué aportar o hacer allí.
Muchas veces caemos en el mito de que rendirse es lo opuesto a la valentía de elegir la paz. Aunque no lo aceptemos, a lo largo de nuestras vidas nos educan para aguantar; a algunos que «el que persevera alcanza” y, a otros tantos, que retirarse es sinónimo de cobardía o fracaso.
Elegir nuestra paz mental por encima del deseo de tener la razón es un acto de absoluta valentía y madurez. “Basta, me alejo porque esto me hace daño”
Retirarnos no es rendirse, es entender que no tienes por qué estar donde no te sientas bien y que tu energía no vale la pena gastarla en batallas que ya no te pertenecen y que tampoco iniciaste. “Basta, me alejo porque me recuerdas a un novio tóxico”.
El silencio en la conversación frente a una persona que solo busca ganar y no comprender tu opinión ni respetarla, es aquel que dice: “entiendo tu punto, pero no voy a desgastarme debatiendo”.
Hay lugares, como encuentros sociales o de trabajo, que el ambiente te apaga en vez de encenderte. Esto significa entender que cumpliste un ciclo y cerrarlo no es fracasar, sino abrir un espacio para lo que sigue. “No es fracaso es un avance”.
También en las relaciones, aunque es muy doloroso concluir, es más liberador entender y aceptar que el amor o el afecto ya no son suficientes si no hay respeto, admiración, solidaridad, reciprocidad, comprensión o crecimiento mutuo.
Muchas veces caemos en la trampa de dar explicaciones, por eso cuando solemos alejarnos de algo que nos hace daño, queremos justificarlo. De manera que, buscamos cualquier excusa: la última conversación larga, el último reclamo, el último intento de que el otro entienda.
La verdadera madurez llega cuando aprendes y aceptas que no necesitas que nadie valide tu salida o tu decisión de alejarte sin discutir ni dar explicaciones. Tu bienestar y paz mental es un argumento más que suficiente. Ten en cuenta, que el cierre no siempre te lo da la otra persona. Te lo das tú mismo al dar un paso al costado.
Recuerda siempre:
Alejarse en silencio no es cobardía, es un límite elegante.
No todos merecen sentarse en la mesa de tu vida.
No todas las mesas donde te sientas merecen tu presencia
Madurar es aprender a distinguir entre la persistencia y la terquedad.
Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo
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