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Crónica a propósito de los 50 años del MAS: Un primo hermano de Gabriel García Márquez vivió y se casó en Barinas

Una breve historia para comprender la militancia del célebre escritor colombiano y Premio  Nobel de Literatura con el partido fundado el 19 de enero de 1971 por el ex guerrillero venezolano nacido en Bobures

En Barinas vivió por largos años el médico Eduardo Márquez Caballero, un cercano primo hermano del fallecido Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura.

En la denominada Ciudad Marquesa, el doctor Márquez Caballero llegó a comienzos de la década de los setenta del siglo pasado a ejercer su profesión de médico anestesiólogo.

Desde entonces, ejerció su profesión en el Hospital Central Luis Razetti y en clínicas privadas, ganándose el aprecio de sus pacientes y de todos los que lo conocieron.

Los testimonios de aquellos que lo trataron dan cuenta de un hombre afable, callado, discreto y un tanto tímido, aunque cordial. Sobre el particular, el ex gobernador Gehard Cartay Ramírez recordó que Márquez Caballero, a quien conoció por ser vecino de su casa paterna, fue un prestigioso médico y un hombre que hacía honor a su segundo apellido.

Márquez Caballero estuvo casado con Amelia Alvaray Dreyer, proveniente de una reconocida familia de vieja solera barinesa, hermana del ya fallecido ex senador del MAS, ingeniero Luis Alfonso Alvaray Dreyer, y tía del ex magistrado del Tribunal Supremo de Justicia, Luis Velásquez Alvaray, hoy exiliado en Costa Rica.

Junto a su esposa, fallecida hace ya varios años, procrearon tres hijos: Nicolás Ricardo (fallecido), Dilia María (vive en Caracas) y Luis Alfonso (fallecido). La familia vivió en una quinta ubicada en la calle 5 de Julio, entre las avenidas Libertad y Montilla, en pleno centro de la ciudad, donde hoy funciona una dependencia oficial.

Una vez que quedó viudo, el doctor Márquez Caballero continuó ejerciendo su profesión y criando a sus hijos, hasta que murió, por allá a mediados de la década de los 90, en su casa de habitación.

LA NIÑEZ DEL PRIMO DE EL GABO

En su niñez, Eduardo, hijo de Juan, hermano de la madre del  futuro Premio Nobel de Literatura, fue compañero de juegos y travesuras de su primo Gabriel García Márquez en Aracataca, donde nació este último, cerca de la costa caribeña de Colombia.    

Así lo recogen fotos de la época, incluida la que acompaña esta crónica, tomada de la biografía Gabriel García Márquez, “Una vida”, del inglés Gerald Martin, la más completa publicada hasta ahora sobre el laureado escritor colombiano recientemente fallecido.

Por cierto, el propio García Márquez en su autobiografía “Vivir para contarla”, recuerda que en los días del terrible Bogotazo que estremeció la capital de Colombia en 1948, ya vivía en esa ciudad y pudo presenciar cómo la violencia, la muerte y el fuego casi acabaron con aquella ciudad, a raíz de la furia popular con motivo del asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán.

García Márquez recordó entonces que los alrededores de la pensión donde vivía estaban en llamas, y como no tenía donde quedarse esa noche, “lo único que se nos ocurrió fue pedir asilo con mi hermano en casa del tío Juanito, a sólo cuatro cuadras de la pensión”

Era un apartamento de segundo piso, con una sala, comedor y dos alcobas, donde el tío vivía con su esposa y sus hijos Eduardo, Margarita y Nicolás, el mayor, que había estado un tiempo conmigo en la pensión.

 “Apenas cabíamos -agrega García Márquez en sus memorias-, pero los Márquez Caballero tuvieron el buen corazón de improvisar espacios donde no los había…”

GABO FUE MASISTA

A propósito del nexo familiar entre el primo de Gabo y el exilado magistrado barinés Luis Velázquez Alvaray, es bueno recordar la amistad que a comienzo de la década de los 70 iniciaron el célebre escritor colombiano y el teórico y ex guerrillero izquierdista zuliano Teodoro Petkof.

Según contó Petkof en su libro “Dos Izquierdas”, la amistad con Gabriel García Márquez comenzó a gestarse a partir de 1967 cuando se fugó por segunda vez del Cuartel San Carlos y leyó “Cien años de Soledad”

Para aquel entonces, Petkof entendió que vivía en el mismo planeta que habitaba  Gabo, es decir, en la atormentada, contradictoria y variopinta izquierda latinoamericana.

Petkoff y Gabo  vivían en la reducida comarca de quienes, en la izquierda, comenzaban a preguntarse si lo que querían para nuestros países era parecido a lo que existía en la Unión Soviética y su bloque, porque el “socialismo real” ya generaba dudas”

Para finales de 1969, Teodoro Petkof había hecho estremecer al mundo socialista con su ensayo “Checoeslovaquia: El Socialismo como problema”, producto de aquella invasión militar rusa al aquel pequeño país europeo.

Bastó mencionar Petkof el nombre de Leonid Brezhnev, para entonces Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética y Primer Ministro de su todopoderoso país, en su libro, para que su nombre fuera incluido en un breve elenco de “enemigos del comunismo mundial”.

El ex guerrillero nacido en Bobures recordó que después de la aparición de su libro, recibió de la mano de Soledad Mendoza, hermana de Plinio Apuleyo, una tarjeta firmada simplemente por “Gabo”.

En diez líneas escritas en tinta negra, Gabo dió cuenta de cuánto lo había impresionado aquel libro, por lo que anunciaba que pronto habrían de conocerse.

Petkof recuerda que para comienzo de la década de los 70, Gabriel García Márquez y Fidel Castro ya eran amigos y aquella amistad facilitó también su amistad con Gabo.

 “Lo que sí era evidente es que para aquellos años, Gabo ya no se hacía ninguna ilusión con el mundo comunista”, apuntó Petkoff.

Sostuvo el dirigente izquierda venezolano que la cosa no quedó en aquel gesto de cortesía intelectual, ya que al año siguiente, es decir, 1971, cuando en enero se fundó en Movimiento al Socialismo –MAS-, considerado por el fidelismo como una suerte de guarida de traidores, Gabo entró en contacto con los fundadores del MAS.

“Fue en el carnaval o la Semana Santa de 1971 o 72. Me encontraba pasando esos días en familia, en una casa que nos habían prestado en Naiguatá, pequeño pueblo en el litoral central, cuando inopinadamente se prestaron allí (nunca supe como dieron con el sitio), Miguel Otero Silva y Gabo”

Comenta Petkof que para aquel entonces Otero Silva continuaba creyendo que en la URSS realmente se estaban construyendo “los mañanas que cantan” y por lo tanto lo detestaba cordialmente, pero, caballeroso como era, había accedido a ponerlo en contacto con El Gabo.

“Fue entonces que Gabo dijo, allí alrededor de un sancocho de pescado y unas cervezas, que se consideraba militante “internacional” del MAS, al cual habíamos fundado en enero de 1971, después de abandonar el Partido Comunista en diciembre del año anterior”.

Gabriel García Márquez leal a su amistad con Teodoro Petkof no tardó en demostrar su militancia masista, ya que en agosto de 1972 cuando ganó el premio literario “Rómulo Gallegos”, donó al MAS el monto íntegro del lauro: 22.500 dólares, que era mucha plata para la época.

Fue tanto dinero el que recibió el partido fundado por Petkof y compañía, que con eso fundaron el diario “Punto”. Para Gabo era un compromiso público. Era una toma de posición ante el movimiento comunista mundial, ante la URSS, pero, sobre todo, ante los cubanos.

Comentó también Petkof que a pesar de la posición asumida por Gabo, su amistad con Fidel no se resintió. Sin embargo, muchos después, en la Navidad de 1997, en su casa en La Habana, Gabo contó una anécdota sobrecogedora:

-Conversaba un grupo de altos funcionarios con Fidel y Gabo; éste hizo algunas observaciones críticas sobre el régimen cubano y uno de los presentes inquirió qué era lo que quería decir. Quien respondió fue Fidel: “Lo que Gabo quiere decir es que ni a él ni a mí nos gusta la revolución que hemos hecho”.

Dimas J. Medina 

Barinas-Venezuela

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