El panorama político actual se ha convertido en un laberinto de espejismos y realidades paralelas. Mientras Delcy Rodríguez anuncia su asistencia a la ONU como “presidenta encargada” bajo la tutela de Washington, María Corina Machado sigue sin materializar su tan anunciado regreso.
Trump, por su parte, actúa como si fuese el nuevo Presidente del CNE y anuncia que “las elecciones serán cuando estén listas”. Mientras tanto, Dinorah Figuera insiste en resolver primero con Jorge Rodríguez los acuerdos sobre el nuevo TSJ y bajo ningún término habla sobre el tema electoral.
Estos movimientos contradictorios revelan una verdad amarga: Venezuela se ha convertido en un tablero donde las piezas se mueven según intereses externos, mientras los venezolanos de a pie seguimos observamos y no precisamente desde las gradas, las cárceles llenas de presos políticos y una crisis económica que devora el salario de nuestros trabajadores, jubilados y pensionados.
Vendrá María Corina Machado y acelerará el cambio. Es la pregunta que flota en cada conversación de los venezolanos. Su liderazgo indiscutible entre las bases opositoras contrasta con su ausencia física. Aquí todos tenemos la esperanza puesta en su retorno porque su presencia dinamizará las luchas sociales y las exigencias de realizar unas elecciones presidenciales sin tantos tapujos y dilaciones.
Se legitimará Delcy en la ONU. La comunidad internacional, pragmática ante el petróleo y por temor a una nueva ola migratoria venezolana, podría otorgarle un reconocimiento de facto que consolidaría el control del oficialismo sobre las instituciones. Y eso, de hecho, sería una puñalada a la ya maltrecha legitimidad democrática.
Mientras tanto, los venezolanos de a pie seguimos atrapados entre anuncios y promesas incumplidas. La crisis económica no espera procesos diplomáticos: el hambre no negocia, la inflación no dialoga. Las cárceles siguen siendo el recordatorio brutal de que la política de “gestos” no libera presos ni llena neveras.
Las alternativas que quedan son bien claras: organización, movilización y lucha. Presión desde abajo para exigir la liberación de los presos políticos y una exigencia férrea de elecciones presidenciales cuanto antes. No podemos depender solamente de las fases anunciadas por Marco Rubio, que desde la Casa Blanca se está acostumbrando a dictarnos recetas imperiales.
Así las cosas, la pregunta no es si vendrá María Corina o si Delcy se legitimará con el apoyo de Trump. La pregunta es: Cuánto más podemos esperar.
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