#NoticiaOpinión

De Chávez a María Corina Machado. Por Soc. Ender Arenas Barrios.

Hemos sido testigos, en poco más de treinta años, de la aparición de dos personajes que personificaron un fenómeno político-cultural que ha signado la vida del país desde finales del siglo XX y comienzos de este siglo XXI: uno es el de Hugo Chávez y el otro el que expresa María Corina Machado.

Ambos liderazgos de naturaleza carismática construyeron con la gente un fuerte vínculo emocional. Pero, entre ambos hay diferencias significativas: el liderazgo de Chávez derivó en un régimen iliberal autoritario que convirtió su jefatura y dominio en la única mediación entre él y los ciudadanos devenidos en la categoría “pueblo” plebiscitariamente interpelado, instrumentalizados como simple masa de maniobra, como objeto de cálculo político, a pesar de la definición de su modelo como democracia protagónica y participativa.

Antes de su muerte designó como heredero a Nicolás Maduro que lejos del carisma de Chávez materializó lo que este había iniciado: la destrucción del país y su democracia.

María Corina Machado es un fenómeno político- cultural que se gestó de manera diferente. No aparece, inicialmente, en la escena política como un rayo en cielo sereno, ni como una fuerza de naturaleza telúrica que remueve sísmicamente las estructuras de dominación imperantes producida por la dictadura. Se fue implantando en el sentimiento de la gente por su consistencia, su coherencia, su honestidad, valentía y porque decidió rebelarse y enfrentarse frontalmente al poder autoritario. Le dijo un NO rotundo a la dictadura. Nunca negoció con ella y lejos de entrompar una tanqueta de guerra contra las puertas de “La Viñeta” le espetó en la cara a Chávez que “expropiar es robar”, “ergo, Chávez es un ladrón”

Su relación con el pueblo venezolano fue “amor a segunda vista”, una vez que el liderazgo opositor sufrió el desgaste más profundo vivido por liderazgo alguno en el país ( en gran parte fagocitado por ellos mismos: Rosales, Capriles, López, para nombrar algunos, perdieron la conexión con la gente y su liderazgo desde entonces está ensombrecido por la desconfianza) y una vez roto el vínculo emocional despertado en la gente por Hugo Chávez, MCM recupera la política como acción interactiva y al ciudadano como sujeto de la política. A diferencia del liderazgo carismático encarnado en Hugo Chávez, su liderazgo actualiza el sentimiento de comunidad que se había perdido bajo el impacto de la crisis humanitaria que resultó en la mayor diáspora registrada en América Latina.

Su propuesta y proyecto de país es una revolución liberal que se contrapone a la que presentan los sectores políticos tradicionales, tanto opositores como del mismo régimen y revela la obsolescencia de sus rituales institucionalizados cuya crisis de representación es tan profunda que no logran interpelar y convocar al ciudadano. En sus planteamientos, MCM, más que exaltar su liderazgo interpela al ciudadano para que recupere la confianza en sí mismo de saber afirmarse como el sujeto del cambio y la recuperación de la democracia.

Su liderazgo ha resistido los embates de ambos frentes del espectro político (sectores opositores y el régimen) y hasta ahora no ha sido vulnerado ni su liderazgo y, tampoco, el afecto de la gente. Es un vínculo emocional que “impone” nuevos significados como legítimos: “El reencuentro y unión de la familia”, por ejemplo. 

Voy a tener el atrevimiento de tomar la cita que coloca en su nota Erick Moreno Superlano del 22 de abril enLa Gran Aldeadel historiador Carlos Lizarralde que recoge con fidelidad el significado de MCM en el sentimiento del pueblo venezolano: “(Lizarralde) observa en María Corina Machado una nueva fluctuación: ella ha logrado armar un discurso unificador enormemente valioso después de tantos años de polarización. Ha logrado darle forma a una identidad nacional post-chavista donde ya no somos ricos y pobres, blancos y no blancos, del este y del oeste, sino hijos de Dios, cristianos, venezolanos unidos por el mismo dolor del exilio de nuestros hijos, la destrucción de la familia venezolana. Machado se ha convertido en una figura casi mariana en una sociedad fracturada donde la fe ofrece un lenguaje común donde las diferencias de clase y raza pasan a un segundo plano. Afortunadamente, el espíritu unificador de María Corina Machado ha logrado darnos una sola dirección, al menos mientras se restablece la institucionalidad y la democracia”.

En conclusión, el proyecto político de MCM es una síntesis en la que se expresa como elementos articuladores, en primer lugar, los vínculos emotivos y afectivos convirtiendo el reencuentro y la unidad de la familia en un pilar fundamental de su narrativa, en segundo lugar, su discurso se caracteriza por planteamientos  de naturaleza racional no instrumentales que reorganizan la economía bajo un modelo liberal donde el libre mercado es el nuevo código de orden sin reducir al ciudadano a la atomizada figura de consumidor y, tercero, recupera y reivindica uno de los grandes mitos de la democracia (un mito necesario): la “Soberanía Popular” que ha sido vulnerada por el madurismo y por el tándem los Rodríguez -Trump que no solo cuestiona la capacidad del pueblo de decidir sobre su futuro sino que cede soberanía bajo un régimen de vasallaje.

 ¿Es fácil la materialización del proyecto de MCM? No, para nada, ya lo hemos visto desde el 3 de enero. Ella se mueve en un escenario complejo en la que se enfrenta a tres adversarios: En primer lugar, a la administración Trump, a pesar de sus esfuerzos por superar el veto trumpista (ella responde a los elogios de Trump a Delcy Rodríguez, agradeciéndole a Trump haber sacado a Maduro y hasta le endosó la medalla del premio “nobel de la Paz”. “El dulce caramelo” tranquilizador a un niño caprichoso, malcriado y narcisista); en segundo lugar, al régimen, encabezado por los hermanos Rodríguez y Diosdado Cabello que pretenden manejar los tiempos para entronizarse en el poder y manejan amenazas a la seguridad física y a la participación política en el futuro proceso electoral de María Corina Machado y, finalmente a sectores de la oposición que ha mantenido una actitud complaciente con el régimen y ha construido un relato que pretende “naturalizar” y “normalizar” la situación política con el pretexto de evitar el caos social. Así ha sido la conducta, por ejemplo, de la representación opositora en la Asamblea Nacional que impávida consume (seguramente con ardor en la boca del estómago) el cinismo sádico con la que se dirige a ella Jorge Rodríguez.

 Es un escenario político complejo y ella debe moverse con eficacia enfrentando desde lo “aparentemente banal” como responder, condenando, el comportamiento irracional y tribal de sectores de la población, como pudimos ver y escuchar en los “cánticos racistas” en la concentración de la diáspora en Madrid (sugiero la lectura de la nota de Boris Muñoz en “El País de España del pasado jueves 23 de abril, para tomar conciencia de que el tema no es tan superfluo y que mas temprano que tarde debe ser trabajado), hasta emprender la tarea política para convencer  a sectores de la oposición que la adversan para la construcción de acuerdos políticos, tanto sustantivos como procedimentales y formales para cementar una fuerte unidad para gobernar  que sirva de base para la transición y posterior consolidación de la democracia, pasando, por la no menos difícil tarea de convencer a la administración Trump de que sin elecciones no hay ni recuperación ni estabilidad y mucho menos democracia.

Nota: Este lunes a las 8 pm, en el stremaing de Versión Final, reapareceremos Francisco Rojas y este servidor en “Unas son de Rojas y otras son de Arenas”

Sábado; 02/05/2026

Recuerda seguirnos en nuestra CUENTA  DE  WHATSAPP

Comment here