Opinión

De la zulianidad (herida aposta) Opinión por Antonio José Monagas @AJMonagas

(A la perseverancia de mis valientes hermanos zulianos)

Antonio José Monagas

Cualquier paraje que tienda a reconfortar la espiritualidad y avivar las emociones de quienes en algún momento se adentraron al disfrute de lo que cada elemento del horizonte representa, es una razón para afianzar valores humanos. Valores humanos que no sólo reconfortan al individuo en su interioridad. También porque vinculan sentimientos con anhelos. Incluso, con memorias de tiempos disfrutados. 

Justamente, por todo lo que dicha situación es capaz de exaltar, tanto porque puede determinar la actitud de cara a todo lo que sublima la capacidad que tiene la persona para irradiar apego hacia el entorno donde ha plasmado su obra y pensamiento, es lo que hace posible y consistente la querencia hacia la génesis. O sea, hacia la fuente que configura el contexto del cual pudo asirse lo considerado, observado y aprovechado.

Es lo que desde la perspectiva de la historia social, asociada a las emociones, éstas en conciliación con los recuerdos vistos como fundamento de sentimientos y expectativas, se conoce como el apego a las tradiciones, relaciones y conductas propias de una geografía en particular. Así puede entenderse que cada región, localidad o nación, conecta con cada persona que provenga de su espacio. Esto deviene en una unidad emocional que permite el arraigo entre la actitud y los valores humanos que recrean la vida. 

En este orden de consideraciones, es propio asentir que estos valores -en tanto que culturales- tienen la fuerza para vincular saber-ser-estar, con lo que da sentido a las emociones y esperanzas de todo ser humano. Sobre todo, en la relación que se establece entre el sentido de civilidad y la educación adquirida. De esa manera, el individuo allana su recorrido de vida disponiéndose según sus valores, creencias, sentimientos y pasiones. Así cada geografía apellida su entorno en función de lo que identifica a sus elementos naturales, culturales y sociales. 

Toda esta explicación arriba explayada, justifica en principio esta disertación toda vez que busca trazar el análisis que a continuación se desarrolla. Más, cuando puede decirse que, vista la situación que ha padecido el zuliano, particularmente quienes (en Maracaibo) viven el caos desatado por la indolencia de funcionarios del régimen usurpador, la zulianidad (sentimiento mediante el cual se hace posible enraizar la condición de ciudadanía con la cultura propia de tan hermosa geografía y afable infraestructura citadina) se ha visto brutal e incesablemente golpeada.

Tan insólita situación, se traduce en un delicado problema que se refleja al momento que se acerca la Navidad. Y tiene que ver con el hecho cultural representado a través de la música que mejor identifica la zulianidad: la gaita zuliana. 

Tan característicos acordes, indiscutiblemente, exaltan el gentilicio del zuliano. Su historia, en cualquier contexto de su desarrollo, está íntimamente relacionada con tan connotada musicalidad. Más, cuando el gentilicio que impone la zulianidad, se convirtió en razón suficiente para que todo zuliano se arrogue tan contagioso género musical como elemento que afianza y confirma el sentido de lo que representa su “patria chica”. Precisamente, a partir de tan particular condición cultural, el zuliano (sobre todo, el nativo de Maracaibo) hace suya aquellas tradiciones exaltadas desde la música gaitera que también adquiere el sonido de cual parranda aguinaldera. Incluso, no luce exagerado afirmar que en ello se halla la esencia misma del modo típico de exhortar la zulianidad. 

Sin embargo el problema en referencia se desencadena, cuando el mismo régimen opresor intenta manipular al pueblo venezolano hurgando su apego a la  celebración de la Navidad. Y para lograrlo, abusa de su fuerza mediática aprovechándose de la gaita zuliana como si tan resuelta patraña no significara otra cosa que propinar cuantas bofetadas sean posible a la zulianidad. Sobre todo, luego del inusitado maltrato que le ha brindado al pueblo zuliano haciéndole vivir la crisis social-político-económica de la forma más despiadada y humillante posible. 

No es difícil pues reconocer que el uso de la gaita zuliana por parte del régimen usurpador, en tiempos en que la Navidad invita a dejar de lado el odio y la retrechería, criterios éstos propios de la actual represión gubernamental, además de ratificar su clase usurpadora al apropiarse irreverentemente de la zulianidad como sentimiento y atributo propio del zuliano, es clara demostración de cuánto y cómo se vale para golpear y destruir todo lo que destaca ante la significación del concepto de democracia.

Así, la zulianidad se amalgamó en los sentimientos y vocación musical de todo nativo del territorio zuliano. No sólo como resultado de la geografía que circunda tan encantadora región. También, por el afecto que con el tiempo vino cultivándose en la gaita zuliana, la cual como expresión propia de la zulianidad, se hizo parte fundamental del acervo histórico que fue aprehendiéndose a los sentimientos del zuliano. Del zuliano asediado y apaleado por una represión “socialista” que abusa de su poder para pisarle al mismo zuliano, sus valores, su cultura y su pasión musical. 

De ahí que hoy se hizo obligado advertir sobre lo que tiene de fondo el aprovechamiento abusivo de la música tradicional (decembrina) zuliana. Por eso había que considerar el problema de falta de ética pública y de inmoralidad cívica que se dibuja en el caso de la zulianidad (herida aposta).

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