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«Derrocamiento del dictador venezolano Marcos Pérez» 23 de Enero 1958

Casi seis décadas después de lo que algunos llaman “la instauración de la democracia” y otros califican como “la reivindicación del pueblo y los militares”, la gente asegura no tener nada que conmemorar ni celebrar. Algunos los mas jóvenes tampoco conocen mucho del hecho y poca relevancia le dan a un hecho que cambio el rumbo de la historia contemporánea de Venezuela.
“El 23 de enero se produjo la huida del presidente Marcos Pérez Jiménez que muchos entienden como un derrocamiento”, así lo asegura el historiador, director del Centro de Estudios de Historia Actual y director de la cátedra Pío Tamayo de la Universidad Central de Venezuela, Agustín Blanco Muñoz. Sin embargo, el profesor también afirma que siempre ha existido un debate sobre si el 23 de enero se acabó la dictadura en Venezuela definitivamente o solo representó el fin de un tipo de dictadura.”
Al hacer un simple análisis se pueden ver la analogía entre la dictadura de Pérez Jiménez y la que nos subyuga hoy LA DICTADURA MADURISTA: dentro del régimen Pérezjimenista una conducta, característica de los regímenes de fuerza al momento de afrontar elecciones, determinando con ello instrumentos políticos para instalarse en el poder y pretender perpetuarse en él. Esta conducta se expresa en un mecanismo de fraude electoral, impuesto de manera clara y sin cortapisas. El fraude electoral preparado y ejecutado por el gobierno, y su ola represiva en contra de las organizaciones partidista que le adversaban, no alcanzó a liquidar las luchas colectiva que propugnaban el retorno a la institucionalidad democrática y constitucional. El régimen no pudo sortear las dificultades económicas, produciéndose una coyuntura que hacía intransitable el camino del equilibrio entre la burguesía empresarial y el gobierno dictatorial. A partir de la huida del dictador, La democracia venezolana para algunos filósofos políticos se fue consolidando, poco a poco, pero arrastrando con ella signos evidentes de crisis, tales como falta de legitimidad, abstención electoral, disminución de la coherencia en los partidos, descontento de la ciudadanía, parálisis e ineficiencia del congreso y la burocracia, declinante control sobre la violencia, creciente protestas públicas, paros laborales y huelgas. Este creciente desorden político-social sufrido por los venezolanos, y ignorada por una casta política gestada en el pacto de Punto Fijo, fue el cultivo que da origen al socialismo del siglo 21 instaurado por una élite militar resentida y corrupta, que abrogados de carácter popular y de organizador de las masas, conllevaron a toda una nación a la peor crisis estructural de América Latina.
Ahora bien para que Venezuela logre rescatar su libertad y logre deslastrarse de todo un aparataje criminal en lo que se ha convertido el Estado, la representatividad de los partidos debe ser nuevamente lograda, ya que éstos se han ocupado solamente, de ser partidos de Estado, teniendo únicamente como objetivo el tomar el poder, derivando en los vicios más palpables de nuestro sistema democrático, los cuales son: el clientelismo, el caudillismo, el padrinazgo, el tráfico de influencias y la corrupción. Las clases políticas han hecho de la democracia su único logro, sin estimar que la misma fue el producto de una participación o, sin estimar que la misma fue el producto de una participación de la sociedad venezolana. Se ha perdido el carácter intermediador de los partidos, entre la sociedad y el Estado, situación que requiere de urgentes reformas para oxigenar el sistema político. Los pactos políticos necesarios para el proyecto democrático venezolano, se transformaron en el transcurso del tiempo, en un logro único de los partidos políticos, dejando de lado a la sociedad civil, situación que deja sin representatividad a la colectividad para demandar sus necesidades al Estado. Venezuela, hoy en día, se proclama como un Estado fallido manejado por mafias criminales social, situación que nos lleva a profundizar los conceptos contenidos en nuestra Constitución, especialmente a los partidos políticos, para lograr una unidad patriota cívico militar que lleve como único objetivo la institucionalidad del Estado y el rescate democrático de sus instituciones deponiendo los intereses partidistas y el uso indebido de los bienes de la República.

COROMOTO DIAZ.

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