Opinión

Diálogo por Rafael Díaz Blanco

El diálogo es mirado en Venezuela con mucha desconfianza. No podría ser de otra manera con un régimen de la naturaleza del chavismo, con los fracasos de anteriores intentos y con un pueblo muchas veces desesperanzado luego de años de abusos, represión y empobrecimiento. Para muchos venezolanos de buena voluntad se trata de una farsa, de una conversación entre cómplices de los males que padecemos. Tampoco inspira confianza la diversidad de posturas en una delegación opositora tan heterogénea. Más que representar al gobierno interino de Juan Guaidó reflejan los intereses de los partidos que dicen apoyar al gobierno interino. También hay dudas sobre la actuación del mediador noruego.

Siempre hemos creído en la necesidad de diálogo como base para una negociación, así como en las elecciones democráticas para salir del régimen. No obstante, también hemos sostenido la inexistencia de condiciones para hacerlo con resultados satisfactorios. Hoy, pudieran estar dadas las condiciones para una negociación fructífera. Las partes representadas en México han perdido respaldo popular. En todo caso no podíamos negarnos a participar. El diálogo de México ha sido promovido, apoyado y requerido por nuestros principales aliados internacionales cuyo apoyo es necesario para salir de Maduro. También ha sido una exigencia al gobierno de facto cuyas condiciones públicas para participar debieron desechar.

Sabemos que el régimen no está dispuesto a entregar el poder, pero tampoco puede negarse a participar en un diálogo. No hacerlo o retirarse sin razones aceptables pudiera significar la pérdida de alguno de los apoyos internacionales que lo sostienen, así como estimular intervenciones más agresivas de respaldo a la oposición venezolana por la comunidad internacional. La dictadura intenta desprestigiar el diálogo y retrasan su avance con variados recursos que incluyen mentiras y propaganda distorsionante de la realidad. Seguro ofrecerán cohabitación y buscarán como siempre dividir a la oposición.

Las conversaciones avanzan lentamente. Por ahora no han significado ni recibido una influencia importante en las elecciones y el proceso ante la Corte Penal Internacional como tampoco éstos en ella. El diálogo pudiera alcanzar las condiciones electorales para participar en las elecciones con garantías que hoy no existen, pero también pudiera convertirse en un mecanismo para la colaboración indigna. No lo sabemos. Ya hablarán los hechos.

rafidiaz2000@yahoo.com

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