La ‘vampibimbo’ de Castellón, que acaba de publicar ‘La Orden’, un disco inspirado en grimorios demoníacos, se sienta con nosotros para hablar de su cruzada contra la mediocridad, de por qué es misándrica y de la dolorosa verdad que se esconde tras sus letras más explícitas.
Hay una frase que Thais Amores repite como un mantra: «Hay una cosa peor que ser mala persona y es ser mediocre». No es una pose. Es una advertencia. A sus 22 años, la artista conocida como Metrika ha convertido el escenario y el estudio en un ring donde solo hay una regla: no pasar desapercibida. Mientras la industria musical española se debate entre la corrección política y el algoritmo, ella llega con un disco bajo el brazo, ‘La Orden’ —inspirado en la Llave Menor de Salomón, un grimorio del siglo XVII—, y un puñado de declaraciones que harían temblar a más de un gabinete de crisis.
Llega puntual, con esa palidez vampírica que la caracteriza y una mirada que parece diseccionarte. No hay rastro de la «chica dulce» que, según ella misma confiesa, se esconde detrás del personaje. Lo que hay es una mujer que ha decidido que, si va a arder, que sea el mundo entero el que se queme con ella.
1- Empecemos por lo que escuece. En ‘La Orden’ hay un corte que se llama ‘Terror en la disco’. ¿Es una declaración de intenciones sobre lo que es salir de fiesta hoy en día, o es una metáfora de algo mucho más oscuro que el simple reguetón?
Es ambas cosas. La fiesta, como el amor, es un ritual. La gente va a los clubes buscando algo que no encuentra en su casa: quiere perder el control, quiere sentirse poseída por algo. Yo solo le pongo la banda sonora a ese trance. Pero sí, hay mucho de terror. El terror de despertarte al día siguiente y no saber quién eres, o de darte cuenta de que la persona que tienes al lado no es un amante, es un verdugo. En este disco he querido que suene denso, visceral, como si te estuvieran susurrando al oído en una habitación a oscuras.
2- Hablando de verdugos y de amor. Usted ha dicho que en los ambientes en los que se mueve es más fácil hablar de sexo que de amor. De hecho, afirma que «el amor es tabú». ¿Por qué le da tanto miedo la ternura?
Porque el sexo es un acto, es físico, lo controlas. Tú decides cuándo empieza y, si eres lista, cuándo acaba. Pero el amor… el amor te desarma. Yo tengo un miedo atroz a que me hagan daño. Prefiero mil veces escribir una barra sobre prácticas sexuales explícitas que una sobre lo que siento cuando alguien me abraza y me quedo dormida. Eso me da pánico. Es mucho más fácil ser la ‘vampibimbo’ que se ríe de todo que admitir que, a veces, solo quieres que alguien te quiera bien.

3. Precisamente, sobre el amor y el respeto. En los últimos meses se ha hablado mucho de sus declaraciones en ‘La Bugaderia’ donde dijo: «¿Cómo va a tener un hombre los mismos derechos que yo?» y se definió como misándrica. ¿Fue una provocación calculada o una verdad incómoda?
Fue la verdad. Y sí, es incómoda. Vivimos en un mundo donde nos han enseñado a medir cada palabra, a pedir perdón antes de hablar. Yo no voy a pedir perdón por existir. Dije que los hombres deberían nacer en la cárcel y demostrar que pueden salir, y la gente se echó las manos a la cabeza. Pero, ¿acaso no es eso lo que se espera de nosotras constantemente? Que demostremos que valemos, que no somos histéricas, que no somos putas… Yo solo he invertido los términos. Si eso me convierte en misándrica, pues lo soy. Prefiero ser eso a ser una hipócrita.
4. Pero esa postura, ¿no es un arma de doble filo? Muchos críticos dicen que ese «falso empoderamiento» que le achacan a sus letras, donde se reivindica la sexualidad libre, en realidad juega a favor del machismo.
A mí no me insultan llamándome zorra, ni guarra, ni puta. Esas palabras han perdido poder sobre mí. Si yo las uso, las controlo. El problema no es que una mujer cante sobre follar o sobre ser una ‘zorrona’. El problema es que la sociedad quiere que seamos santas o pecadoras, sin término medio. Yo canto a la salud mental, a la bisexualidad, al deseo. Si eso le parece falso empoderamiento a alguien, es que no ha escuchado el disco. ‘La Orden’ es un tratado sobre la obsesión y el poder. Y el poder, querido, no es dulce.
5. Hablemos de obsesión. Su nuevo single se llama ‘P0RN0’. Dice que habla de un amor enfermizo, sin cura. ¿Ha vivido usted algo así?
¿Quién no? Todos hemos estado en esa relación donde el deseo y el asco van de la mano. Donde sabes que te está destruyendo, pero el sexo es tan bueno que te da igual morir. ‘P0RN0’ es eso: la mercantilización del deseo y la cosificación del amor. Es un videoclip en un psiquiátrico donde la locura del paciente contagia al doctor. Es la metáfora perfecta de cómo el amor tóxico te vuelve loca. Yo he estado ahí. Y no me da vergüenza decirlo.
6. Para terminar, una pregunta de actualidad. Se ha rodeado de polémica por actuar en los Army Awards, un evento organizado por Ceciarmy donde, según algunos, se blanquea el fascismo. ¿Sigue pensando que no es menos de izquierdas por ir a ese tipo de eventos?
A ver, yo no soy una política. Soy una artista. Y como artista, mi trabajo es estar donde está mi público, aunque a veces mi público sea un desastre. No voy a un evento a hacer un pacto con el diablo; voy a cantar. Me han llamado traidora por ir, y me han llamado radical por no ir a otros sitios. Yo tengo un pensamiento demasiado liberal para la izquierda ‘woke’ y demasiado crítico para la derecha. Si eso genera confusión, es porque la gente busca etiquetas donde no las hay. Yo solo tengo una etiqueta: la mía.
7.¿Y cuál es esa etiqueta? ¿’Satánica tradicional’? ¿’Vampibimbo’?
Esa etiqueta la pongo yo. Y hoy es esta: alguien que prefiere que la odien a pasar desapercibida. Y con ‘La Orden’, el mundo va a tener muy difícil ignorarme.
8.Ya que saca el tema del deseo y la cosificación… Se lo pregunto sin rodeos: ¿Cómo es el sexo en los nuevos tiempos? Porque usted, que se mueve en las apps, en la noche y en la cultura de la inmediatez, tendrá una visión muy cruda de lo que pasa hoy en las camas (y en los baños de los clubes).
El sexo de hoy es rápido, es ansioso y, a menudo, es triste. Las apps de citas han convertido el deseo en un catálogo de supermercado. Deslizas, eliges, descartas. La gente folla como si estuviera pidiendo un Glovo: rápido, sin mirar al repartidor y esperando que no se enfríe la comida. Es puro consumo. Pero también tiene su lado fascinante: hemos roto las cadenas del romanticismo de mierda. Ahora puedes tener sexo con quien quieras, cuando quieras, sin que nadie te juzgue. Pero, cuidado, porque esa libertad se ha convertido en otra cárcel: la de tener que follar siempre, la de sentir que si no estás en una aplicación eres un fracasado. El nuevo tabú no es el sexo, es la soledad.
9. Mucha gente de su generación vive del ‘OnlyFans’ o del contenido erótico digital. ¿Es eso liberación o es la nueva esclavitud del cuerpo?
Es ambas cosas. Si lo haces porque te da la gana y controlas tu cuerpo y tus límites, es poder puro. Si lo haces porque el algoritmo te obliga a enseñar más para pagar el alquiler, es prostitución 2.0. Y no lo digo con desprecio. Lo digo con rabia. Yo he subido fotos muy explícitas a mis redes porque me apetece, porque me gusta la reacción, porque juego con el morbo. Pero la línea entre ser dueña de tu deseo y ser esclava de la validación ajena es muy fina. A veces, cuando me voy a dormir, pienso: «¿Cuántos de estos ‘me gusta’ son de gente que me desea y cuántos son de gente que me quiere ver fracasar?». Y la respuesta me da igual. Ahí está la clave.
10. Y en la intimidad, sin cámaras ni filtros. ¿Es Metrika una dominatrix o una sumisa? Porque con ese discurso de poder y sumisión en sus letras, la pregunta es obligada.
¡Qué atrevido! Pues mira, en la cama, como en la vida, soy una mujer de contrastes. Creo que el sexo sin poder es aburrido. Y el poder, si no se comparte, es tiranía. Me gusta jugar con la sumisión, pero siempre desde el control. Me encanta que me dominen, pero solo si soy yo la que elige quién y cómo. El BDSM es el mejor tratado de psicología que existe. La gente que se escandaliza con las cuerdas y los látigos es la misma que luego es incapaz de decirle a su pareja qué le gusta de verdad. El sexo de los nuevos tiempos tiene que ser honesto. Y para mí, la honestidad es decirle a alguien: «Me gustas tanto que me dan ganas de atarte a la cama y no dejarte salir en tres días».
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