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Opinión

El debate entre la sobrevivencia y la desesperación Opinión por Antonio José Monagas

Desde que las ideologías dejaron de existir como fundamentos de proyectos políticos pensados como esquemas fácticos de gobierno, los problemas se exasperaron. Y aquellas ideologías que aguzaron sus ausencias, se convirtieron en razones para retrotraer el ejercicio de la política a estadios depauperados en cuanto a condiciones de desarrollo de plausible categoría.

Buena parte de los problemas que de tales carencias derivaron, terminaron rozándose con conflictos que se insuflaron de la desesperación del hombre cuando se ve perdido entre las múltiples incógnitas que no logra despejar. Pero también, porque terminaron vinculándose con serias crisis de vida que se hacen más profundas a medida que el individuo se insume en otro problema. Tan grave como el primero. Y eso ocurre, cuando no consigue la ruta más inmediata que busca el hombre para sobrevivir en medio del caos en que se ve envuelto. O que lo arrastra.

He ahí la razón que explica el debate entre la sobrevivencia y la desesperación. O sea, un tanto lo que se deduce del hecho de advertir la debacle que se da cuando el hombre se ve acosado por la ignorancia. Por la ignorancia disfrazada de verdad. O camuflada por el excelso tricolor: “cultura, moralidad y ética”. Bastante incierto, pero cuyo eco conmueve ilusos, furibundos y falsos revolucionarios.

La crisis política que en los años del siglo XXI logró instalarse en buena parte de países occidentales, sin que otros hayan podido eximirse de caer en la angustia de dicha crisis, hizo que las libertades se vieran supeditadas a variables impuestas por doctrinas ortodoxas o puritanas. Hasta suspender dichas libertades en dimensiones extrañas de espacio y tiempo. Oportunidades éstas de las cuales se valieron rezagos de vetustas ideologías para mimetizar la economía. Al extremo que pudieron someter la sociedad, a sus más casuísticos postulados e vehementes criterios.

Fue la razón para incitar al hombre a verse considerado como entidad política frente a los embates provenientes del conflicto. Del conflicto que asoma su sobrevivencia en el plano social. Y la desesperación, en el terreno económico, toda vez que delimita objetivos de vida asumidas bajo el patrón del “bienestar”. 

Nuevos desafíos surgen del problema

Aunque la ley de la competencia pueda dificultarle al hombre alcanzar metas en el menor tiempo y con el mayor provecho posible. Sin embargo, en ese mismo camino se debate con otros problemas que lo asaltan en su proceder político, cultural y social. Pero aún así, sobrevive. Quizás no tanto como para ufanarse de alcanzar el pódium instalado al final del recorrido emprendido. Pero sí, como para sentirse orgulloso de las capacidades demostradas a lo largo del esfuerzo realizado. 

Sin embargo, el ser humano sigue confrontando dificultades que enrarecen proyectos de vida. Pero que si bien las mismas, en tanto que al mismo tiempo pueden considerarse como desafíos, no son óbice para sacarlo del trayecto al que sigue aferrado. Pero que sí lo atrasan a riesgo que los avatares lo insuman en una cruenta desesperación. Más, al entender que vivir, no siempre, constituye un acto de coraje. 

En todo caso, comprender las dificultades que acosan la vida humana cuando en medio de las circunstancias se debate entre la sobrevivencia y la desesperación, no es fácil. El camino a surcar luce borroso por la presencia de otros problemas de insidiosa ascendencia. Problemas que tienden a desubicar al individuo del contexto en el cual afianza sus fuerzas y esperanzas. Problemas relacionados con la incertidumbre, la imprudencia, la obcecación, la insensatez y la premura, entre otros. Sin embargo, todos tienen un denominador común que es la política sobre la cual se asientan las perspectivas y expectativas de vida, propias de todo ser humano que se precie de sus libertades y sus derechos para actuar de cara a los desafíos o retos que puedan surgir en el trayecto a recorrer. O en tránsito.

Y naturalmente, es así. Más, al reconocer la política como espacio de relación entre individuos para quienes el sentido del poder político, varía según la situación que viven. O según las oportunidades que pueda disponerle el espacio que requieran en términos de sus  intereses inmediatos y necesidades más urgentes. 

Sin embargo, se ha dicho que el fondo del problema radica en la tramada posibilidad que tiene el hombre para actuar al amparo de las libertades. Y de los derechos habilitados por la consistencia y coherencia del sentido que disponen dichas libertades. Y es que, cuando se convierte en eslabón de un proceso político que lo considera supuestamente consustanciado con las razones que motivan el encadenamiento entre lo político, lo social y lo económico, tiende a caer en la trampa creada en su apremio por escapar del dilema en que se ve atrapado inmisericordemente. 

O de perderse en los intríngulis que para ello han confeccionado esas mismas razones. Por lo tanto, busca perfilar su vida para así evitar o mermar tan crudos contratiempos. Por ello, deberá vivenciar los agudos problemas que se suscitan en el debate entre la sobrevivencia y la desesperación.

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