El eventual retorno de María Corina Machado a suelo venezolano no debe entenderse como un acto litúrgico ni como la resolución automática de nuestra crisis.
Quienes esperan milagros se equivocan; lo que viene es trabajo, riesgo y organización. Su regreso es el catalizador de una fase superior de presión: la consolidación de la rebeldía democrática.
Más allá de los rumores que corren en las redes sociales, la realidad política es fría y concreta: La presencia física de la dirección política en el territorio nacional reconfigura el tablero políticonacional.
El régimen de los Rodríguez busca desesperadamente normalizar la arbitrariedad y perpetuarse sin legitimidad. Romper esa pretensión exige presencia física, liderazgo en el terreno y articulación popular.
María Corina no regresa a ofrecer ilusiones vacías ni a pedir paciencia. Regresa respaldada por el reconocimiento internacional —consolidado en espacios como el Nobel de la Paz en Oslo y las alianzas estratégicas en Washington— para asumir el costo político de liderar la transición real.
Afirmo:
La legitimidad no se decreta desde el extranjero; se ejerce y se defiende en la calle, junto a la gente.
Estamos ante un escenario donde la salida de las cúpulas autoritarias no será concesión, sino el resultado inevitable de la disciplina social y la presión institucional.
La reconstrucción de Venezuela no es una celebración anticipada: Es un proceso técnico, político y cívico que requerirá orden, rigor y costo personal para todos los involucrados muy especialmente para la clase política.
A la sociedad civil no le corresponde el rol de espectadora que aplaude desde la acera; le toca ser el motor del cambio. La rebeldía democrática no se manifiesta con consignas, sino con organización en cada parroquia, cada estado y cada gremio para hacer ingobernable el autoritarismo e inevitable la democracia.
Octubre exige madurez política. Las sorpresas en la historia no ocurren por azar; se construyen con estrategia y determinación.
A María Corina Machado, en el día de su cumpleaños, el mejor reconocimiento que le puede hacer la dirigencia y la sociedad civil no son elogios ni complacencias, sino el compromiso de acompañar con firmeza y realismo la tarea de liberar al país.
El reto histórico está servido. La libertad no se celebra antes de tiempo: se conquista y se defiende.
DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros
Demócrata Cristiano. Sociedad Civil – Zulia.&…
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