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Entre la Cruz y la Gloria: La Unidad como Resurrección. por: Joaquín Chaparro Oliveros

Del aplauso efímero a la traición orquestada hay un solo paso cuando media la maldad del hombre. Es el gran dilema de nuestra lucha: la mentira del momento manipulando la verdad eterna.

Muchos de los que vitorearon a Cristo el Domingo de Ramos, pidieron su cruz el Viernes Santo, empujados por infiltrados y seguidores prepagados por los fariseos para torcer la voluntad de un pueblo.

«Es el gran absurdo de la historia: Jesús entró triunfante ganando todas las encuestas, pero Barrabás se impuso en la ‘elección’ de la calle.» Hoy, nos toca enfrentar nuestras propias espinas con la mirada puesta en la libertad.

Es tiempo de humildad y meditación, pero también de una superioridad ética que nos guíe. La política sin valores es solo un ejercicio de vanidad y una puerta abierta a la corrupción y la violación de los derechos humanos; con Cristo en el corazón, la política debe ser un servicio de entrega absoluta.

Señores de la alternativa democrática: el pueblo es crucificado a diario por la desidia y la opresión. No podemos permitirnos el lujo de lavarnos las manos como Pilatos. Si seguimos transitando los mismos caminos de ayer, seguiremos clavados en el mismo madero de siempre, bajo un sistema que ha demostrado no tener escrúpulos.

Recordemos las palabras del Maestro de Nazareth:

«Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá.»

Donde hay división, la corona de espinas se hunde más profundamente, trayendo miseria y tragedia. Por el contrario, donde hay unidad real, la consecuencia inevitable es el progreso y la resurrección de la República.

La Semana Mayor no es solo un rito; es un llamado a rechazar el monopolio de las ideas y el proyecto totalitario que pretende anular la disidencia. Vivimos bajo la sombra de un proceso que intenta asfixiar el alma del venezolano, pero nuestro comportamiento de hoy frente a este sistema determinará el país que heredarán nuestros hijos y nietos.

La voz del pueblo es clara: no solo pide sobrevivir, pide calidad de vida y libertad. Para salvar a Venezuela, tenemos la obligación de transitar juntos este calvario. No hay atajos para la redención nacional; hay que empujar con fuerza el único sistema que dignifica al hombre: La Democracia.

Que Jesús crucificado nos brinde el valor para vencer la hegemonía, la corrupción y el silencio impuesto. La cruz es pesada, pero la esperanza de la resurrección sigue viva en cada rincón de nuestra tierra.

DC / Abogado Joaquín Chaparro Oliveros / Demócrata Cristiano.&

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