Cultura

Frases y palabras preferidas de los redactores de sucesos, Por David Figueroa Díaz


Es posible que en cualquier otro país de habla hispana ocurra algo similar; pero en el caso de Venezuela, la situación en cuanto a la redacción de notas de sucesos, es muy interesante, por lo menos para mí. En varias ocasiones me he referido al tema de la pobreza crítica que se evidencia en una incontable cantidad de comunicadores sociales que cubren la mencionada fuente.

La intención de quien esto escribe, siempre ha sido aportar elementos que puedan ser útiles para que los redactores puedan disipar sus dudas y adquirir madurez en el manejo del lenguaje escrito y oral. Afortunadamente, hay quienes han asimilado las observaciones, y en virtud de ello, han mejorado su forma de relatar los hechos; pero hay otros que por diversas razones, siguen tropezando con la misma piedra.

La exhortación no solo ha sido para los redactores de sucesos, sino también para los que cubren otras fuentes; pero he hecho especial énfasis en los primeros, pues considero que en ese ámbito es donde hay más deficiencias.

Utilizar siempre las mismas palabras, incurrir en las mismas impropiedades, es una muestra fehaciente de que existe una pobreza de lenguaje que raya en lo crítico, con contadas y honrosas excepciones que se distinguen muy fácilmente. Por eso hoy, so pena de los cuestionamientos que pudiera producir este comentario, les mostraré las frases y palabras que se han convertido en una especie de comodín para los que publican notas sobre casos policiales, tribunalicios y de otras áreas afines.

Se ha arraigado la frase «cayó abatido», para describir un enfrentamiento entre cuerpos armados y antisociales con saldo de fallecidos, lo cual hace suponer que redactores, de viejas y nuevas promociones, crean que abatir es sinónimo de matar. Si se revisa un buen diccionario, se podrá notar que ese verbo, entre otras cosas, significa colocar en forma horizontal lo que está vertical. Se lo usa en sentido figurado, porque se supone que alguien que reciba un impacto de proyectil al estar de pie, pudiera quedar de forma horizontal. Lo adecuado es «fue abatido», no se les olvide.

Con la palabra sujeto se abusa hasta el cansancio, dado que no hay nota policial en la que no aparezca el referido término. Ha dado pie a la falsa creencia de que no se les puede llamar ciudadanos a los que cometen delito, como me lo «restregó» en una ocasión una periodista que se creía gran maestra de la redacción de sucesos. No es que no se pueda hablar de sujeto, sino que hay que saber usarlo.

Si el redactor desconoce el nombre de la persona, podrá emplearlo de forma moderada, bien en el título o en el lead; pero una vez que la ha nombrado, no tiene sentido que siga hablando de sujeto, por haber cometido un delito. Podrá ser el más grande delincuente y antisocial del mundo; pero no deja de ser ciudadano, pues esa condición no se pierde ni aun con la muerte.

Del mismo tenor es el «presunto delincuente», que se usa de forma muy libérrima, como si fuese un recurso literario o una figura retórica para adornar la prosa. Está claro que los periodistas no deben usar adjetivos calificativos ni menos aun emitir acusaciones, con base en la presunción de inocencia, consagrada en las cartas magnas y demás textos del ordenamiento jurídico de las naciones.

Este caso es particularmente interesante, pues ha habido ocasiones de notas en las que el título menciona a las personas como «presuntos delincuentes»; pero en el cuerpo de la información aparecen como delincuentes. Es decir, pareciera que hubiera periodistas con pretensiones de jueces, que primero condenan y luego absuelven, o viceversa. Igual ocurre cuando hay decomiso de droga: al principio es presunta, y durante el relato se trasforma en simplemente droga.

Pero la reina de esas frases es «el hoy occiso», como si todo fallecido fuese un occiso. Varios periodistas de los que se creen grandes manejadores del oficio de informar, ignoran que occiso es solo aquel que muere de forma violenta.

Todo lo anterior ocurre porque lamentablemente hay muchos diaristas descuidados, que se conformaron con lo que aprendieron en la universidad y no se han preocupado por seguir aprendiendo. No se convencen de que un comunicador social es un maestro a distancia. Para tal efecto debe leer, actualizarse y no oponerse a los avances tecnológicos de hoy día. Debe admitir sus carencias y buscar la forma de disiparlas, toda vez que de lo contrario, no estaría cumpliendo cabalmente el rol que le corresponde ante la sociedad. Eso no implica que deba ser un experto en gramática; pero sí debe manejar con relativa facilidad los elementos que le permitan escribir para ser entendido y para informar.

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