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​Impacto de las comisiones bancarias en Venezuela: Un costo que golpea al usuario. Por: ​José Gregorio Figueroa

Las comisiones bancarias son cargos que las instituciones financieras cobran por prestar servicios como transferencias, pagos móviles, consulta de saldos, emisión de chequeras o reversión de operaciones.

​Nuevamente los ciudadanos son altamente impactados por esta decisión, por cuanto el uso del pago móvil es diario en cualquier negocio; igualmente, el mantenimiento de las cuentas afecta a una población que ya vive el día a día del diferencial cambiario, de la alta inflación y de bajos ingresos que afectan su calidad de vida.

​En Venezuela, aunque están reguladas por el Estado, su aumento reciente ha convertido un servicio esencial en una carga adicional para familias, comerciantes y pequeños negocios.

​Base legal en Venezuela

​El marco principal es la Ley de Instituciones del Sector Bancario, que establece que las comisiones y demás tarifas no pueden superar los límites fijados por el Banco Central de Venezuela (BCV), y que deben publicarse de forma clara para que el usuario conozca el costo total de cada operación.

​También es relevante la Ley del Banco Central de Venezuela, que otorga al BCV la facultad exclusiva de fijar comisiones, recargos y tarifas máximas o mínimas por operaciones accesorias y servicios bancarios.

​En concreto, la Resolución del BCV publicada en la Gaceta Oficial N.º 43.427 el 31 de julio de 2026 y divulgada en el mes de agosto, establece las nuevas reglas sobre el cobro de recargos, comisiones y tarifas, disponiendo que los bancos solo pueden cobrar por conceptos establecidos por el propio BCV y dentro de los montos autorizados. Para servicios especializados, el monto puede acordarse con el cliente, pero requiere la aprobación previa del BCV.

​Cómo funcionan actualmente

​El tarifario bancario vigente establece comisiones variables y mínimos fijos. Por ejemplo, las transferencias entre personas naturales mediante pago móvil tienen un cargo de hasta el 0,30 % del monto, con un mínimo de Bs. 14; las operaciones de persona a comercio pueden llegar al 1,50 %, y las de comercio a persona hasta el 2 %.

​El punto más crítico es que el mínimo pasó de Bs. 2 a Bs. 14, un incremento del 600 %, aplicable incluso a operaciones fallidas o reversadas.

​Consecuencias para la población

​El efecto más directo es la pérdida del poder adquisitivo. En una economía donde muchas personas realizan transferencias pequeñas y frecuentes para pagar transporte, alimentos, servicios o deudas, un cargo mínimo elevado pesa proporcionalmente más sobre quienes manejan menos dinero.

​Para los comerciantes, especialmente los pequeños, las comisiones reducen el margen de ganancia o los obligan a trasladar el costo al precio final. Esto puede alimentar la inflación y desincentivar el uso de pagos digitales, justamente en un contexto donde el efectivo es escaso y las transacciones electrónicas son indispensables.

​Además, cobrar por una transacción fallida o reversada resulta especialmente criticable: el usuario no recibe el servicio correctamente, pero igual asume un costo. Desde una perspectiva de protección al consumidor, esto plantea dudas sobre la proporcionalidad y la equidad del cobro.

​Las comisiones pueden justificarse cuando cubren costos reales de infraestructura, seguridad, procesamiento y mantenimiento del sistema financiero. Sin embargo, en Venezuela el problema no es tanto su existencia como su diseño y magnitud: cuando el cargo mínimo aumenta siete veces, deja de ser un costo operativo marginal y se percibe como un «impuesto silencioso» sobre la vida cotidiana.

​Existe, además, una paradoja regulatoria: el BCV fija los topes y mínimos, pero también es el ente que autoriza los cobros de servicios especializados. Esto concentra demasiado poder de decisión en un solo organismo y limita el espacio para que usuarios, comerciantes y organizaciones de defensa del consumidor discutan abiertamente la razonabilidad de las tarifas.

​La transparencia formal —publicar tarifarios— no basta si el usuario no puede comprender fácilmente cuánto pagará antes de ejecutar una operación. La ley exige información fidedigna y clara sobre comisiones y cargos; en la práctica, deberían reforzarse los avisos previos, los desgloses en los comprobantes y los mecanismos eficaces de reclamo.

​Propuestas de acción

​Revisar periódicamente los mínimos fijos: esto es lo que debería hacerse, especialmente para operaciones de bajo monto.

​Eliminar o reducir comisiones por transacciones fallidas atribuibles al sistema bancario.

​Garantizar tarifas diferenciales para personas de bajos ingresos, estudiantes, adultos mayores y pequeños comercios.

​Fortalecer la supervisión de la SUDEBAN y el BCV sobre cobros no autorizados, cobros duplicados y falta de información clara.

​Publicar simuladores oficiales que permitan calcular el costo real de una transferencia antes de realizarla.

​En definitiva, las comisiones bancarias no son ilegales ni necesariamente injustas, pero en Venezuela su reciente escalada afecta de manera desproporcionada a quienes más dependen del pago móvil y de las transferencias. Un sistema financiero que aún ata a los bancos a la inmovilización de dinero debido al alto encaje legal —el cual impide impulsar el crédito— debería facilitar la inclusión económica, no encarecer cada gesto cotidiano de pagar, cobrar o enviar dinero.

​José Gregorio Figueroa

@figueroazabala

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