Opinión

La fidelidad del Maduro al Chávez Por Marlon Jiménez

Todos recordamos cuando a un día de la partida del Hugo a Cuba; Maduro, vicepresidente encargado de la Presidencia por «delegación especial» a petición del Fidel, en un acto público donde hasta lloró, dijo: Le seré fiel al comandante hasta más allá de la vida. La fidelidad, esa que dice Maduro tenerle a Hugo solo se concreta en el mundo terrenal. La fidelidad es la voluntad de creer en algo eterno y de expresar tal creencia en la vida práctica de un ser humano. Es decir, no hay certidumbre de que esa fidelidad pueda trasladarse en tiempo y espacio y que haya una identificación de la existencia del propio yo en el curso de sus actos trascendentes.

El desarrollo de la política en toda la historia de la humanidad, analizado bajo la óptica de la «Filosofía de la lealtad», ha constituido un tema verdaderamente apasionante y encaminado a buscar un fundamento concreto que permitiese apoyar la acción moral, también concreta, y con ello la acción humana como consagración consciente, práctica y completa de una persona a una causa. La fidelidad puede ser, por lo demás, central o periférica, absoluta o relativa. La fidelidad, es uno de los fundamentos ontológicos de la existencia, la cual requiere, para huir de la aniquilación de sí misma a que la condenaría la infidelidad y la muerte, el vivir dentro del reconocimiento de lo permanente y lo durable. El vivir en la fidelidad no es una mera forma de vida al lado de otras posibles, sino que es el fundamento de la existencia, el conjunto de condiciones que la hacen posible.

A finales del 2011, manifesté: “Me cuesta creer, y hasta ahora la historia no se ha equivocado, que las apetencias personales de quienes en su conjunto integran el PSUV se dispararían si le llegara a ocurrir a Hugo, lo que ocurrió; algo que pueda poner en tela de juicio su desenvolvimiento como jefe de Estado. La pelea por el control político va a ser a cuchillo y la fidelidad de la que hoy ostentan será la carga pesada que dejarán a un lado”.

Hoy, el “comandante eternamente enterrado” es historia; su otrora liderazgo y su figura política está, enclaustrada en el museo de la montaña; por cierto, sitio donde la misma historia señalará, que allí, “se gestó el mayor acto de cobardía de un comandante que, atentó de manera miserable contra la Democracia robusta de un País líder en el subcontinente americano y además cuna de los forjadores de la libertad del mismo”. Pero su entierro definitivo está en la consciencia de quienes le siguieron en el poder y cuyo recuerdo es solamente “reminiscencia” de la filosofía malsana que este señor construyó en su permanencia en el poder, y, que llamó REVOLUCIÓN DEL SIGLO XXI.

Para el Maduro, el Padrino y sus asesores cubanos, lo mejor que pudo haber ocurrido fue la muerte del precitado comandante. Fidel, intentó en múltiples oportunidades apoderarse de Venezuela, pero no contaba con el ejército de nuestro país, que repelió con la “furia titánica” de su legado histórico, las fuerzas comunistas que lo intentaron. Ninguno de ellos se recuerda de ese “ingenuo personajillo” de la historia; como tampoco, se recuerda en Cuba la figura revolucionaria de Camilo Cienfuegos; ambas muertes ocurrieron en circunstancias muy comprometedoras con el ejercicio del poder comunista tangible y malévolo. Cada vez es más claro, las manos criminales cubanas que se interpusieron en el logro de la muerte del Hugo; no porque éste no iba a seguir los pasos indicados por los asesinos cubanos, sino porque el Maduro era una “ficha” que Fidel tenía en sus manos, muy bien “atesorada” para proponerlo, como en efecto sucedió, como el sucesor del “arañero”. Es decir, la única fidelidad del Maduro es a FIDELidad.

La fidelidad del Maduro al Hugo, es para el primero repugnante y que, además le causa actividad estomacal diarreica, tener que recordarse de él, y cuando eso ocurre para quitárselo de la mente se “tira un pedo” para que el ruido aleje esos pensamientos. La familia del Chávez (ni falta que hace) desapareció de la actividad del poder en Venezuela; el padre y la madre, no son ni frio ni calor; los hijos, (tienen la suerte de haber robado bastante) también los “sacaron” del aire por orden cubana y aquellos militares fieles al Chávez, tampoco están en el poder y donde estén “le hieden” al régimen; muchos reposan, por su fidelidad infinita al Chávez, en las mazmorras del régimen y allí la orden es que permanezcan hasta su muerte. Sólo aquellos militares propuestos por el comunista procubano Padrino López pueden ejercer cargos de poder en la FAN o en los ministerios, esa es una orden cerrada; el payaso del Diablodado ya no tiene ningún poder. Es decir, el Chavismo “murió” con el régimen en el poder; la “fidelidad” a su figura está en el cementerio de Sabaneta en el Estado Barinas. Ambas formas de gobierno son destructivas, restrictivas y autoritarias: fuimos de mal en peor.

@marjimgar|Profesor universitario|marjimgar@hotmail.com

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