“Poner límites no sólo es saludable, sino que en muchos casos, es esencial y vital para poder vivir en paz y en equilibrio”
Una esencia del bienestar es el equilibrio que nosotros mismos forjamos, trabajamos y establecemos tanto de nuestro interior como de nuestro entorno.
El cómo nos sentimos, actuamos, nos comunicamos, queremos y hacemos es propicio para desarrollar y nutrir un buen equilibrio mental, emocional y espiritual.
Parte de esto, son los límites que ponemos a nuestro alrededor, sin hacer juicios de valor sobre las personas, sino basándonos en sus conductas, actitudes y cómo ellas nos hacen sentir.
Los límites son pautas que marcan nuestra interacción con los demás. Es una pauta que nos ayuda a desarrollar relaciones más saludables y por ende, a gozar de una buena salud mental y emocional.
Aclaro que esto no tiene que ver con ser egoístas o con que unos se sientan más que otros poniendo límites. Esto se relaciona con lo bien o mal que nos sintamos con algunas personas. Tampoco quiere decir que al poner límites los demás son malas personas.
Esto tiene que ver con que no todos los seres humanos coinciden en ciertos puntos y por ende, quizás hay formas de ser o actitudes con las que algunos no congenian. Tiene que ver con las propias experiencias de vida que nos llevan a tomar decisiones y a cercar nuestro entorno.
Poner límites no quiere decir que siempre tengamos la razón o que nuestra opinión es la que prevalece sobre las demás, como si fuera una imposición. Tampoco que seamos sinceros sin tener tacto o sin tomar en cuenta los sentimientos y pensamientos de los demás.
Es fundamental que las decisiones que tomes te hagan sentir bien, que tengas conciencia que todos son diferentes, que puedes expresar lo que quieres sin dañar a los demás.
Hay líneas que no deben ser cruzadas, por ejemplo, el metro cuadrado de cada quien debe ser respetado así como las ideas y opiniones de cada persona.
Cuando me refiero al metro cuadrado, no es el territorio físico que nos rodea como tal, es ese espacio donde no se debe tocar, ese lugar nuestro, donde nos sentimos mental, física y emocionalmente bien y que protegemos para que nadie nos pueda agredir con sus actitudes, comentarios o comportamientos.
Priorizarnos y jerarquizar nuestras prioridades es esencial para poder poner límites. Además, de hacer realmente las cosas que nos nazcan, sin sentirnos obligados a hacerlo. No priorices a los demás sobre ti mismo.
Saber qué queremos, qué necesitamos o qué nos hace sentir bien y cómodo es fundamental para poder poner límites, porque debemos conocernos muy bien y saber nuestras propias necesidades.
Esto ayuda inmensamente a darnos el lugar que merecemos, a sentirnos bien y a fortalecer nuestra autoestima, porque además serás libre de expresar lo que deseas sin sentir culpa alguna, sobre todo a decir no, cuando así lo sientas.
Lo importante es que puedas establecer relaciones más sanas y equilibradas al poner límites y a respetarlos.
Para establecer límites es imprescindible trabajar en la asertividad para poder desarrollar la capacidad de decir no. Cuando aprendemos a decir no, es cuando tenemos claras nuestras prioridades y necesidades, y fundamentamos nuestras decisiones en argumentos sólidos.
Debemos liberarnos de las cadenas que nos ponen las opiniones externas, del qué dirán. No necesitamos que los demás validen lo que nosotros deseamos hacer. Si estamos seguros de lo que queremos, nadie tiene porqué hacernos dudar de nuestras decisiones.
Recuerda que estamos en equilibrio cuando vivimos en armonía con nosotros mismos y lo que nos rodea. El bienestar viene precisamente de esa armonía.
No olvides que poner límites es tan sano como tener autoconocimiento de lo que te hace sentir bien.
“Los límites que pongo son para respetarme, no para ofenderte”
Escrito por Aylen Bucobo / En todas las Redes Sociales @aylenbucobo
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