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Lea Editorial de Analítica.com ¿Por qué siempre terminan pateando la mesa?

La razón es muy simple, la negociación nunca ha sido el objetivo, solo fue una excusa para ganar tiempo y poder seguir mandando a su manera, es decir, fuera de las leyes que constriñan su poder.

La estructura del estado que ellos han instaurado reposa en una metástasis de la corrupción, ya que no tienen otra manera de mantener maniatada a una desmedida burocracia a la que no pueden remunerar con los ingresos ordinarios del Estado. Por ello, no sólo se hacen la vista gorda frente a los “resuelve” de los funcionarios públicos que, para agilizar cualquier trámite administrativo, requieren que se engrasen las poleas de la organización en la que viven con sueldos miserables. Es por eso que proliferan los gestores que garantizan la entrega oportuna de pasaportes o ahora los soldados que para evitarle un larga cola al conductor para que llene de gasolina el tanque de gasolina aceptan algunos dólares y así adelantan a los que esperan y desesperan.

Pero también están las alcabalas, que proliferan como hongos, y en las que los policías exigen de los conductores cuanta documentación exista, para detectar si alguna falta y así resolver la situación previo pago de alguna coima.

No se diga de las mayores, que se observan alrededor de las industrias controladas por el Estado, en las que se pueden observar equipos adquiridos pero no instalados, que duermen el sueño de los justos en sus respectivos containers.

En fin, una negociación trae necesariamente consigo establecer un nivel de transparencia y de legalidad que no le conviene a los que viven y subsisten al margen de la ley y ellos harán lo imposible para contener aquello que pueda afectar su modus vivendi.

Por ello siempre habrá una excusa para patear cualquier mesa de negociación bien sea poniendo condiciones previas imposibles de aceptar o encontrando subterfugios pseudo legales para detener algo que pudiese eventualmente concretarse.

Un régimen, como el que impera actualmente en Venezuela, ni es monolítico ni vertical. Se mantiene horizontalmente por la suma de parcelas de poder, en las que cada “reyecito” controla un espacio y sólo se unen todos para evitar que se fragmente el beneficioso desorden imperante.

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