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LO QUE EL VAMPIRO LACAVA NO VE: Femicidios y violencia de género, una realidad nacional que se acentúa en Carabobo

En más del 50 % de los casos las víctimas fueron asesinadas por su pareja o expareja. Si a esto se le suma los casos perpetrados por familiares el porcentaje de femicidios asciende.

Valencia. Año tras año los casos de femicidio y violencia de género en Carabobo son mayores. Expertas que trabajan en el Observatorio Venezolano de Violencia (OVV), el Ministerio de la Mujer y la Secretaría de la Mujer del estado insisten sobre un tema que se mantiene en el foco de atención de organizaciones de derechos humanos, pero que continúa causando víctimas.

Gianina Fusco, coordinadora del Observatorio Venezolano de Violencia, capítulo Carabobo, explicó a Crónica.Uno que la entidad central nunca sale de los cinco primeros puestos en casos de mujeres asesinadas y actualmente tiene el segundo lugar.

Hasta la fecha van 24 femicidios, cinco más que en 2021 y en el año 2020, cuando se registraron 18.

“No hay un mes del año en el que no haya ocurrido un femicidio. De hecho, en septiembre hubo cuatro casos”. De esos, 13 fueron perpetrados por las parejas de las víctimas.

Pero hay más. Los casos de violencia de género también son altos. El Observatorio Venezolano de Violencia cifra 350 casos solo en los primeros seis meses del año.

Fotografía: Armando Díaz

Según cifras de Utopix, en Venezuela hay un femicidio cada 39 horas, pero en 2016 era un femicidio cada 76 horas.

Sistema machista

La violencia de género no es solo contra la mujer. Cuando es de mujer a hombre, Fusco explica que los funcionarios le restan importancia y a veces ni toman la denuncia.

Este año hubo un caso en el que un hombre era acosado y agredido por su mujer, y cuando fue a poner la denuncia no solo no lo hicieron, sino que le dijeron entre risas que ‘fuera a controlar a su loca’”.

Un mapa ensangrentado

De los 22 casos registrados, en 12, la mujer decidió dejar a su pareja y por eso este la mata, y en otros seis, tuvieron como desenlace el suicidio del feminicida.

A diferencia de 2021, cuando solo 9 de los 14 municipios tuvieron algún femicidio, en 2022 subieron a 12. En ambos años 60 % de los casos se presentaron en el municipio Valencia, específicamente en las parroquias Miguel Peña y Rafael Urdaneta, zonas en donde vive el grueso de la población obrera. Solo Diego Ibarra y Miranda no han suscitado crímenes. Las víctimas suelen tener entre 30 y 50 años, y tienen parejas consolidadas.

Fotografía: Armando Díaz

Aunado a esto, Fusco ve que no hay una política de Estado sobre la materia.

No hay un programa de prevención, no hay un lugar donde recibir a las maltratadas. No existen casas de abrigo. ¿A dónde acudes? Terminas regresando al lugar en donde te agredieron”, indica Fusco.

El “niño roto”

Hace 21 años, a Nemira Llovera le levantaron la mano por primera vez, tenía 18 años. En ese entonces la violencia comenzó con gritos. Asuntos como no hacer las labores del hogar desencadenaban la violencia.

El embarazo y la falta de dinero empeoraron todo. De hecho, si Nemira olvidaba sacar a su bebé a tomar el sol por la falta de bilirrubina, su pareja la insultaba diciéndole “parásito”.

Tras años de reflexión cree que su violencia tenía que ver con que su expareja fue un niño que vivió maltratos y rechazo. “Reflejaba lo que vivió”.

Sin embargo, un día lo enfrentó. Ahí le gritó, lo golpeó y como ella dice “fue peor”, porque la golpeó en el ojo y luego venían los lamentos y promesas. Pero seguía.

Muchas veces me perseguía en el trabajo para ver con quien hablaba y me revisaba el teléfono. Tenía hasta celos de mi madre”.

La relación entre Llovera y su pareja duró un año y quince días, en donde sufrió hasta abusos sexuales.

El hambre fue lo que le hizo dejar de callar, para ese entonces ya llevaban ocho meses juntos. Luego empezó a planificar su huida, la cual decidió hacer tras dar a luz.

“Le pedí que llevara mi carta de renuncia al trabajo, cuando ya yo lo había hecho. Ahí me cuadraron un taxi y me fui lejos, para Táchira y con mi bebé en brazos”.

Pero hubo secuelas. No solo para ella, sino para sus allegados: amenazas de muerte para su madre y hermano, o la golpiza a su tío, pero la peor secuela fue la incapacidad de tener relaciones duraderas en el tiempo.

Hace seis años, el exmarido de Llovera fue asesinado y las razones no están claras.

Las dos conciliadoras

Yanet Tejada y Luci Fuentes ven historias así a diario, tanto en el Ministerio de la Mujer como en la Secretaría de la Mujer del estado Carabobo.

Ambas sostienen en sus manos la ley que busca proteger a la mujer ante todo tipo de violencia y expresan que aunque recientemente ha sufrido reformas. aún falta mucho por hacer, sobre todo en la educación.

Fotografía: Armando Díaz

Para las dos expertas, la ley es muy importante, pero más allá de eso se necesita un cumplimiento. Tejada destaca un caso reciente en el que un hombre agredió a su mujer y aunque la denuncia se interpuso en fiscalía aún el caso no se ha procesado. “Ya ha pasado un mes”.

Estas mujeres se definen como conciliadoras.

Nosotras vamos a la casa de las personas y tratamos de mediar. Le mostramos las consecuencias de sus actos y le recordamos que cada acción tiene una consecuencia”, explica Tejada.

Eso fue lo que pasó con un vecino de Tejada. “Hable con él en múltiples oportunidades, pero decidió seguir y le dio cuatro palazos a sus mujer en la cabeza y la dejó con 36 puntos de sutura”.

Fotografía: Armando Díaz

Fuentes opina que todo viene de hogar y por eso saca a relucir lo que ella define como los “niños rotos”. Es decir, menores de edad que viven dentro de una espiral de violencia.

Pero la educación está lejos de ingresar a la vida escolar venezolana y carabobeña. No existen propuestas. “Las comunidades deberían tener a un grupo nutrido de personas que te preparen, pero eso no es posible y si ocurre, van dos semanas y luego no vuelven más”.

Sin embargo, estas mujeres no cuentan con presupuestos para trasladarse por la región, por lo que ellas corren con los gastos.

Fotografía: Armando Díaz

Fuente Cronica.uno.

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