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Opinión: Anécdota de Elías D’onghia, Por Héctor Alonso López



En ocasión de su fecha de nacimiento

Cuando fue designado Gobernador entre muchos invitados fuimos CAP y yo. Elías vestido de impecable traje blanco y corbata roja, ya colocada la banda símbolo de poder que cubría su pecho inició un vibrante y fogoso discurso. Arrancó todos los aplausos que quiso. Pero se notaba que la banda que le habían colocado no era de su talla. Era mas grande que la talla del gobernador. Pero como el discurso era muy emotivo gesticulaba con mucha fuerza que la banda se resbalaba del hombro que la sostenía. La banda subía y bajaba. Pasó tanto tiempo luchando contra aquella incomodidad que ya lo asistente estaban más pendientes de la banda del gobernador que se deslizaba a cada movimiento que ya provocaba risa cuando venía bajando y cuando Elías la volvía a sitio. CAP y yo nos mirábamos y nos advertíamos el espectáculo de la banda. Al rato ante tanto batallar Elías nos generó el mas simpáticos e impredecible acontecimiento. Su agitado discurso tomó más emoción y agitaba sus brazos y la banda llegó resbalada a la mitad del cuerpo y Elías no lo quedó otra que sacarla por las piernas y subió los pies como quien se quita una prenda íntima. Allí, la situación llegó al clímax y la gente al ver que se liberó de la banda estalló en carcajadas y estruendosa ovación. Elias sintió que ese era el momento de la apoteosis y concluyó su discurso. CAP y yo nos sumamos al jolgorio con lágrimas de tanto reír, ver las carcajadas colectivas y los atronadores aplausos alcanzados por un líder auténtico carismático que recién se juramentaba como gobernador del estado Portuguesa.

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