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Opinion: Carta abierta al diputado Adolfo Superlano Por Jorge Arellano

LA TRAICIÓN: UNA MANCHA QUE JAMÁS ENVEJECE….

Adolfo…
Luego de lo sucedido en el seno de la Asamblea Nacional estuve pensando como escribir lo que sigue y ante dudas que me asaltan llegué a la conclusión que debo plantear el asunto con la mayor responsabilidad, porque le debo respeto y consideración a toda la población del Municipio Bolívar del Estado Barinas, a Barinitas, lugar donde constituí mi hogar, hogar que usted conoció, donde lo recibí con toda la jovialidad y calidez que caracteriza a una familia andina como la mía.

Adolfo, usted es un político, -hasta el 05 de enero-, de oposición, de muchos años de trayectoria, con usted compartí momentos de lucha, persecuciones, derrotas, sinsabores e infinidad de horas en el programa de radio «Punto y coma», donde precisamente, juntos, denunciamos hechos de corrupción por parte de la administración chavista en el Municipio.  También, Adolfo, me retrotraigo a las veces que mi equipo y yo nos pusimos a sus órdenes sin esperar nada como contraprestación, solo nos movía el deseo de cambio y de lucha por conseguir la libertad de Venezuela. Adolfo, recuerdo también como, en el año 2015, trabajamos incansablemente para llevarlo a usted a ganar la diputación por el Estado Barinas. Con el éxito alcanzado en la Asamblea Nacional, por usted y por los demás diputados opositores, sentimos que se había logrado el trabajo y que se estaba materializando la lucha por el objetivo común de derrotar la Dictadura.
Pero, tristemente Adolfo, todo esto, el fruto de nuestro esfuerzo físico, mental, intelectual, a riesgo de nuestra integridad y de la vida misma fue, el 05 de enero vilmente mancillado, enviado todo al caño de las aguas negras, por la conducta oprobiosa, genuflexa, miserable, inmoral, lochera suya y de “los otros”  diputados que vendieron la fe,  vendieron el pueblo, vendieron la Patria a cambio de dinero manchado de sangre, manchado de muerte.

Adolfo, ya venía usted mostrando poca moral cuando se ausentó de la Asamblea Nacional para impedir el quórum requerido para elegir el Directorio del CNE. Fue allí donde me invadió la incredulidad, pero su actuar el 05 de enero pasó a ser la mayor traición que puede un hombre hacer a su pueblo. Barinitas debe estar llorando. Barinas debe estar avergonzada. Venezuela ha perdido la esperanza. Adolfo, usted y “los otros” vendieron el voto que los llevó a ser diputados. Y me refiero al voto para no hablar de cada uno de los venezolanos que sufragaron con la esperanza de volver a tener un país libre y más allá de ser libres, simplemente tener en sus mesas un plato de comida.
Adolfo, usted se salió del camino, -o no sé si siempre estuvo fuera de él-. Que pena siento de haber creído en usted. Qué pena siento de haber convencido a tantas personas para que votaran por usted. Que pena siento por quienes me acompañaron para cuidar sus votos. Que pena siento por la traición que usted cometió. Que pena siento por su familia. Que pena siento por sus hijos a quienes les ha colocado la cruz de la vergüenza y la traición.  Que pena siento por mi país.
Adolfo por políticos como usted hay millones de personas como yo. Si. Millones como yo, que estamos fuera de Venezuela, expatriados, separados de nuestras familias, de nuestras querencias por adversar la dictadura,  otros millones más que mantienen el luto por la muerte injusta de un familiar a manos de la represión dictatorial y  mas millones que tratan de sanar sus carnes heridas por el acero de la crueldad de las balas, perdigones o lo que sea que lanza el cruel régimen y el resto de millones que esperan que la felicidad regrese a casa y  veo pasmado como usted se alía con quien hace la espada que decapita la esperanza de todos los venezolanos.

Me despido de usted, significandole que el cuerpo envejece, usted ya ha envejecido y lo hará más porque tendrá que ser testigo que su traición y la de “los otros” jamás envejecerá.

Dios permita la libertad de Venezuela.

Jorge Arellano

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