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Opinión: CORRUPCIÓN TOTAL, Por Eduardo Casanova Sucre



Un nuevo escándalo acaba de producirse en Venezuela, pero parecería que ya no existe en el país la voluntad de castigar culpables, sobre todo si se dicen “revolucionarios”. A CAP se le siguió un juicio político por invertir, con todo derecho, una pequeña cantidad de su partida secreta en una causa justa, en ayudar a Nicaragua a recuperar y mantener su democracia. Y bastó la denuncia interesada de un canalla para que otros canallas llevaran adelante aquella farsa de juicio que tanto le costó a nuestro país. Pero nadie alzó la voz cuando el canalla mayor, el tal Chávez, malgastó el dinero de los venezolanos en ayudar causas malvadas en nuestra América y en Europa. El escándalo del obeso Antonini, pillado con las manos en la masa mientras llevaba dinero sucio a los socios del chavismo en Argentina no generó juicio alguno. Y ahora vemos algo realmente grotesco: un “cantante” dominicano de baja estofa reconoció que el usurpador Maduro le pagó una cantidad desorbitante de dólares para que le cantara en Miraflores por su cumpleaños. Desde luego, hay quienes dicen que el “cantante” estaba en su derecho y podía cantarle a quien quisiera, y cobrar lo que le diera la gana. Pero ese no es el tema. El tema es que se le pagó con dinero público, con dinero de los venezolanos, que en ese caso, además, se malgastó. El tal “cantante” dominicano no pudo contener la lengua, muy orondo habló de sesenta mil dólares (US$ 60.000,00), pero la opinión generalizada es que debe haber sido mucho más. Como también cobró una fortuna un pésimo “actor” llamado Steven Seagal por posar con el usurpador blandiendo una espada de utilería, también en Miraflores. Peculado genérico, malversación y peculado de uso, por lo menos, y no hay un contralor que investigue que averigüe o que reclame ni una sociedad activa que haga valer las leyes. Y eso no es otra cosa que una mínima punta de iceberg de lo que todo el mundo sabe que está pasando desde hace más de veinte años en Venezuela. Desde que el populismo, la más nueva de las versiones del socialismo, se instaló en nuestro golpeado país. Un populismo tropical, entreverado con militarismo, que es otra de las versiones modernas del socialismo. No es ningún misterio que el socialismo nada en corrupción. En corrupción pura y simple, en corrupción administrativa, en corrupción social, en corrupción total. El socialismo es corrupción, corrupción política. Y eso es algo que pude ver y comprobar en la China continental, la China comunista, cuando viví en Beijing como embajador de Venezuela. Era algo evidente y hasta descarado. La desigualdad que existe en los Estados Unidos o en Europa es nada, comparada con la desigualdad que impera en la China comunista. Los jefes y cuadros del Partido Comunista, que es hasta constitucionalmente el amo del gobierno y del país, viven como príncipes. Se visten mucho mejor que los demás, usan automóviles de lujo, casi siempre Mercedes Benz, compran todo lo que quieren en las “Tiendas de la Amistad”, que no admiten chinos del común, pues son para diplomáticos y ejecutivos de transnacionales, lo que es de por sí una muestra de corrupción. Los jefes (y no hay que olvidar, insisto, que de acuerdo a la Constitución china tanto el gobierno como las fuerzas armadas como la policía son ramas del Partido Comunista, de modo que los jefes son necesariamente comunistas, es decir, socialistas) viven infinitamente mejor que los demás. Es impresionante ver las viviendas que se gastan, verdaderas mansiones que envidiaría cualquier multimillonario europeo. Más de una vez, cuando fui a hacer efectivo un cheque en el banco principal, vi al jefe de la corporación oficial dueña del banco llegar rodeado de guardaespaldas que sacaban a empellones a los que estaban en el ascensor, porque el jefe y sus guardaespaldas no permiten pelabolas en su espacio cercano. Y eso es tan corrupción como meter la mano en el erario público, cosa que también hacen sin la más mínima vergüenza. Oficialmente la corrupción está penada nada menos que con la muerte, pero los pocos casos en que la pena de muerte ha sido aplicada lo ha sido por razones políticas, para salir de rivales de los poderosos. No conocí la Unión Soviética ni estuve en sus satélites europeos, pero me aseguran los que sí estuvieron y conocieron ese medio que era igual que en China, que la corrupción se notaba hasta en las caras de los jefes políticos. En Cuba sí estuve, y me impresionó la corrupción descarada de los capos. A los pelabolas cubanos no se les permite poner un pie en los hoteles destinados a turistas e invitados del gobierno cubano, pero cuando estuve alojado en el “Habana Libre” me visitó un miembro del gabinete que fue mi colega en Copenhague cuando fui embajador de Venezuela y después fue nombrado ministro de Vivienda, y no solamente me invitó a almorzar a cuerpo de rey sino que me regaló una botella del mejor whiskey escocés. Y me cuentan que cuando Gonzalo García Bustillos fue embajador de Venezuela en Cuba, Fidel Castro lo visitaba dos o tres noches por semana y en cada ocasión le llevaba una botella del mejor escocés. En un país cuya población está pasando hambre (que es otra de las realidades que me impresionó en esa visita a Cuba en 1980, la miseria de la población y el contraste con la opulencia de los jefes socialistas). ¿Y por qué son tan corruptos los socialistas? No los soñadores, los que de buena fe creen en el socialismo, sino los capos, los jefes, los dirigentes. La respuesta es evidente, casi una perogrullada. Los soñadores, los ilusos, los que de buena fe creen en el socialismo, se han dejado engañar de buena fe por los jefes. Quieren una vida mejor para todo el mundo y los han hecho creer que el socialismo la ofrece. Pero los jefes, los capos, los dirigentes saben perfectamente que no es verdad, saben que el socialismo acaba con los países, y lo han comprobado más de una vez. Pero lo callan y siguen engañando a los incautos. Mienten deliberadamente, engañan, embaucan, y desde luego, no les importa ser deshonestos. No les importa ser corruptos. ¡Y lo son! Por supuesto, a veces tratan de tapar el sol con un dedo. Como el presidente de la corporación china, el mismo a quien vi sacar a los pelabolas del ascensor, que a la pregunta incómoda de un periodista de Hong Kong que quería saber por qué, si el entrevistado era comunista y alto jefe del partido comunista, vivía como un príncipe saudita, con dos o tres automóviles de lujo, una mansión inmensa, un jet privado, etcétera, y no tuvo empacho en afirmar que “se sacrificaba” a hacerlo porque era el jefe de una gran corporación china, y tenía que tener lo mismo que tenían los jefes de las corporaciones norteamericanas y europeas, para que no lo tuvieran por menos que ellos. Eso, señores, es corrupción pura y simple, como la que practican los enchufados venezolanos, que en un país depauperado tienen y usan sus bodegones y sus automóviles de lujo y gastan fortunas en restaurantes exclusivos y se vacunan contra el covid-19 cuando no hay vacunas para la población y son capaces de pagarle 60.000 dólares a un miserable “cantante” dominicano para que les cante en su cumpleaños en Miraflores o en cualquier otro lugar. Y no pasa nada. Pero a poetas e intelectuales los meten presos porque denuncian a los corruptos. Eso es el socialismo: corrupción total.

www.caigaquiencaiga.net no se hace responsable de los conceptos emitidos en el presente articulo de opinión.

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