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Opinión: El calvario de los maestros venezolanos, Por Robert Alvarado

Veraz…


“En un país cualquiera, en una época cualquiera, es inconcebible que el Estado deje abandonada capricho de las actividades particulares, la Orientación y formación de la conciencia de los Ciudadanos” Maestro Luis Beltrán prieto Figueroa

Después de la Semana Santa donde guardamos momentos y recordamos algo bello que es la vida del Maestro Jesús diciendo el camino la verdad y la vida y el mismo lo dijo en el evangelio de Juan 14:6 “Yo soy el camino, la verdad y la vida”. Solo quien acepte a Jesús y sus enseñanzas, y siga su ejemplo, puede entrar en el hogar celestial de su Padre. Jesús explica: “Nadie puede llegar al Padre si no es por medio de mí” por eso fue crucificado, muerto y sepultado. Al tercer día resucito, pero su historia nos llama amar al prójimo y una maestra me escribe su calvario lo que ocurre en Venezuela en referente a sus colegas. En el plano educativo domina la incertidumbre. El calvario de un maestro es el calvario de toda la sociedad

Es evidente que el gobierno ha conducido la vida del docente hacia un viacrucis similar al que vivió Jesucristo, el más ejemplar de los Maestros, al quitarle todo y obligarlos a llevar una cruz a cuestas, incrustando poco a poco, los clavos que los inmovilizan y los empujan irremediablemente a la desaparición.

Según como me lo expresa es que ¡Los Maestros Venezolanos Vivimos Un Calvario! EN VENEZUELA LAS ESTADÍSTICAS HABLAN POR SI SOLAS DE LA PANDEMIA POR COVID-19 Y SUS VARIANTES Y LAMENTABLEMENTE EL ESCENARIO QUE PRESENTAN ES APOCALÍPTICO En materia de pandemia, Venezuela presenta cifras de contagio y muerte que pueden calificarse de temibles y por lo que se observa a diario, el panorama promete de forma nefasta, ponerse más crítico en los siguientes días y al parecer… ¡meses!

Lastimosamente el gobierno no ha querido hacer nada para evitar el impacto del coronavirus sobre una población vulnerable, sin ingresos económicos para subsistencia alimentaria y menos aún de salud y lo único que se le ha ocurrido es radicalizar las semanas de confinamiento y perseguir a cualquiera que “ose violar” ese mandato, sin pensar que si encierra a una población desvalida, está obligado a socorrerla puesto que no tienen como sustentar a sus hijos corriendo el riesgo de morir por inanición.

Siento ese dolor de la colega Jesús de Nazareth en su narrativa: Como maestra le puedo decir que está limitada toda posibilidad de movilización de enfermos, de alimento de medicinas y eso obliga a quien sea, a salir a escudriñar el desecho que otros botan, a pedir como mendigos y a ver cómo se las arreglan para el resguardo de su existencia en la convicción ya experimentada de que el Estado no se está ocupando de lo que está obligado a hacer. Desde la perspectiva de un pueblo desasistido en materia de salud, social, educativa, económica, de seguridad y de pandemia, es imposible tener la certeza de poder llegar a puerto seguro… con posibilidades de progreso y lo que es peor; con probabilidades de vida.

Significa que el atraso y la miseria se apoderan cada día más, de un país al que ahora le ronda la muerte; la cual va dejando a su sombrío paso, un inmenso número de víctimas por las que se decreta ¡CUARENTENA RADICAL!, pero se le niega la vacuna; es decir, sin que observemos ningún tipo de medidas como las tomadas por otros gobiernos con mayor responsabilidad, a objeto de evitar el pavor que hoy ha conquistado el cuerpo del pueblo venezolano.

Hoy la clase gubernamental hace gala de la mejor representación de su incompetencia, al exhibir sus más anhelados logros: liquidación de salarios, desaparición de la moneda y extinción de la gasolina, empresas, comida, salud, seguridad e infraestructuras, así como la incapacidad para controlar la crisis generada por el virus chino a pesar de lo cual impide la entrada de la probable inmunización, mientras no sea para ser utilizada por la cúpula del poder o por sus asesores extranjeros, profundizando de esta manera, el abatimiento, la angustia, las calamidades y el temor a perecer, impuesto a la ciudadanía.

Maestros en estado de precariedad e indigencia

Es evidente que el gobierno ha conducido la vida del docente hacia un viacrucis similar al que vivió Jesucristo, el más ejemplar de los Maestros, al quitarnos todo y obligarnos a llevar una cruz a cuestas, incrustando poco a poco los clavos que los inmovilizan y empujan irremediablemente a la desaparición, a la extinción y a la nada, porque no resultan de utilidad para la tarea ideológico – formativa que precisa el poder de turno. ¡Los Maestros venezolanos vivimos un calvario! Sin citar nombres; pero con conocimiento de causa, puedo informarle que existe un sinnúmero de docentes; la mayoría de tercera edad, que presentan un estado de precariedad e indigencia, que duele y otros que han muerto por hambre y por falta de atención ante la existencia de enfermedades terminales desatendidas y/o por contagio de coronavirus.

Y es que esta es una constante no sólo de los docentes sino de la mayoría de la población, debido a que además de estar imposibilitados de participar de actividades escolares a distancia por falta de iniciativas de extensión de aprendizajes, también están desposeídos de alimentos, vestidos, calzados e insumos de salud, mientras esperan que en materia pedagógica, Aristóbulo Istúriz cumpla con la implementación de alternativas de educación a distancia por él prometidas en 2020; al inicio de la pandemia, a objeto de evitar el retraso que como huella deja, la ausencia de continuidad del proceso educativo y la falta de suministro de comida para los niños, niñas y adolescentes, a través del Programa de Alimentación Escolar (PAE).

Indudablemente que el país terminó de paralizarse con la llegada de la pandemia y a pesar de ello no escuchamos que al gobierno le preocupe esta prolongada y castrante inercia, por lo que es obligante preguntarse cómo se pueden rescatar áreas fundamentales para el progreso y desarrollo de una sociedad; entre ellas, la de mayor importancia e interés: La educación como herramienta cualitativa a la cual debe asignársele el presupuesto que permita una adecuada nivelación de los aprendizajes y junto a ello cuidar al profesional de la docencia con salarios que dignifiquen su labor; sobremanera en estos momentos en los que se viven las terribles circunstancias resultantes de la pandemia por coronavirus.

En síntesis; en el marco de la crisis ya existente en Venezuela, profundizada ésta con la llegada de la pandemia, es necesario la cuarentena; sí; pero acompañada de estrategias de movilidad y avance que permitan a cada uno de los sectores de la sociedad, sentirse, no solamente vivos, sino también útiles.

En tal sentido el discurso gubernamental no puede ceñirse nada más que al lado que le beneficia, puesto que con ello contraviene toda opción de recuperación en todos los niveles y hace notar que busca ocultar un marasmo preestablecido generado por la carencia de políticas prospectivas, y generadoras de abundancia, estabilidad y progreso.

¿Cuarentena radical o flexible?

Cualquiera de las dos se traduce como encierro. Y sí; pero acompañada de todos los insumos necesarios para la supervivencia, de todo el material, la técnica y los medios para la pedagogía, para alcanzar objetivos académicos y formativos y de las medicinas y las vacunas necesarias para enfrentar los males personales, epidémicos y/o pandémicos. Señor gobierno; tiene usted la palabra decisiva entre salvar al país, a su educación y a su población o por el contrario… ¡Diezmarla!

Finalizo la Maestra citando una frase de su Augusto abuelo: “LO QUE NO ES DERECHO, ESTÁ PANDEA´O”

Esperemos que sirva de reflexión estas palabras de esta gran maestra que muchas veces los que nos gobierna desconoce que es un educador y ellos lo critican en forma humillante recuerdo como lo hicieron con la Rectora de la UCV Dra. Cecilia García Arocha y ella muy sabia le respondió: Maduro, estudie y gradúese de profesor UCV, para que pueda saber lo que siente un profesional al ser maltratado… Así son las cosas…

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