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Opinión: Más letal que el coronavirus Por  Ana María Matute

I

Estoy infinitamente agradecida con los médicos del Hospital Domingo Luciani. Léase bien, los médicos. Ellos hacen lo imposible por salvar vidas. Son héroes. No tienen con qué hacer un simple diagnóstico en emergencia, mucho menos llevar a cabo tratamientos de alto riesgo, y sin embargo, los inventan y los hacen.

La Unidad de Politraumatismo no tiene agua corriente y tampoco los implementos necesarios. La mayoría de las veces los residentes de cirugía llevan sus propios guantes desechables e improvisan toda clase de tubos y conexiones para hacer su trabajo.

Allí comenzó el proceso para salvar mi vida. Pero vi a enfermos que no salieron de allí caminando. Como un pobre hombre con politraumatismos que casi no respiraba. A simple vista, no había hueso que tuviera sano, ni siquiera el cráneo, y sin embargo lo mantenían.

Solo funciona un aparato de rayos X que sirve para hospitalizados y para emergencias. Me tocó hacer una cola con mi tubo en el pulmón de por lo menos cuatro horas para que me hicieran una radiografía. Mi acompañante debía tomarle una foto con su celular para que el médico pudiera verla.

II

Mayer Oropeza debió llegar en muy mal estado al Domingo Luciani. Pero primero pasó por una clínica privada que queda muy cerca de donde la atropellaron.

El personal de esa clínica no se parece en nada al del Domingo Luciani. Lo que tienen en equipos e implementos les falta en humanidad. Los médicos deben haber olvidado el código de deontología médica y el juramento hipocrático que hicieron al graduarse.

De eso adolecen muchos. Prefieren hacer cumplir las reglas que dictan los administradores y directivos de las clínicas antes que salvar una vida. Si no tienes seguro no puedes ser salvado. Yo me pregunto si era muy difícil hacer como en otras partes, atender primero al paciente y luego negociar la deuda. Sobre todo un paciente que viene de ser arrollado en la calle y que presenta politraumatismo craneoencefálico.

La mayoría en el país carece de una póliza de seguro que pueda cubrir un accidente como ese. Mayer necesitaba cuidados intensivos y sé que muchos hubieran colaborado para pagar la cuenta que se generara por esto. No sé si hubiera sobrevivido, pero estoy segura de que los médicos de esa clínica estarían más tranquilos ahora de haber intentado salvarla.

III

Pero la falta de moral es más letal que el coronavirus. Y de esa enfermedad hemos estado padeciendo desde hace 20 años. Es lo que nos enseñó el chavismo. Cuando Chávez llegó al poder, el mensaje fue muy claro: obtuve lo que me propuse sin importar cuántos murieron en el camino para que yo lo lograra. Desde antes de la intentona golpista ese fue su objetivo.

Y lo mismo dirá el mandante de turno. Así que esa persona que atropelló a Mayer y que la dejó tirada en el piso sin ni siquiera ver por el retrovisor es producto de esa falta de moral y de escrúpulos que reina en el país desde que el fin justifica los medios.

No puedo pensar en una circunstancia que explique el comportamiento de quien hace algo tan terrible y no se detiene a ayudar. No hacerse responsable de los actos cometidos es lo mismo que aquellos militares que entraron a mansalva al canal 8 en 1992, mataron a un montón de gente y todavía andan campantes por la calle. O como los que dispararon contra la camioneta de Juan Guaidó y al día siguiente se despertaron felices a tomar café.

Eso que nos está pasando como sociedad es la peor epidemia que hemos sufrido. Pocos somos los que hemos sobrevivido a tanta maldad sin contagiarnos. Y en parte lo hemos logrado porque nos aferramos con todas nuestras fuerzas a la fe y a la enseñanza que nos dieron nuestros padres. El amor es el mejor antídoto y la mayor de las fuerzas.

Aunque el corazón se llene de pesar por acontecimientos tan aberrantes como la muerte de Mayer, debemos seguir luchando para conseguir el cambio y comenzar a erradicar esta peste del chavismo.

@anammatute

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