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Opinión

#OPINION Por Robert Alvarado: Frustran la esperanza ecuatoriana

 “Cuando un ser vivo muere, su cuerpo, que solo es una envoltura, se hace polvo, pero el espíritu toma una forma líquida. Unas veces es salada, otras veces puede ser dulce.” Candiani Carlos

Ver cómo “Frustran la esperanza ecuatoriana”  con el asesinato del candidato presidencial ecuatoriano Fernando Villavicencio, hecho acaecido el miércoles en horas de la tarde quiteña, es la más reciente demostración de un mal endémico que recorre todos los rincones de América: la violencia política. Villavicencio cayó víctima de las balas que con toda seguridad endosarán a delincuentes comunes, cuando mucho a grupos que desde ya han empezado a emitir descargos públicos, en medio de la campaña para las elecciones presidenciales del próximo 30 de agosto en el país suramericano. Fernando fue asesinado a tiros, disparos de un significado violento indiscutible, que tuvieron su origen en una contienda que pierde de esa manera su sentido democrático, porque si hubo tiros de por medio, y, en consecuencia, muertes como la de Villavicencio, el embate es contra la democracia, por más que pretendan solapar esa muerte con la crisis de inseguridad que azota a Ecuador y que cada vez parece ponerse peor.

Un atentado de esta magnitud lo califico de terrorismo político, un tipo de violencia muy específica, que consiste en neutralizar la voluntad del pueblo ecuatoriano en favor de quien tendría las mejores perspectivas de ser presidente de esa nación, por ello aparecen los sicarios, subrepticiamente, creando un cúmulo de incertidumbre respecto a su motivación y direccionamiento desde algún centro de poder, dejando infaustas certezas, primera, que acertaron en relación a su objetivo; segunda, la siembra de temor, más bien terror, en la sociedad ecuatoriana, apelando a la noción de terrorismo,  esparcida cual fuego en Hawaii, al poner a rodar virulentamente los videos del vil asesinato, y, después, tomando por sorpresa a propios y extraños con un video con una doble versión, incriminatoria y exculpatoria, ambas teniendo como protagonistas a una organización criminal denominada “Los Lobos”. Sin duda, todo ello acontecido conforme a un libreto, al mejor estilo de Netflix, sólo que se tronchaba, de verdad, una opción de gobernabilidad contraria a los intereses de pragmáticos del socialismo que se creen con derechos inalienables para detectar el poder político per secula seculorum y sin control ciudadano o constitucional alguno.

Fernando, le latió en la cueva a un grupo peligroso conformado y que actúa bajo la figura del socialismo del Foro de São Paulo, promotores, a decir de muchos, del narcoterrorismo en la América Latina. He ahí la razón, de que a este hombre sus detractores lo tildaran de “agente infiltrado de la CIA”, entre otras cosas, porque en los dos años de legislador hizo varias denuncias en contra de políticos afines al correísmo, dentro y fuera de Ecuador, según él, relacionados con el narcotráfico y la corrupción, con mención especial para capitostes del Socialismo del Siglo XXI.

Pronunciamientos viene y van por el crimen de Fernando, Emmanuel Rincón señala, en su cuenta Twitter, un precedente insoslayable de la violencia política que acabó con la vida del líder ecuatoriano: …Luego de que Fidel Castro asumiera el poder en Cuba tras la revolución de finales de los años 50, financió y asesoró revoluciones guerrilleras armadas en las principales democracias de la región, como es el caso de Colombia, Venezuela y Nicaragua; fue además partícipe de invasiones armadas en países africanos y asiáticos como Argelia, República Democrática del Congo, Siria, Angola, Etiopía, e intentó desestabilizar fallidamente Panamá y República Dominicana; desde ese momento ya estaba claro que Fidel iba por todo, sin embargo, la región y también Washington tardó mucho tiempo en comprenderlo…

Algo que nos toca de cerca, que posiblemente engruesó las motivaciones de su asesinato, Fernando denunció guisos de Alex Saab con el gobierno de Hugo Chávez, de Maduro, en los cuales estaba involucrado Rafael Correa desde el año 2011, no podía ser de otra manera, ese año la empresa del barranquillero, Fondo Global de Construcción, firmaba un contrato cercano a los 600 millones de dólares con el gobierno chavista para importar casas prefabricadas desde Ecuador, elegido como socio por Chávez, tanto por su afinidad ideológica, como por la facilidad que ofrecía ese país para pagar las exportaciones ecuatorianas a otras naciones del Alba en la moneda norteamericana. Resaltó, Villavicencio, el llamado caso de lawfare, relativo a la trama de corrupción que involucró a Alex Saab, Rafael Correa y Piedad Córdoba, entre otros de igual calaña.

El asesinato de Fernando se suma a una larga lista de candidatos presidenciales asesinados, como los casos de Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro en Colombia; Luis Donaldo Colosio en México y Robert Francis Kennedy en Estados Unidos, donde han muerto más presidentes en ejercicio que candidatos, cabe mencionar a Abraham Lincoln, James A. Garfield, William McKinley y John F. Kennedy, quienes también fueron privados de terminar sus períodos en el poder debido a la violencia política que no es nada nueva en América. La muerte de Fernando tiene una connotación antidemocrática y totalitaria. La muerte de quien era conocido como líder sindical, periodista de investigación y legislador, implica una gran pérdida para el pueblo ecuatoriano, que tenía la intención de elegirlo a través del voto y no mediante la violencia que lo convirtió en víctima.

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