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#OPINION Por Soc. Ender Arenas Barrios: Llámame dicta-dura

 Luego del ascenso en las encuestas de la intención de los venezolanos de producir un cambio de régimen este ha asomado su cara verdadera y ha desarrollado la violencia a escala ampliada.

Todas las dictaduras que nos han azotado como país tienen como característica común el ejercicio de la violencia directa.

Esta, que hoy domina al país, sin embargo, se diferencia de las anteriores porque desde los lejanos días en la que Chávez representaba la única mediación entre su régimen y los gobernados, haciéndose cargo del resentimiento de los sectores más pobres de la población inicialmente, construyó dispositivos de una violencia que pudiéramos llamar “violencia Cultural”.

De hecho, y creo que no es una exageración, Chávez es realmente el precursor de “la posverdad”, rentabilizó la mentira, la impuso como narrativa que liquidó la verdad común, recordemos como impuso como cierta una campaña publicitaria de que los venezolanos, durante la democracia civil comían “Perrarina” la gente le creyó….

Y, es que Chávez entendió como nadie la naturaleza de la irracionalidad del resentimiento.

En todo caso, esa forma de violencia, casi invisible, le sirvió al comandante para legitimar el ejercicio de la violencia directa desarrollada por mediaciones afectas al régimen que se encararon de construir enclaves autoritarios en el seno de la sociedad civil.

Con la desaparición de Chávez el ámbito de la violencia cultural desaparece y la violencia directa queda sin elementos que la legitimen.

Maduro carece de los atributos mediadores que encarnó Chávez y solo le ha quedado, a él y compañía, el ejercicio puro de la fuerza y eso es lo que hemos visto esta semana con los secuestros realizados de manera ostentosa por los cuerpos de seguridad del Estado contra dirigentes opositores del partido “Vente Venezuela”

Todo el país ha visto en videos el secuestro de algunos dirigentes de ese partido. Por cierto, esos secuestros nos recuerdan algunas escenas de la novela de Vargas Llosa:

“La fiesta del chivo” donde retrata la dictadura de Trujillo en República Dominicana. La similitud es asombrosa:

Igual que en la dictadura dominicana, a plena luz del día, carros, motocicletas y camionetas de alta gama, nada que ver con los escarabajos usado por matones de Trujillo. Es solo cuestión de recursos, el objetivo es el mismo: liquidar a los otros, con el mismo montaje represivo: hombres armados y vestidos de civil rodean al objetivo, en este caso Freitas, Camacaro o Vanegas, los introducen de manera violenta en los carros y desaparecen.

A la hora de escribir esta nota nadie sabe en qué institución policial los tienen detenidos

Ya lo sabemos: no hay nada más espantoso que cuando el que nos niega es el que tiene el poder.

Y, el régimen ha decidido de una vez por todas y sin el más mínimo pudor negar toda posibilidad de permitir que la gente se dé el cambio que anhela acudiendo a lo que parece ser lo único con lo que cuenta:

El ejercicio de la violencia desnuda, ejercida por una combinación de mentira, infantilismo y sociopatía. Su objetivo, es, entre otros, quebrar la confianza de las mayorías.

Pero la gente ya sabe que hoy el régimen y la camarilla que los sustenta, “son solo molinos, no gigantes” (Sancho dixit).

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