En 5 de octubre de 89, Oscar Belloso Medina, quien tiene 7 hijos y 18 nietos, fundó la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín. Hoy casi 50 mil personas recorren diariamente los corredores de Urbe sin sospechar que hace solo una hora el “tío” estaba ofreciendo su último discurso como rector.
Por Estefanía Reyes
Tras el fallecimiento del médico, educador y fundador de la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín (URBE), Oscar Belloso Medina, ocurrido el 23 de marzo de 2026, Noticia al Día republica esta entrevista realizada el 22 de mayo de 2015 por la periodista Estefanía Reyes, en la que el propio Belloso —con la franqueza, el humor y la determinación que le ganaron el apodo de “El Tigre”— repasó su vida, su vocación docente y la historia detrás de una de las instituciones universitarias más influyentes del occidente venezolano.
En esta conversación, el rector fundador habla de sus inicios como profesor, de su sorprendente proyecto educativo dentro de la Cárcel de Sabaneta y de la creación de la URBE, la obra que definió como “la satisfacción más genuina de mi vida”. Hoy, a modo de homenaje a uno de los zulianos más influyentes en el ámbito académico, rescatamos este testimonio que permite entender la visión, el carácter y la huella que dejó en varias generaciones de estudiantes.
Mientras el Dr. Oscar Belloso Medina sube lentamente las escaleras principales de la Universidad Rafael Belloso Chacín, las cuatro medallas colgadas en su cuello tintinean con cada movimiento. Decenas de trabajadores, profesores y alumnos lo aplauden de pie mientras le abren camino al salón donde entregará el timón de un barco que tiene 25 años capitaneando. El Tigre, como lo nombraron sus compañeros de bachillerato por su sagacidad y rapidez, ya no se mueve con la misma agilidad de esos años. A partir de hoy, comienza la era post Tigre.
Es un hecho bien conocido que el Dr. Belloso era el primero en llegar y el último en abandonar la universidad. Probablemente, de vez en cuando lo seguirá siendo, aunque ya no ocupe la silla del rector, ni su estacionamiento. Su esposa, la señora Milagros Montes, cuenta que un día, cuando sus choferes llegaron tarde, él mismo agarró su camioneta y se fue a la universidad. Eran las 5 de la mañana y los vigilantes, aun sumergidos en una duermevela, se espabilaron de un brinco. «Deme el carro, que yo se lo estaciono, doctor», le dijeron apresuradamente al verlo solo frente al volante. Sin embargo, el señor Oscar tomó su ticket de estacionamiento y entró como cualquier otro mortal, a despertar los fantasmas de los pasillos, mientras las paredes guardaban celosamente los últimos minutos del silencio.
Cuando el Doctor Belloso camina por los corredores de la universidad, los bedeles se apresuran a barrer el polvo inexistente, los vigilantes enderezan rápidamente la espalda y los alumnos le gritan “bendición, tío”. Hace 10 años, este “tío” aun podía darle varias vueltas a las 7 hectáreas que conforman la Urbe. Hoy apenas y puede recorrer menos de un cuarto. Su pierna derecha protesta con cada paso.
Oscar Belloso, quien ostenta el título de médico cirujano y cuatro doctorados, ha estado frente a un escritorio en un aula de clases desde los 21 años. Ha pasado por todos los niveles educativos: empezó como profesor de biología en varios colegios de Maracaibo, luego en el 67 fundó el primer Instituto Universal, un parasistema donde impartía bachillerato en las noches a mayores de 16 años. En el 82, creó el Cunibe, el colegio universitario al que llamó como su papá: Rafael Belloso Chacín, el primer médico en practicar una cesárea en Venezuela, habilidad que aprendió en un posgrado de 4 años en Francia, en un tiempo donde los doctores no tenían ni idea de cómo sacar a un niño que estaba en posición podálica.
—Allí -en el Instituto Universal- me puse full de alumnos y se quedaban muchos sin poder ingresar porque no tenía más cupos. Yo era un muchachito de 24 o 25 años, tenía demasiada energía y era súper millonario. No tenía hijos ni esposa a los que atender. Entonces dije: «¿Qué hago yo con tanto dinero?» Yo nunca he amasado dinero, no me gusta amasar dinero.
“Un día dije: voy a montar un colegio en la cárcel”
Así fue como empezó a considerar la idea de fundar un colegio gratuito. Sin embargo, hacerlo en un barrio era muy complicado. Probablemente, la demanda iba a ser abrumadora y, además, le estaría quitando potenciales alumnos a su colegio privado. Así fue como decidió crear un liceo en la Cárcel de Sabaneta.
— Yo nunca he estado preso por algún delito, he estado preso por bochinchero, por estudiante tirapiedra, muchas veces; por dos días, un día, horas. Entonces, dije: «voy a montar un colegio gratis en la cárcel ». Pero, ¡cómo me costó fundar ese colegio! Para ese tiempo, yo estaba activo en Copei y estaba mandando Acción Democrática, ellos creían que estaba en la cárcel, dándoles clases gratis a los presos por algo, para meterle a Copei en la cabeza. Y no era verdad, a ellos no les cabía en la cabeza que hubiera gente con vocación de servicio y vocación de servicio social.
Tres veces a la semana, Belloso (junto a 6 profesores más) era requisado como cualquier visitante antes de entrar a la cárcel. Tenía 25 alumnos, 21 presos y 4 funcionarios que decidieron asistir, voluntariamente, a sus clases. A la primera promoción le pusieron su nombre.
— El primer día de clase les dije: «a mí no me interesa, ni traten de contarme por qué ustedes están aquí (en la cárcel). Ni yo se lo voy a preguntar, ni se los voy a oír. No me interesa. Yo vengo como profesor a ocuparlos a ustedes para que cuando mañana salgan tengan posibilidad de ir a la universidad».
Cuando veía que me faltaban uno o dos presos, me iba a la dirección y le decía: «mira, me faltó José Bolívar», que por cierto, era uno de los que más me faltaba, entonces el director me decía «es que él está en la zona de castigo. No me va a decir profesor que usted quiere dirigir la cárcel».
«No, doctor, yo respeto su jerarquía, pero por qué no me presta al preso por cuatro horas que va a durar la clase y después lo vuelve a meter en castigo», le respondía. Eso no se les olvidaba a los demás presos.
“Presidente, yo soy Oscar Belloso y le quiero pedir un favor”
La tenacidad del El Tigre no tenía límites. Cuando algo se le metía en la cabeza, no había quien lo disuadiera, quien lo apaciguara o lo desalentara. No le bastó con graduar de bachiller a 21 presos; también logró que la Universidad del Zulia los hiciera abogados. Sin embargo, su ambición estaba muy lejos de ser personalista, y aspiraba que este programa transcendiera su vida, pero para eso tenía que pedir ayuda a la instancia más alta que podía aspirar: el Presidente de la República, a quien este veinteañero estaba lejos de intimidarle.
—Hablé con el Presidente de la República, Luis Herrera Campins. Me costó abordarlo pero lo afronté en el aeropuerto, él saliendo, y yo desde afuera iba entrando, pero a propósito, yo no iba a ninguna parte. Yo lo estaba esperando. Entonces nos chocamos en el camino. Le dije: «Presidente, yo soy Oscar Belloso y le quiero pedir un favor, si me concede tres minutos». «Bueno, tres minutos andando», me contestó con voz grave. «Presidente, yo estoy dando clases gratis en la cárcel pero yo soy hijo de la muerte y no sé cuándo voy a morir, pero no quiero que muera este programa, que bastante me ha costado iniciar». «Y ¿qué quieres de mí?». «Bueno, que el Ministerio de Educación tome para sí el programa», le contesté, «lo único que tiene que hacer usted es enviar los profesores».
“La Urbe es la satisfacción más genuina que he tenido en mi vida”
En 5 de octubre de 89, Oscar Belloso Medina, quien tiene 7 hijos y 18 nietos, fundó la Universidad Dr. Rafael Belloso Chacín. Hoy casi 50 mil personas recorren diariamente los corredores de Urbe sin sospechar que hace solo una hora el “tío” estaba ofreciendo su último discurso como rector. El Tigre se despidió del “logro más importante de su vida, su satisfacción más genuina, la cristalización de un sueño”.
—Ese día tuvimos una gran inauguración que comenzó al enterrar la primera piedra de lo que iba a ser la construcción, pero (paralelamente) estábamos funcionando en otro edificio. Eso fue un día de fiesta. Los sentimientos, al empezar las clases en Urbe hace 25 años, fueron como si uno se sacara el cuadrito de 5 y 6 de caballo, que daba mucho dinero. Empezamos a crear carreras y carreras y carreras. Siempre siendo lo más grande, lo más grande.
En aquel día de fiesta estuvieron presentes todas las fuerzas vivas del estado: El gobernador, el alcalde, el presidente de la Cámara de Comercio y de la Cámara de industriales, presidentes de colegios profesionales, y no menos importante, los directores de los colegios públicos y privados, quienes serían los principales promotores del proyecto.
—Yo compré este terreno y era un terreno irregular, o sea, no era cuadradito. Aquí había, en toda la parcela, una carnicería, una venta de pollos a la brasa y una panadería. Al pasar de los años, cuando no me cabían más edificios en el terreno que le compré al Banco Mercantil (un terreno muy grande, como de 6 hectáreas), empecé comprar los terrenos de estos locales, entonces tumbé las edificaciones. Para el contenido interno, usé un truco maracucho. Ponía un aviso que decía: «Yo voy a tumbar este edificio, el que se quiera llevar algo, lléveselo, que no va a haber vigilante que lo pare». Me dejaban el edificio sin puertas, sin ventanas, sin pollos, sin nada. Me lo dejaban desnudo. Y yo lo que tenía es que pasarle un tractor por encima y llevarme los escombros.
Hoy la Urbe tiene 7 hectáreas y 200 metros de extensión y ya no tiene para dónde más crecer. La rodea la urbanización El Naranjal, La Trinidad y Monte Carlo.
—La gente me ha invitado a que construya en otras partes del estado o de Maracaibo, cosa que yo me he negado porque yo no hago algo sin que yo lo dirija. Cuando yo no podía dirigirlo, entonces no lo hacía.
Teniendo en cuenta la incapacidad de seguir expandiendo físicamente la universidad, Belloso exploró otras posibilidades de crecimiento. Tan determinado como es, recorrió otras universidades en todo el mundo con experiencia en estudios a distancia, e implantó un modelo que copia lo mejor de cada una de ellas.
—Yo le logrado, en 25 años que tengo de rector, hacer todo lo que tú puedes ver.
“Tengo dos semanas despidiéndome”
La Urbe es realmente como una pequeña ciudad regida por el férreo control de El Tigre. Tiene todo lo que un universitario necesita para sobrevivir: comida, libros y wifi gratis. Un Estado casi autárquico que está a la expectativa sobre el futuro que le depara sin su líder legendario en el timón.
—Consideré retirarme por varios factores: el primer factor es los años de servicio que tengo en la universidad, 25 años son bastantes. Número dos: mi edad, yo creo que mi edad no es para meterme en una urna, pero las cosas me pesan, porque tengo 71 años. Yo creo en la renovación de las generaciones de relevo. Por último: mi pierna derecha. Entonces comprenderás que estoy reprimido por la edad, por la pierna, por el cansancio, pero me quedo todavía apoyando intelectualmente a la universidad, como presidente del Consejo Superior, que es el máximo organismo de la universidad.
Cuando Oscar Belloso habla de Urbe, lo hace en primera persona, como si la universidad fuera una extensión de él mismo. Quizás, hasta cierto punto lo sea.
—Antes de dejar el rectorado, me reuní con el personal. Grupo por grupo. Tengo dos semanas despidiéndome, diciéndoles qué hemos hecho, qué podemos hacer y qué pueden plantearle al nuevo rector.
Oscar Belloso Medina: El Tigre Original
Belloso ocupó cinco veces el cargo de diputado, una vez en el ahora Consejo Legislativo del Estado Zulia y cuatro en la Asamblea Nacional. Era y seguirá siendo copeyano porque hasta ahora, el partido aun no lo ha botado.
—En Copei, yo recorrí todo el estado Zulia muchas veces. La misma gente que trabajaba conmigo en publicidad y propaganda, la llamaban «Gira del Tigre Belloso». Siete de la mañana: salida para Lagunillas; ocho de la mañana: desayuno con las autoridades municipales. Todo estaba programado y siempre estaban las palabras «Tigre Belloso» por delante. Cuando mi compadre, Eduardo Fernández, fue candidato a la presidencia de la República, me llamó y me dijo: «Tigre, ¿cómo está la cosa?, ¿me permites usar tu nombre?». Yo le dije: «¿Cuál nombre?» No sabía a qué se refería. «El equipo mío cree que sería muy bueno el remoquete de Tigre Eduardo Fernández», me aclaró. Y yo le dije: «Para mí sería una gran alegría, compadre». Y bueno, toda la gente lo llama Tigre a él, pero yo soy El Tigre original.
Ahora, Oscar Belloso está sentado en el mismo salón donde minutos atrás le entregó, oficialmente, las riendas de la universidad a su hijo (o quizás sería más justo llamarle el motor, pues esta institución funciona con la precisión de un reloj). Ya pocos permanecen en la sala. Las copas de champán medio vacías están repartidas por todos lados.
—Chao, papá. Me voy a almorzar con la familia, nos interrumpe su hijo.
—Ok, papito. Vaya tranquilo con Dios, le contesta El Tigre.
Fuente: Por Estefanía Reyes , noticialdia
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