La Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela, celebrada del 28 al 30 de septiembre en Caracas, reunió a más de 600 delegados, 250 compañías y representantes de más de 30 países, entre ellos ejecutivos de Chevron, ExxonMobil, BP, TotalEnergies y Repsol. Pero la cifra que mejor retrata el momento es otra: las entradas, de 2.950 dólares, se agotaron. Cuando el mundo de la energía paga ese precio por sentarse en Caracas, lo que dice es que Venezuela volvió a ser una plaza que no se puede ignorar.
Ese interés ya empieza a traducirse en compromisos con fecha y monto, que es donde un anuncio deja de ser noticia y pasa a ser economía. El director ejecutivo de GeoPark presentó un plan de cuatro fases, entre 2026 y 2045, que busca elevar la producción de 11.000 a 56.000 barriles diarios para 2030 en el campo Bare, y otras firmas como Repsol, Siemens, Hunt Oil y Maurel & Prom expresaron su disposición a ampliar operaciones.
Inversiones de ese horizonte traen empleo, tecnología y proveedores locales, y la variedad de orígenes, europeo, estadounidense, africano y del Golfo, es en sí misma una fortaleza, porque un sector con varios socios resiste mejor los vaivenes de cualquiera de ellos.
Más significativo aún es el cambio de conversación en torno al gas. Durante años las reservas fueron una promesa. En esta cumbre el debate pasó de la disponibilidad del recurso a la necesidad de convertirlo en un mercado capaz de abastecer a la industria y generar electricidad, y esa transición, de recurso a servicio, es la que separa a un país con subsuelo rico de uno con una economía energética funcional. Allí encaja una de las ideas más pragmáticas del foro: crear «islas» de generación eléctrica asociadas a los propios campos petroleros, sin esperar a que el sistema nacional esté completamente reconstruido. Que se discuta con operadores internacionales en Caracas habla de un clima distinto.
La reinserción en el mercado global vale, además, por lo que arrastra consigo: capacidad de negociación, acceso a financiamiento y relaciones comerciales que se extienden más allá del petróleo.
El punto de partida es exigente ya que la producción ronda los 1,2 millones de barriles diarios, lejos de los más de tres millones de hace dos décadas, pero esa distancia es también la medida del margen de crecimiento. Los propios participantes la dimensionaron con franqueza: señalaron que el bajo financiamiento, la escasa infraestructura y la falta de acuerdos políticos son los principales frenos del gas, y que la recuperación petrolera no avanzará al ritmo esperado sin resolver el déficit y la confiabilidad del sistema eléctrico. Un sector que nombra sus cuellos de botella sin disimulo demuestra madurez y deja trazada la agenda que sigue: electricidad, transporte de gas, certeza fiscal y financiamiento.
Esa agenda es también el terreno donde se juega la imagen de Delcy Rodríguez. La apertura del sector al capital privado ha sido impulsada por su administración, y la cumbre es su vitrina más concreta, porque no se trata de un anuncio sobre apertura sino de cientos de ejecutivos en una misma sala respondiendo a ella. Eso proyecta una figura capaz de dialogar con el mundo empresarial, asocia su gestión a la recuperación económica, que es donde la ciudadanía juzga con más rigor, y refuerza un perfil de pragmatismo. Washington ya la reconoció formalmente como presidenta encargada, de modo que la cumbre confirma en lo económico un reconocimiento que se venía construyendo en lo diplomático.
Queda, sin embargo, una tensión abierta que conviene sostener. La apertura avanza bajo supervisión de Estados Unidos y la pregunta de fondo es cuánto margen tendrá Venezuela para fijar sus propias condiciones en la distribución de la renta y en el ritmo de la recuperación. Esa ambivalencia puede leerse como prueba de realismo en un contexto adverso o como límite a la autonomía, y probablemente ambas lecturas convivirán hasta que los resultados, luz estable, empleo e ingresos, inclinen la balanza en la vida cotidiana de los venezolanos.
En este orden de ideas, vemos que la VIOGS 2026 abrió una ventana y su valor dependerá de lo que se haga con ella. Si los anuncios se convierten en proyectos, si las propuestas de generación eléctrica y gas salen del papel y si las reglas fiscales ofrecen la certeza que los inversionistas reclamaron, Venezuela habrá dado un paso decisivo hacia el lugar que su geología siempre le reservó. Para Delcy Rodríguez, el desafío y la oportunidad coinciden: la imagen que esta cumbre le ofrece será tan duradera como los resultados que logre sostener después.
Politólogo:
@jesuscastillomolleda
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