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Politólogo Jesús Castillo Molleda: ¿Por qué los venezolanos deben involucrarse en el negocio petrolero?

¿Por qué los venezolanos deben involucrarse en el negocio petrolero?

Venezuela ha sido descrita durante décadas como una potencia energética dormida. Posee las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, superiores a los 300.000 millones de barriles, lo que representa aproximadamente entre el 17 % y 20 % de las reservas globales conocidas.

Esta realidad no es un simple dato estadístico: significa que el país posee una de las principales fuentes de energía del mundo en un contexto geopolítico donde la energía continúa siendo un factor determinante de poder.
Históricamente, el petróleo ha sido el motor económico de Venezuela.

Durante gran parte del siglo XX y lo que va del XXI, el sector ha aportado alrededor del 25 % del Producto Interno Bruto, más del 50 % de los ingresos fiscales y entre el 80 % y 95 % de las exportaciones. Incluso en años recientes, en medio de sanciones, volatilidad de precios y restricciones financieras, el sector petrolero ha impulsado repuntes significativos del PIB, demostrando que sigue siendo el principal pilar económico del país.

Sin embargo, existe una contradicción profunda: siendo el petróleo propiedad del pueblo venezolano, la mayoría de los ciudadanos ha tenido una relación pasiva con esta riqueza. Durante décadas, el manejo del negocio petrolero ha estado concentrado casi exclusivamente en el Estado, principalmente a través de Petróleos de Venezuela (PDVSA) y sus empresas mixtas.

El ciudadano común ha sido, en el mejor de los casos, receptor indirecto de la renta petrolera, pero no un conocedor ni un protagonista del negocio. Hoy esa realidad debe cambiar. La nueva era exige que los venezolanos se involucren activamente en el conocimiento, comprensión y fiscalización del negocio petrolero.

El petróleo como patrimonio colectivo y responsabilidad ciudadana
La Constitución venezolana establece en su artículo 12, que los hidrocarburos son propiedad de la República y, por tanto, del pueblo venezolano. No pertenecen a un gobierno de turno ni a intereses particulares. Esto implica que cada ciudadano tiene no solo el derecho, sino también el deber de conocer cómo se exploran, producen, refinan y comercializan esos recursos.

Cuando la población desconoce cómo funciona el negocio petrolero, pierde capacidad de control y de exigencia. La opacidad histórica en la gestión ha facilitado ineficiencias, corrupción y decisiones poco transparentes. Un pueblo informado, en cambio, puede exigir rendición de cuentas, contratos equilibrados, inversiones estratégicas y uso eficiente de la renta petrolera en salud, educación, infraestructura y desarrollo productivo.
En este tablero global, Venezuela no es un actor menor.

Su crudo pesado, especialmente el de la Faja Petrolífera del Orinoco, es clave para determinados mercados internacionales. Sin embargo, factores como la caída de la producción —que pasó de más de 3 millones de barriles diarios en los años noventa a niveles inferiores al millón en períodos recientes— evidencian que el potencial del país ha estado subexplotado.
Entender cómo funcionan los mercados internacionales, los precios del crudo, los contratos de suministro, las alianzas estratégicas y el impacto de las sanciones internacionales no es un lujo académico: es comprender las fuerzas que influyen directamente en la economía nacional, en la moneda y en la calidad de vida de los venezolanos. Involucrarse en el negocio petrolero es, en esencia, involucrarse en el destino del país.
Más allá de la extracción: comprender toda la cadena de valor

El negocio petrolero no se limita a extraer crudo. Es una cadena compleja que incluye:

  • Exploración y producción: estudios geológicos, perforación y tecnología de recuperación.
  • Refinación y petroquímica: transformación del crudo en combustibles y productos de alto valor agregado.
  • Transporte y logística: puertos, oleoductos, buques y mercados internacionales.
  • Finanzas y planificación fiscal: administración de la renta y sostenibilidad económica.
    Un ciudadano que comprende estas etapas puede identificar oportunidades de emprendimiento y desarrollo en sectores asociados: servicios industriales, mantenimiento, tecnología, logística, formación técnica y consultoría. El petróleo no solo genera renta; también puede generar tejido productivo si se gestiona con visión estratégica.

Si el conocimiento es poder, Venezuela necesita iniciar una verdadera “Era del Conocimiento Petrolero”. Esto implica promover una pedagogía energética masiva y estructurada. Un país con las mayores reservas del mundo no puede limitarse a formar únicamente ingenieros. Necesita abogados expertos en contratos internacionales, economistas capaces de modelar escenarios de precios, administradores eficientes y expertos en transición energética. La formación debe ser accesible y descentralizada, llegando a todas las regiones del país.
El rol de los gobiernos locales y regionales

Las gobernaciones y alcaldías tienen una responsabilidad clave en la pedagogía energética. Deben promover foros abiertos sobre la renta petrolera, explicar cómo impacta en los presupuestos locales y ofrecer talleres dirigidos a pequeños y medianos empresarios para que puedan integrarse como proveedores del sector.
Asimismo, es necesario introducir cátedras básicas de energía y geopolítica en liceos y escuelas, sembrando desde temprano la cultura del conocimiento energético. Un joven que entiende qué es la Faja del Orinoco o cómo se fija el precio del petróleo crece con mayor conciencia económica y ciudadana.
La transición energética global y la necesidad de recuperación económica exigen superar la visión pasiva del petróleo como una simple renta a repartir. La nueva era demanda ciudadanos formados, críticos y protagonistas.
Involucrarse en el negocio petrolero no es una tarea exclusiva de técnicos, funcionarios o ejecutivos. Es un deber ciudadano. Significa conocer la legislación, comprender el modelo de negocios, fiscalizar la gestión pública y participar en la construcción de un desarrollo sostenible.

El petróleo es la mayor riqueza de Venezuela, pero su verdadero valor no está únicamente bajo tierra. Está en la capacidad de su gente para entenderlo, administrarlo y transformarlo en bienestar colectivo. Cuando el venezolano domine su negocio energético, dejará de ser un espectador de la renta para convertirse en arquitecto de su propio destino económico.

Politólogo, Jesús Castillo Molleda.

www.jesuscastillomolleda.com

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