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PREFACIO “Avispas vuelven a salir a picar sin cesar mi dolorido cuerpo…Por el Dr George Fereira

¿Acaso no les bastaron todas las picaduras que le infligieron a mi sufrido pueblo?”

LA AVISPA Y EL PRÍNCIPE

Una avispa llamada Cola de Púa buscaba desde hacía tiempo realizar una hazaña que le procurara fama eterna. Cierto día, entró en el palacio del rey y picó al pequeño príncipe mientras dormía en su cama. El príncipe despertó gritando. El rey y sus cortesanos acudieron de inmediato para ver qué había sucedido. El niño lloraba desesperadamente mientras la avispa lo picaba una y otra vez. Los cortesanos intentaron atraparla, pero cada uno terminó siendo víctima de sus aguijonazos.
Todos los habitantes del palacio acudieron en ayuda del príncipe. La noticia pronto se difundió por todo el reino y la multitud comenzó a concentrarse frente al palacio real. La ciudad entera quedó convulsionada; los comercios cesaron sus actividades y el caos se apoderó de las calles.
Antes de morir agotada por el esfuerzo, la avispa se dijo:
“Un nombre sin fama es como un fuego sin llama.
No hay nada como atraer la atención, cualquiera sea el costo.”
Fábula india

“VENEZUELA: EL PAÍS QUE SOBREVIVIÓ A LAS SANCIONES…
PERO NO A SUS PROPIOS SAQUEADORES”

Podría desarrollarse ampliamente la idea de que el verdadero drama venezolano no radica únicamente en el conflicto internacional generado por una estructura criminal con complicidad cívico-militar, sino en la destrucción sistemática del propio país desde sus entrañas.
Una estructura que, además de desestabilizar internamente a Venezuela, financió movimientos radicales, partidos de extrema izquierda y grupos armados terroristas de distintas regiones del continente sudamericano e incluso en parte de Europa, mientras entregaba las riquezas energéticas de la nación a potencias extranjeras del eje del mal.

Cuando hablo del llamado “eje del mal”, lo hago de manera comparativa con aquella famosa saga cinematográfica La Guerra de las Galaxias. Pero, lamentablemente, en el mundo real también existen actores del “lado oscuro”: Rusia, China e Irán, junto a organizaciones extremistas que hoy forman parte de una peligrosa realidad geopolítica que amenaza la estabilidad mundial y que encontró en Venezuela una plataforma estratégica.

Sin embargo, Venezuela no fue destruida únicamente por la intervención de estas ideologias extremistas ni por la geopolítica internacional mal dirigida. Lo que verdaderamente consumió al país fue la demolición interna de sus instituciones, la corrupción estructural y la pérdida absoluta del proyecto nacional.

Ese cáncer devoró a la nación desde adentro.
Y así como el cáncer consumió físicamente a Hugo Chávez Frías, cuando se atrevió a maldecir al pueblo de ISRAEL desde sus entrañas asi también la corrupción terminó consumiendo moral y espiritualmente a Venezuela como el más maligno y terrible cáncer.

Este tema obliga a enfrentar realidades incómodas y verdades fundamentales que llevaron al país con las mayores reservas petroleras del planeta a un colapso histórico. Entre ellas:
El derrumbe de PDVSA.
La destrucción de los sindicatos petroleros históricos.
La migración masiva de millones de venezolanos.
El deterioro moral, económico e institucional del país.
Y cómo las inmensas riquezas naturales de Venezuela terminaron beneficiando únicamente a pequeños grupos de poder.

Resulta impresionante contrastar aquella Venezuela potencia energética de otrora con la Venezuela actual: un país que pasó de tener influencia geopolítica, soberanía energética, derechos sindicales y una historia de héroes libertarios, a convertirse en motivo de burla internacional, atrapado en un enjambre de avispas sedientas de poder, dinero y fama.
Porque, al final:
“Las naciones rara vez mueren por invasiones extranjeras; casi siempre se derrumban primero por la podredumbre de sus propias élites.”
Y esa podredumbre hoy pretende reaparecer como si nada hubiese ocurrido durante estos 27 años de sufrimiento nacional.

Cuando hablo de esa podredumbre que intenta regresar, me refiero a viejos y desgastados actores políticos que fueron cómplices necesarios para que el mal llamado proyecto de la “Revolución del Siglo XXI” plagara a Venezuela y a países vecinos de operadores extranjeros vinculados a estructuras radicales y redes de influencia internacional.
Aquel supuesto proyecto ideológico terminó convirtiéndose, para muchos venezolanos, en la cortina de humo perfecta para ejecutar uno de los mayores saqueos económicos registrados en la historia contemporánea de nación alguna.

El discurso utilizado para justificar semejante desastre fue convencer al pueblo de que todos los males provenían exclusivamente de Estados Unidos o como muchos Chavista lo mencionaban «El Imperio » y posteriormente de las sanciones internacionales.

Pero mucho antes de las sanciones ya existían proyectos destruidos por la corrupción.
La industria eléctrica venezolana recibió miles de millones de dólares destinados a la recuperación del sistema nacional, fondos que desaparecieron entre sobreprecios, empresas fantasmas y contratos irregulares. El Metro Guarenas-Guatire quedó inconcluso pese a los enormes desembolsos realizados. El Hospital Universitario de Los Andes pudo haberse construido múltiples veces con el dinero perdido en corrupción.
A esto se suma el caso del empresario colombiano Alex Saab, señalado de administrar miles de millones de dólares mediante contrataciones irregulares con el Estado venezolano entre 2010 y 2020.
Pero el saqueo no termina allí.
Diversas denuncias y estimaciones públicas sostienen que durante los años de mayores ingresos petroleros Venezuela manejó cifras históricas de dinero que jamás se tradujeron en bienestar para su población.
Mientras tanto, el país con las reservas petroleras más grandes del mundo terminó exportando lo único que le quedaba: su gente.
Y así, los nuevos actores con influencia sobre el petróleo venezolano pasaron a ser potencias extranjeras con claros intereses energéticos y geopolíticos, transformando a Venezuela de nación soberana en tablero internacional.

Lo más doloroso quizá no sea únicamente el saqueo, sino el silencio cómplice de sectores políticos que, pudiendo enfrentar aquella tragedia, prefirieron convivir con ella.
Hoy muchos de esos mismos actores pretenden reaparecer ante el pueblo como salvadores, olvidando que también dejaron profundas heridas en la conciencia nacional.

Espero que algún día el pueblo venezolano golpeado durante años por propaganda, miedo, manipulación psicológica y destrucción institucional pueda distinguir claramente entre quienes intentaron rescatar la nación y quienes, directa o indirectamente, participaron en su destrucción.

Y mientras las viejas avispas regresan nuevamente al escenario político Tratando de aprovechar el liderazgo político y popular de Maria Corina Machado, buscando asi poder, protagonismo y absolución, millones de venezolanos continúan dispersos por el mundo, sobreviviendo lejos de la tierra que alguna vez prometía prosperidad.
Venezuela no fue destruida por falta de riquezas. Fue destruida por la ambición desmedida de quienes confundieron el poder con impunidad y la patria con un botín.

Porque al final de toda tragedia nacional siempre queda una pregunta flotando sobre las ruinas:
¿Quiénes fueron realmente los verdugos… y quiénes permitieron que actuaran durante tanto tiempo?

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