Esopo fue un narrador de la antigua Grecia, situado tradicionalmente en el siglo VI antes de Cristo, hace unos 2.600 años. Su vida mezcla historia y leyenda, por lo que muchos detalles no se conocen con certeza.
Un enjambre de avispas reclamaba como suya la miel almacenada en un árbol hueco. Las abejas aseguraban que les pertenecía, pues ellas la habían elaborado.
Como no lograban ponerse de acuerdo, acudieron ante un avispón para que actuara como juez. Los testigos describían a los dueños como insectos alados, amarillos y negros; pero esa descripción servía para ambos grupos.
Entonces, una abeja anciana propuso una prueba: que cada grupo construyera un panal y lo llenara de miel.
Las abejas aceptaron. Las avispas protestaron, porque no podían realizar aquel trabajo. Así, el juez reconoció que la miel pertenecía a las abejas.
Moraleja: la capacidad se demuestra con hechos; no basta con atribuirse el trabajo ajeno.
En Venezuela, algunas avispas de la política llevan años reclamando la miel de un país que no han sabido sacar del sufrimiento. Zumban frente a los micrófonos, revolotean alrededor de una mesa y, cuando les pedimos que enseñen el panal, nos solicitan otro voto de confianza.
«Un voto de confianza de todos los venezolanos».
¿Confianza, Dinorah? ¿Con la moral por el piso vienes a pedirles confianza a los venezolanos a estas alturas? Te estás cavando tu propia tumba política. Bueno, ni siquiera se trata de un hueco nuevo: es el mismo hueco político de Guaidó y de Leopoldo López, ese meme andante del «Manguanguas».
Dejen de creer que somos idiotas. Se acabó la época de Ramos Allup, de cuando «Voz de Vieja» daba discursos adecos que decían mucho y significaban nada. Mucha solemnidad, mucho ademán y, al final, el ciudadano pagando la entrada de una función cuyo desenlace siempre le reservaban para después.
María Corina marca un precedente con la verdad: los venezolanos no damos confianza de gratis. Lo mínimo que pedimos a cambio es que nos hablen con la pura verdad.
¿Que las redes sociales no son el interés del pueblo? ¿Cómo es eso de que las redes no son del interés de los ciudadanos? A ver si dejas de llamarnos «pueblo», vieja chavista comunista, como si esa palabra te concediera el derecho de hablar por todos. Aquí cada quien tiene su nombre y su apellido. No somos un «enjambre», como nos llamaste.
Pero, ya que escogiste la comparación, recuerda que las abejas saben trabajar, organizarse y reconocer a quienes pretenden quedarse con su miel.
Ven, que te refresco la memoria de por qué las redes nos importan tanto a los venezolanos. Sin ellas, el mundo seguiría ignorando tantos de los crímenes de lesa humanidad de la narcodictadura.
Diciembre de 2004: aprobación de la Ley Resorte. Mayo de 2007: cierre de Radio Caracas Televisión como señal abierta. Agosto de 2009: el radiocidio, cuando Diosdado Cabello sacó del aire 32 emisoras de radio y cerró dos canales más de televisión.
Enero de 2010: ordenan sacar a Radio Caracas Televisión Internacional de las compañías de televisión por suscripción. Mayo de 2013: la venta forzada de Globovisión al chavismo. Febrero de 2014: expulsión de NTN24 y CNN.
Entre 2016 y 2018 se fue acabando el periódico en todo el país. Por mengua: no había papel. Una manera muy eficaz de imponer el silencio sin tener que anunciar cada mordaza en cadena nacional.
Detenciones arbitrarias de periodistas y trabajadores de la prensa: cientos de casos documentados a lo largo de los años. Órdenes de captura contra voces críticas como Carla Angola, Sebastiana Barráez, Marian Valero o Carlos Uzcátegui. Periodistas que, en efecto, han sido detenidos o perseguidos: Roland Carreño, Carlos Julio Rojas, Rory Branker, Ramón Centeno, Periodistas Dr Angel Monagas, Domingo Rivas, Feliciano Albornoz, Keyla de Abreu falleció en el exilio, Dr Gervis Medina criminólogo abogado, José Campos del Real, Darwin Chávez Profesor de comunicación y muchísimos otros. cientos de periodistas y trabajadores de la prensa detenidos o judicializados en los últimos dos años: detrás de cada cifra hay un nombre, una familia y una vida golpeada.
Multas millonarias, allanamientos de sedes, decomisos de equipos periodísticos, agresiones físicas, amenazas, impedimentos para cubrir noticias, control de la publicidad oficial y el uso de CONATEL como brazo opresor de la dictadura para revocar concesiones y sacar del aire a los medios de comunicación.
Entonces sabrás comprender por qué nos importan tanto las redes sociales hoy en día. Después de tantos atropellos, allí encontramos una ventana para informarnos, denunciar y decir lo que otros pretendieron enterrar bajo una montaña de silencio y mentiras de la narcodictadura.
Ahora también les molesta la ventana. Sobre todo cuando alguien se asoma y pregunta qué carajo están haciendo con la confianza de los venezolanos.
Ustedes tienen la oportunidad de nombrar un equipo serio de periodistas como estrategas mediáticos y relacionistas públicos de la cuestionada mesa de diálogo, esa mesa cortesana, y van y contratan a los tiktokers Milímetro ( equivocamente conocido como kilómetro) y Jesús González.
Entonces decídete, mujer: si las redes sociales no son del interés del pueblo, ¿por qué le pagaron a un youtuber que estaba besándole el trasero al Conde del Guácharo hasta hace tres días y medio y que no es periodista? Porque, para hacer periodismo, hay que saber pronunciar la R.
Claro, las redes sociales son buenas cuando te conviene legitimar un proceso que se está ganando a pulso el rechazo de la gente. Para promocionar la mesa, sirven; para cuestionarla, de pronto se convierten en un fastidio nacional. ¡Qué admirable precisión tiene esa brújula del interés público! Siempre apunta hacia donde a ustedes les conviene.
Y tienes el descaro de mezclar las críticas con el asunto de los médicos venezolanos que vienen a la mesa a tratar otros temas. Bueno, mezclarlo es decir poco: eso es un intento de manipulación.
Hablando de los médicos justo después de las redes sociales, ¿qué hace el excremento del toro en el techo si las vacas no vuelan? ¿Acaso inauguraste un hospital y no nos dimos cuenta?
¿La hipócrita mesa ha donado una sola prótesis a un niño amputado de La Guaira? No. Ustedes le pagan las pizzas a Milímetro y su equipo. Ellos mismos lo han dicho ante las cámaras: una cuenta de 177 dólares.
El ciudadano esperando respuestas y ustedes poniendo la conversación a girar alrededor de una mesa. Con semejante entusiasmo gastronómico, uno termina preguntándose si la transición viene con extra de queso y la rendición de cuentas se cobra aparte.
Este enjambre está creciendo, así que ponte las pilas y métete un shot de ácido fólico, a ver si a estas alturas te ayuda un poquito con el sentido común.
Porque la confianza también tiene memoria. Cada nueva promesa se sienta a la mesa acompañada de todas las anteriores: las que anunciaron, las que aplazaron y las que terminaron desapareciendo entre una rueda de prensa y la siguiente.
Mientras tanto, Venezuela sigue tan distante de una elección presidencial. La transición, la mesa de diálogo y un país destrozado, con los peores indicadores económicos y millones de hogares sin luz ni agua, parecen insuficientes para que Miraflores y los involucrados muestren el mínimo sentido común de convocarla.
Dinorah Figuera salió del olvido para avanzar con lentitud suprema y terminar poniendo el rostro en contra del 90 % de la población. Encerrada en hoteles de cinco estrellas y carpas de debate con el libreto precargado, ha puesto su firma al pie del dolor y de la peor crisis del continente.
Ya no importa lo que diga. Pueden bajarle el volumen a cero y saltarse sus noticias: Venezuela ya entiende el juego. La escenografía podrá cambiar de hotel; el libreto sigue ofreciéndole al ciudadano otra temporada de paciencia.
Para quienes controlan el país y para esa Asamblea de 2015, un sueldo mínimo de centavos de dólar tampoco parece suficiente para despertar un poco de consideración. Abuelos en la calle, bajo el sol y la lluvia. Ocho millones de ciudadanos exiliados, sin pasaporte, sin protección diplomática, sin derechos. Nada parece generarles urgencia a Figuera ni a todos esos rostros que se acomodan alrededor de la mesa.
Votar no es ideología, no es rivalidad ni confrontación: es la única salida. Y lo que están haciendo tiene una intención. Exhiben muestras de entendimiento en un espacio cerrado mientras, al cruzar la calle, la gente padece en silencio la pobreza.
Ese es el plan: aparentar un encuentro democrático con actores sin representatividad actual frente a la exigencia real del país. Una fachada que, bajo su manto de cinismo, encubre la decisión de darle la espalda a una nación que grita libertad.
Es tanta la maldad del chavismo que ha preferido destruir a una generación y ahora quiere seguir aferrado al poder para nublar también el destino de nuestros hijos. Veintisiete años de sueños y metas en espera. Familias enteras atrapadas entre la pobreza, el crimen y la tortura.
Figuera y su grupo hoy se colocan a la par de sus socios: Jorge, Delcy y Diosdado. No crean que se desviaron de su papel. Fueron creados, llamados y convocados exactamente para eso: fingir institucionalidad cuando no hay instituciones; entendimiento cuando no hay democracia; y acuerdo cuando solo se sientan con menos del 10 % de la representatividad nacional.
El destino del país lo controlan quienes saben que una llamada puede cambiarlo y, aun así, prefieren dejarnos en la agonía de la espera, en la indolencia de subestimar la voluntad ciudadana.
Los días perdidos tampoco borrarán responsabilidades cuando todo se haya despejado. Cada aplazamiento deja una huella en quienes siguen esperando una medicina, una oportunidad o el regreso de su familia.
No crean que, cuando logren la convocatoria electoral, vamos a aplaudir lo que tenían que haber hecho con carácter de urgencia. A este paso, cualquier día pretenderán cobrar entrada para anunciarnos que finalmente decidieron cumplir con su deber.
Dinorah, la historia no te va a tratar como a quien lideró tiempos difíciles y los llevó a un feliz término. Lo que pase mañana o pasado mañana no borrará el peso de haberle dado la espalda a la mayoría.
Cada enfermo que hoy carece de una medicina, cada hogar roto entre la miseria y la asfixia económica, recordará esta espera. Venezuela no tenía un conflicto bélico, religioso ni social que justificara seguir postergando una elección. La urgencia de un Estado fallido, intervenido militarmente bajo el aplauso general, exigía una convocatoria. Entretanto, los mismos socios normalizaron la ausencia del dictador y se acomodaron a administrar el tiempo de los demás.
La historia es esa que hoy parece no pesar, que se mueve liviana entre la rapidez del presente y la promesa del mañana, pero que registra la falta de firmeza de los hombres y las mujeres. También guarda los nombres de quienes pudieron actuar y prefirieron administrar la espera.
Venezuela se encuentra tan distante de una elección. Y ustedes todavía nos piden confianza.
Vuelvan a la fábula. Las avispas podían reclamar la miel, discutir ante el juez y presentarse como sus legítimas dueñas. Todo les iba de maravilla hasta que una abeja anciana propuso algo insoportable para cualquier vendedor de humo: demostrar con hechos lo que estaban diciendo.
Construyan el panal. Llénenlo de resultados. Después hablamos de confianza.
Y cuando se apaguen las cámaras, retiren las pizzas y el último negociador abandone el salón, todavía se escuchará afuera ese zumbido que tanto les incomoda.
Será la voz de quienes trabajaron, resistieron y se cansaron de ver a otros reclamando el fruto de su sacrificio.
La miel pertenece a las abejas. La voz de Venezuela pertenece a los venezolanos.
Y esa voz jamás será silenciada.
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