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Opinión

¿Qué decir de la Universidad autónoma? Por Antonio José Monagas

Cualquier pintura, cuadro o retrato de un episodio de la historia, contiene tantas escenas en detalle, como el imaginario puede determinar. Son incalculables. Lo importante es señalar que cada enredo, tinglado o maraña se define por: el planteamiento de un objetivo específico, el desarrollo de su propósito y su desenlace como conclusión. 

 

Y aunque una realidad puede contener las escenas que puedan advertirse, en función de expectativas o indagaciones, siempre será posible distinguir detalles que identifiquen la rivalidad que por naturaleza se da entre los elementos de la realidad examinada. O que sea reconocido algún inconveniente que marque un hecho conflictivo entre las partes que le imprimen dinamismo o pasividad a la realidad en cuestión. 

 

Es como la vida misma. La dinámica de la vida, conduce a diferenciar entre alternativas que podrían conducir a un mismo objetivo. O no. Es un problema de elección  o selección entre factores o razones de un mismo proceso. Por eso se habla de trazos de un mismo dibujo. De cartas o cuñas del mismo palo. Es la manera segura de sortear las dificultades que exhibe toda brecha.

 

Vale esta introducción a manera de fijar el contexto sobre el cual tratará la disertación a desarrollar en las próximas líneas. Haber escogido el título “Problemas del mismo embrollo”, busca enfocar la realidad académica-electoral y política-organizacional que debe vivir toda organización que se precie de vivir bajo al amparo de un sistema político democrático. 

 

Una mirada a la Universidad autónoma

 

La universidad autónoma venezolana, es una de ellas. Es así que su normativa, alude a que “la enseñanza universitaria se inspirará en un definido espíritu de democracia” (Artículo 4º de la Ley de universidades). Aplica ante la necesidad de organizarse académicamente. Pero asimismo, para renovar sus autoridades. En particular, de cara a las nuevas realidades que configuran los escenarios políticos, económicos y sociales de la convulsionada Venezuela. 

 

De entrada, esta disertación debe considerar un concepto de Universidad que sirva de fundamento de lo que luego se intentará al explayar la razón de intitular tal como busca asomar este breve análisis. Así que se diga, que “la Universidad es una comunidad de intereses espirituales que reúne a profesores y estudiantes en la tarea de buscar la verdad y afianzar los valores trascendentales del hombre” (Artículo 1º Ley de Universidades, 1970), vale para asentir que la Universidad “es un proceso formado por distintas continuidades de razones y efectos que buscan traducir las exigencias de desarrollo integral de la nación desde la docencia, la investigación, la extensión y la compenetración con la vida que inducen sus valores morales y principios éticos”. (Elaboración propia)

 

Tan sucinta concepción pareciera enturbiada por razones individualistas, por el fragor político que existe en la naturaleza del ser humano. Es precisamente lo que caracteriza el terreno en el que se debaten los múltiples propósitos que direccionan el devenir académico universitario. Propósitos estos que suelen colisionar con intereses que definen la  dinámica académica universitaria. Intereses que configuran las distintas escenas propias de una misma situación cual es el proceso electoral que caracteriza el devenir de toda organización democrática. O realidad, entendida como la arena en la cual se enfrentan apreciaciones desiguales. 

 

Desencadenantes

 

En la conjugación y valoración de tales consideraciones,  se sintetizan eventualidades creadoras y potenciales de una realidad que, no por ser propia de un entorno específico como ocurre en todo proceso regido por preceptos políticos, es anhelada y apremiada. Aunque exhiba circunstancias que difieran de otras en composición de sus elementos, razones y causas. Asimismo, cabe advertir que las realidades que dan espacio a dichas formas políticas de organización, son representativas de lo que en esencia caracteriza la democracia. A menos que la democracia académica-universitaria no funcione debidamente como mecanismo de organización institucional, coordinación social y administración patrimonial.

 

La disposición que establece la Ley de Universidades cuando dictamina la alineación entre una enseñanza universitaria inspirada “(…) en un definido espíritu de democracia, de justicia social y solidaridad humana (…)” sumado al dictamen “(…) de colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales” (De los artículos 4º y 2º, Ley de universidades), fragua posibilidades y anima justificaciones que tienden a desvirtuar el concepto de “autonomía universitaria”. 

 

En consecuencia, surgen intereses en solapada complicidad con disfrazadas intenciones de conspirar en perjuicio de la libertad académica y de la libertad de iniciativa que por derecho detenta la Universidad autónoma. Así vienen dándose, basados en la opresión utilizada bajo una descarada intimidación para doblegar a la Universidad a someterse a los intereses que al autoritarismo gubernamental convienen. Es ahí cuando el régimen opresor busca imponer su juicio contrariamente  a lo que la propia Constitución de la República indica al prescribir “la autonomía universitaria como principio y jerarquía (…)” (Artículo 109 constitucional) para darse sus normas de gobierno, funcionamiento y administración de su patrimonio.

 

Inferencias

 

De cuestiones así, se prenden actitudes que, en nombre de razones políticas, persiguen liderazgos planteados en torno a cambios institucionales sin mayor justificación académica. Pero que se hacen acompañar de impertinentes narrativas con el objeto de alcanzar posiciones que garanticen el espacio político necesario que luego, sus operadores políticos intercambian por dádivas conferidas mediante consentimiento político-gubernamental. 

 

Ese ha sido el camino que circunstancias arregladas mediante amenazas, represión e insidia pública y hasta legalmente propuestas y autorizadas por el alto gobierno, han descalabrado la Universidad autónoma. Incluso, han sido causales del desarreglo y condición moribunda que exhibe su claustro. Igualmente muestran sus aulas, dependencias, coordinaciones y laboratorios. Es decir, el ámbito de toda su funcionalidad. 

 

Para lograr tal estado de disgregación, condición capaz de movilizar subrepticiamente fuerzas políticas a lo interno de la Universidad, aprovechándose de coyunturas electorales, el régimen político venezolano el régimen se ha valido de un poder impúdico. Y que ha logrado mantener, mediante una desvergonzada impunidad. 

 

Precisamente, quienes como miembros de la comunidad universitaria se identifican con prácticas políticas despojadas de criterios que exaltan las libertades sobre las cuales se cimienta el concepto de “autonomía universitaria”, valiéndose de los procesos electorales que se corresponden con la dinámica político-académica, se ven actuando cuales “manipuladores de excepción” para incitar enredos y marañas en una frenética carrera hacia la pérdida de la función rectora en la educación, la cultura y las ciencias, proceso propio del devenir académico universitario.

 

Al cierre

 

En el ambiente que tan irreverente situación anima, emergen oficios en miembros de la comunidad universitaria que desmerecen del respeto a la dignidad del universitario. Igualmente, del cumplimiento de deberes, principios y derechos, consagrados en los códigos éticos y morales que modelan la ciudadanía académica. Por tan deprimente razón, aparecen “delatores de oficio”, siempre acompañados de cuantos personajes, escondidos en “caballos de Troya”, logran traspasar importantes barreras del ejercicio político que obviamente caracteriza un proceso electoral realizado en el marco de un proceso político democrático. 

El problema surge cuando alrededor de ese tipo de acciones, se deshonra el patrimonio moral que afianza la movilidad supeditada a las virtudes que su comunidad despliega en aras de asegurar un futuro consolidado de la Universidad autónoma y crítica (venezolana). Más aún, al reconocerse que cualquier desatino refleja siempre una realidad donde tiene exacta cabida la verdad. Y aunque la situación revele agudas contradicciones, los problemas siempre serán parte de ella. Pues a pesar de la tristeza que induce y lo paradójico que como realidad o situación compromete, muchos siguen averiguando ¿qué decir de la Universidad autónoma?.

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