Opinión

¿Quién se pone en los zapatos de Juan Guaidó? ¿Quién ha estafado a quién? Opinión por @PedroAranguren

  • Es mucha maldad política o ingenuidad, o ambas cosas entremezcladas, atribuirle a Juan Guaidó el fracaso de la lucha contra Nicolás Maduro, si a él lo dejaron colgando como una brocha gorda de una alta escalera al salir Bolton de su alto cargo de asesor de Donald Trump

Por Pedro Francisco Aranguren / Twitter: @PedroAranguren

No tengo la menor afinidad política con Juan Guaidó, ni lo conozco de vista, trato y comunicación, pero me llama mucho la atención, politológicamente hablando, los cuestionamientos que se han emitido desde la oposición contra él, revelador de la pérdida de brújula de la política venezolana, y es que estamos pisando una burbuja de insensateces por los cuatro costados, que mucho dice de lo hondo que hemos escavado en nuestra crisis nacional y de lo poco probable que la clase política que ha tenido la honra de conducirnos desde  la oposición pueda hacernos llegar a puerto seguro, en este gran desconcierto de la patria que Bolívar al morir pidió por ella, unión y más unión. 

Se acusa a Guaidó de no haber pedido al presidente Donald Trump que agarrara a sus marines y se viniera derecho a liberarnos de la dictadura madurista; se le acusa de no haber llamado a una marcha sin retorno, es decir, de no haber tenido los pantalones bien puestos para enfrentarse y derrocar al régimen, y por ende, se le acusa de colaboracionista, cual gobierno del general Petain en Francia que fue juzgado por colaborar con los nazis.  

Todo el invento del “presidente interino” Juan Guaidó fue fraguado en Washington, a cuya cabeza estaba el señor John Bolton, ese mismo que dejó ver por “descuido” o error una libreta que decía claramente: “cinco mil tropas para Colombia”, en enero de 2019, atribuida a una clara operación de terrorismo psicológico ejercida sobre las fuerzas armadas de Venezuela, operación que hizo poner de cabeza a los líderes del gobierno de Maduro, incluyendo él mismo, viéndoseles unas ojeras hasta la rodilla, que hacían parecer seres fantasmagóricos en aquellos días en que dicha operación apremiaba por distinto canales, llegando incluso a Colombia en abril de 2019 el mismo jefe del Comando Sur, Craig Faller, para hacer verosímil la tesis de la inminente operación militar, a la vez que se repetía el estribillo que si Nicolás Maduro no daba lugar a una transición pacífica, se tomaría la vía de la opción militar”, repetida por distintos altos voceros del gobierno de Trump (el influyente senador Marco Rubio; el secretario de Estado, Mike Pompeo, entre otros, y por supuesto, por el mismo padre de la criatura, John Bolton, asesor de Seguridad Nacional, un cargo tan relevante que un lejano día lo tuvo en sus manos Henry Kissinger, en el gobierno del siniestro Richard Nixon). 

Fueron los “gringos” que inventaron también la famosa “ayuda humanitaria”, que hicieron repetir a Juan Guaidó como un mantra que la ayuda entraba sí o sí. 

Pasaron muchos episodios, incluyendo el alzamiento de Plaza Altamira del 30 de abril, hasta que Donald Trump echó del cargo al Asesor de Seguridad Nacional, en septiembre de 2019, con estas expresivas palabras: “Bolton se pasó de la raya con Venezuela”. 

John Bolton, exsesor de Seguridad Nacional de Donald Trump

Después de esto, Juan Guaidó se ha hundido más y más, como en el fondo de un agujero negro a punto de tragárselo, ¿cómo ha hecho para no derrumbarse del todo? ¿Para no haber renunciado a su presidencia interina? Es que Guaidó sin John Bolton no es nadie. Se ve a las claras que fue este exasesor de Seguridad Nacional el que creó la figura de la presidencia interina y que al irse aquel funcionario del cargo que sostenía la estrategia de la inminente operación militar sobre Venezuela todo se derrumbó. 

Entonces es mucha maldad política o ingenuidad, o ambas cosas entremezcladas, atribuirle a Juan Guaidó el fracaso de la lucha contra Nicolás Maduro, si a él lo dejaron colgando como una brocha gorda de una alta escalera al salir Bolton de su alto cargo de asesor de Donald Trump, y a otras frustraciones como la famosa, bautizada como “La salida”, en enero de 2014, se ha sumado la más gorda de todas: esta, de 2019, encabezada por el mismo presidente Trump, voceada a los cuatro vientos de que habría una intervención militar para derrocar al gobierno venezolano si este no levantaba las manos y se entregaba pacíficamente, y por supuesto, todo el mundo la creyó, sobre todo, los que más la deseaban, los opositores de a pie en Venezuela que tenían años marchando y marchando sin ningún norte. 

Esta frustración de una operación militar fallida, que parecía inminente, se ha convertido en un saco de vidrio molido en el vientre de la oposición venezolana, y siempre la soga revienta por lo más delgado, porque, en vez de atribuirle el fracaso de dicha operación a Trump con sus consabidas fanfarronadas, se le atribuye al oriundo de La Guaira, como si este tuviera marines y buques de guerra, con una fantástica excusa de que no ha habido intervención militar porque Guaidó no la ha pedido.  

Donald Trump, presidente de EEUU 

¿Y es qué oposición nueva y seria se puede construir sobre la base de estas mentiras? Una oposición a la oposición sobre la base de la mentira es indudable que no puede cuajar como alternativa real de poder en Venezuela, pero sí alimenta el resentimiento más rancio de veinte años de fracaso contra el chavismo en Venezuela. 

¡Qué paradoja de la política! La operación de terrorismo psicológico aplicado por el Pentágono contra el gobierno de Venezuela ha devenido a degenerar en operación psicológica contra la oposición venezolana, al creerse por una buena cantidad de personas de a pie que era verdad que había en marcha una tal intervención militar contra Venezuela pero “alguien la paró”, y quién va a ser sino Juan Guaidó, y tal especie ha sido ayudado por los mal pensados que tuitean y tuitean pregonando tal especie, por dirigentes de oposición que quieren ser la alternativa a Guaidó y por los agentes del gobierno que enronquecen por las redes sociales,  tras bastidores, llamando a Guaidó de traidor para arriba. 

Pero nadie habla del gran fracaso de Donald Trump, de sus barrabasadas y fanfarronerías blandiendo la espada de la guerra, para después acusar a Bolton de haberse pasado de la raya. No, a Donald Trump, ni con el pétalo de una rosa. ¡Hipócritas! 

Entonces, cómo deben sentirse ahora mismo Juan Guaidó, al igual que los opositores venezolanos, pues, estafados por Donald Trump, y sin poder decir nada, porque si lo dijera, para esa jauría de lobos salvajes que tienen rato persiguiéndolo sería la consumación probatoria de haberse vendido en cuerpo y alma al mismísimo Nicolás Maduro; así que tiene que morir callado, viendo como esa jauría lo destroza pasito a pasito, a medida que él, sin la escalera que le había puesto John Bolton, vaya hundiéndose más  y más en la inacción o en las acciones políticas tan ineficaces como esa del 16-N, como saludo a la bandera, para que la gente piense que no se ha rendido aún, muy necesitado como está de llegar con algo de gasolina a enero de 2020 cuando le toca a la AN renovarle sus credenciales de presidente interino. 

La verdad es que Juan Guaidó y pueblo opositor se dejaron estafar por el presidente Donald Trump, quien tuvo la genialidad de creer salirse del paquete despidiendo a John Bolton, una mañana ventosa de septiembre, al mismísimo padre de la figura de “presidente interino”, convenciendo a 57 países para que lo reconocieran como tal;  Guaidó lo que ha sido es un invitado como protagonista a una gran fiesta donde él no tenía velas que prender, ni torta, ni músicos, ni pasapalos que dar, entonces, todos se sienten estafados por él, olvidando que la trompeta guerrera no la puso ni la tocó el oriundo de La Guaira sino el mismísimo Donald Trump y sus altos jerarcas.

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