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Reportaje: Huyendo de Venezuela a la hora de la siesta

Foto: William, durante una entrevista con Efe junto al monumento a Simón Bolívar ubicado en el madrileño Parque del Oeste. William salió de su país en 2013 cuando “murió Chávez y el país acabó de torcerse por completo”. Desde entonces hasta tocar suelo español, transcurrieron siete años en los que transitó por Colombia, Ecuador y Perú. Una ardua travesía desde Venezuela con poco dinero para ganarse el favor de los militares y traspasar las fronteras / Foto: EFE

Partió de Venezuela cuando la comida, el agua y los productos básicos de higiene empezaron a escasear, en un contexto alimentado por un clima de corrupción, delincuencia e inseguridad que han convertido al país en “una anarquía total”

Con información de El Carabobeño

William José vino al mundo hace 35 años en la ciudad de Anaco (al noreste de Venezuela), y entonces su padre volvió a hacer gala de un peculiar sentido del humor. Se llamaba Willian José y decidió cambiar la ene final de su nombre por una eme para el de su hijo, y añadir los números romanos III. Así, el pequeño quedaría bautizado como William José III.

Cuando meses atrás William tuvo que solicitar refugio en España, se percató de la extrañeza con la que la funcionaria que le atendía miraba su cédula de identidad. Entonces, tras miles de kilómetros cruzando países huyendo de la crisis venezolana con lo puesto, miró con sorna a la mujer y le dijo: “Sí, señorita, soy de la realeza”.

Año y medio después de su llegada a Madrid, William conversó con EFE a escasos metros del monumento a Simón Bolívar ubicado en el madrileño Parque del Oeste. “Míralo, aquí lo tienen, y vaya estatua le pusieron”, expresó el joven mientras se atusaba el pelo y recomponía la forma de su camisa para la entrevista.

La ardua travesía para abandonar el país

William salió de su país en 2013 cuando “murió Chávez y el país acabó de torcerse por completo”. Desde entonces hasta tocar suelo español, transcurrieron siete años en los que transitó por Colombia, Ecuador y Perú. Una ardua travesía desde Venezuela con poco dinero para ganarse el favor de los militares y traspasar las fronteras.

Días completos a bordo de un bus que amagaba con estropearse y en el que quedarse dormido era dar carta blanca a los ladrones. “Algunos (pasajeros) incluso se introducían los billetes doblados a modo de supositorio, para que ni las autoridades ni otros pasajeros pudieran quitárselos”, detalló William.

Por el camino, quedaron decenas de familias a las que se les acabó el dinero para poder continuar la ruta. Un drama social y humanitario del que William formó parte y que explicó sin tapujos y con toda dignidad.

Huyendo a la hora de la siesta

El joven reside en España con el apoyo de la oenegé Rescate Internacional, que le proporciona alojamiento, manutención, atención psicológica y asesoría legal.

Aunque, “en ocasiones hecho mi lloradita por no poder reunirme con mis familiares”, relató este venezolano que tampoco pudo despedirse de su padre ni de sus bromas. “Él falleció cuando yo ya me había ido de Venezuela, todos mis hermanos también se marcharon y mi madre quedó sola allí”, apuntilló William.

Una vez, cuando William vivía en Colombia, decidió visitar a su madre durante poco tiempo para luego retornarse a Bogotá. A pesar de las dificultades, las ganas ver a su progenitora le empujaron a volver. Sólo eran unos días, pero coincidió que el gobierno de Nicolás Maduro decretó por aquel entonces el cierre de fronteras.

La desesperación por no quedarse en Venezuela llevó a William a aprovechar que su madre dormía la siesta para coger una mochila e irse de la casa y del país de forma ilegal, cruzando a nado el río Táchira que separa Venezuela de Colombia. Una vez allí, tendría que explicárselo a su madre y todo quedaría en una anécdota.

“La anarquía total”

William se anticipó en 2013 a una crisis económica y social que llevó a Venezuela a perder el 65% de su riqueza de 2014 a 2019, según datos del Fondo Monetario Internacional, y a que 5,5 millones de venezolanos abandonaran el país como migrantes o refugiados. El 30% de ellos marchó a la vecina Colombia, otro 20% entró en Perú y una cifra similar emigró a Chile, de acuerdo a las estadísticas del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) en 2021.

Decidió partir de Venezuela después de que la comida, el agua y los productos básicos de higiene empezaran a escasear. “Yo no quería eso para mi vida”, aclaró el joven. Un contexto alimentado, según William, por un clima de corrupción, delincuencia e inseguridad que han convertido al país en “una anarquía total”.

El chico que fantaseaba con cruzar el charco y visitar España porque la capital del estado de Venezuela en que nació se llama Barcelona, ahora tiene otros sueños: Traer a su madre a Madrid para vivir juntos sin temor a que una tarde cualquiera a la hora de la siesta tenga que marcharse a otro país en busca de un futuro mejor.

Agencia EFE

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