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Se benefició del voto cubano, pero Marco Rubio acusa a su contrincante de lo que él predica Opinión Por FABIOLA SANTIAGO

FSANTIAGO@MIAMIHERALD.COM

Puede que nunca llegue a ser presidente de Estados Unidos, pero tiene la cara dura necesaria para el papel de principal de caza-comunistas del Partido Republicano.

Y tiene a alguien nuevo en su mirilla política.

Desde el momento en que la popular congresista Val Demings, la primera mujer en llegar a ser jefe de policía en Orlando, declaró su candidatura para su escaño, convirtiéndose instantáneamente en la favorita para ganar las primarias demócratas, Rubio comenzó a construir un escenario en el que ella, en sus palabras, es “una demócrata liberal de extrema izquierda”.

La verdad, por supuesto, no le importa a Rubio ni a su partido.

Esta es una mujer cuya carrera y vida familiar han estado ligadas a la aplicación de la ley durante los últimos 30 años, y que es tan respetada que estaba en la lista de finalistas de candidatas a la vicepresidencia por parte del centrista Joe Biden.

Sin embargo, al preparar el escenario para difamar a Demings ante los votantes hispanos que ven la política estadounidense a través del prisma de las experiencias en sus patrias de origen, Rubio despotricó en un video subido a su cuenta de Twitter diciendo que Demings vota en el Congreso con “el escuadrón marxista” y la socialista [la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy] Pelosi“.

Grandes y pequeñas mentiras

Oh, hay tantas palabrillas de carnada rojista, tantas grandes y pequeñas mentiras salpicadas en el corto video.

Para empezar, es difícil hacer al mismo tiempo esas dos cosas que él afirma cuando Pelosi, con frecuencia fastidiada por el llamado “escuadrón” margina a las cuatro congresistas de izquierda, que no incluye a Demings. 

Ella no tiene nada que ver con todo el asunto del escuadrón.

Pero lo que Demings sí ha hecho es ascender mediante el trabajo tenaz y la competencia, convirtiéndose en uno de los administradores del juicio político en el histórico litigio de impugnación del ex presidente Donald Trump por acusaciones de abuso de poder y obstrucción del Congreso. Y Rubio, quien constantemente encubrió y justificó todos los abusos al alto cargo sin precedentes por parte de Trump, votó dos veces en contra del juicio político.

Sí, Demings, — nacida en una casa de madera de dos habitaciones en Jacksonville, la menor de los siete hijos de una empleada doméstica y un bedel — es una oponente formidable.

Y es por eso que la semana pasada Rubio ha seguido sembrando el miedo “marxista” sin tregua.

Ahora que potencialmente se enfrenta al desafío de una mujer negra, fuerte, y con una historia notable, Rubio lanza la inadmisible afirmación de que las políticas de identidad que lo eligieron a él en primer lugar, son marxistas.

“El marxismo divide a las gentes en opresores o víctimas, pide el derrocamiento de un sistema ‘maligno’ y luego toma el poder total en nombre de la ‘justicia’ “, escribió en Twitter. “El viejo marxismo usó la lucha de clases para dividir a la gente. El nuevo marxismo usa políticas de identidad. Pero el objetivo es el mismo“. (Nota: la puntuación entre las oraciones es toda mía. Él no la usa).

Eso es lo que dice el hombre que se destacó en la política en Miami fabricando la historia falsa de que era hijo de exiliados cubanos. Sus padres fueron inmigrantes económicos que llegaron a Estados Unidos años antes de que Fidel Castro llegara al poder.

Eso dice el hombre que en época de elecciones y aún después juega constantemente con el sufrimiento de los verdaderos exiliados cubanos que dejaron todo lo que amaban, con el fin de obtener una ventaja política sobre sus oponentes.

POLÍTICA DE IDENTIDAD EN MIAMI

Marco Rubio quiere que los votantes olviden las campañas de “vota cubano” —vote Cuban— que lo ayudaron a él y a tantos otros cubanoamericanos a escalar cargos locales y estatales en un momento en que la corriente principal del Miami anglo estaba profundamente resentida por el ascenso económico y político de los cubanos.

¡Qué hipócrita!

Los cubanos somos maestros en jugar a la política de identidad.

Creamos nuestra propia marca y la perfeccionamos en Miami.

¿Y ahora resulta que es una característica del marxismo?

Risible —y peligroso para los votantes en un estado que necesita desesperadamente una mejor representación en Washington D.C. cuando se trata de problemas reales de vida o muerte, como el acceso a dólares federales para la atención médica que se destinan a otras partes del país y no a Florida, gracias a personas como Rubio, el senador Rick Scott y el gobernador Ron DeSantis.

Los tres se han subido al tren, oriundo de Miami y adoptado por el Partido Republicano, de llamar socialistas y comunistas a los opositores para evitar el debate sobre temas de red de seguridad para ancianos y otros beneficios sociales que salvan vidas y en los cuales, según las encuestas, los votantes apoyan a los demócratas.

La Florida no corre ningún peligro de volverse marxista, pero sí corre el grave peligro de perder la razón colectiva por el constante bombardeo de propaganda de extrema derecha. Cuanto más absurda sea la mentira, más fácil es repetirla y conseguir que los votantes la crean o quieran creerla para justificar un voto basado en prejuicios.

El infame Joseph McCarthy era un neófito con cara de bebé comparado con Marco Rubio.

Pero su mancha roja contra Demings, por amplificada que sea, es una mentira predecible.

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