Todo el mundo sabe que los dados están cargados. Leonard Cohen
La nota de esta semana la escribo antes de la comparecencia, en el senado norteamericano, del secretario de Estado Marco Rubio y de la reunión que tendrá, momento más tarde con María Corina Machado.
Me tomo prestada la frase con la que Mark Carney, primer ministro de Canadá, quien, en Davos, interpretó el momento actual como ruptura y defunción del orden internacional basado en reglas, acuerdos y compromisos.
El uso de esta frase de mi parte apunta a que la decisión de Trump de conferirle la jefatura de la “transición” a la misma maquinaria de poder que ha dirigido al país por más de veinte años, ahora encabezada por Delcy Rodríguez, desplaza no solo a MCM que sin discusión es la líder de la oposición democrática, sino que deja por fuera al pueblo venezolano y a la decisión que ya, este, había tomado el 28 de julio de 2024.
Trump, que no es afecto a la democracia, digamos que es más dado a privilegiar la fuerza, tal como desproporcionadamente la deja caer sobre los inmigrantes en su país, optó para dejar, más o menos, intacto un régimen que se impuso a través del “terrorismo de Estado, la persecución, la censura y el cierre del espacio cívico”, además de haber arruinado al país y de producir la fractura de la familia con la salida de más de 8 millones de personas, y más, que equivalen casi a un tercio de la totalidad de la población.
Todo ello con la presunción de que la oposición encabezada por MCM no estaba en condiciones de manejar la transición hacia la democracia, pues el chavismo mantenía el control y el monopolio de la violencia y de los aparatos autoritarios de poder (Fuerzas armadas, policías, demás cuerpos de seguridad del Estado, tribunales), de los enclaves autoritarios que durante veinte años se dedicó a introducirlos en el seno de la sociedad civil (los llamados colectivos armados, los “patriotas cooperantes, el discurso de la política como guerra, con la jerga de la relación amigo vs enemigo, etc.)
Todo ello, configuró una narrativa que se hizo hegemónica, aceptada por casi la unanimidad de todos los sectores.
El resultado no ha sido un desplazamiento del “Bloque histórico” dominante ( así lo llamaría Gramsci), formada por la alianza entre el gobierno con la estructura criminal del narcotráfico, grupos irregulares extranjeros instalados en el país y la corrupción en general que tomó en sus manos el control del poder del Estado. Lo que se ha producido es un proceso de “transformismo” al interior de él mismo donde se desplazó a Maduro quien fue sustituido por los hermanos Rodríguez quienes no se libran de la sospecha de haberlo traicionado y entregado a los norteamericanos o por lo menos no haber hecho nada para evitarlo.
Lo cierto es que el Estado, lejos de ampliarse y darle una mayor cobertura a la sociedad civil y a las demandas democráticas, esto es que se produjera una “vuelta a la política” y mucho más que eso una vuelta a la democracia se restringió aún más dejando al aparato represivo como sostén interno del chavismo, acompañada esta vez por una ligera flexibilización de la economía (especialmente en el área petrolera), bajo la presión, tutela y vigilancia (y castigar sino cumplen sus directrices) del gobierno norteamericano.
La imposición por parte de la administración Trump ha mantenido la preminencia de un Estado restringido que le ha conferido cierta “irresistibilidad interna” (dado el peso que tiene el aparato represivo en la constitución del orden), por lo menos por ahora, pero, acrecentó su vulnerabilidad hacia afuera significando, la muerte del Estado- nación venezolano. Este (el Estado) es apenas un segmento de un todo mayor cuyo centro de decisión está en manos de la administración Trump.
Lo sustancial es que los que nos hemos quedado “fuera de la mesa” corremos el riesgo de ser comidos, devorados y digeridos por “la transición chavista” que pretende construir su propio horizonte temporal que rebasa el tiempo constitucional de los 180 días, un tiempo ya largo si consideramos que la lógica chavista sigue articulada en torno a lo que Elías Pino Iturrieta llama “la maldad (chavista) enseñoreada sobre la sociedad” mientras se respeta “el reloj de los tránsitos civilizados”.
De allí que los venezolanos, los “de adentro” y los “de afuera” debemos organizarnos para reclamar el derecho a ser los sujetos en la construcción de este presente y consolidar el presente venidero y no ser simples objetos del plan Trump-Rubio de una transición que puede ser “una transición infinita” si Los hermanos Rodríguez, deciden supinamente seguir siendo útiles a la administración Trump.
Los análisis que se hacen del “momento actual” parecen ignorar que el triunfo electoral de la oposición el 28 de julio de 2024 significó el primer síntoma de una real transformación político-cultural, en la que, electoralmente, se manifestó a favor de la oposición, cuando un vasto sector de las Fuerzas Armadas en una acción contestaria sufragó por Edmundo Gonzales Urrutia,( esto puede dar una idea de que no es tal el control que se ejerce sobre la FAN) aunque el fraude electoral cometido por el régimen le impidió su acceso al Estado.
No hemos analizado en su justa dimensión ese evento electoral que produjo una “transformación del sentido común y de la cultura política de los años anteriores”, esa ha sido la virtud del liderazgo de MCM quien ahora debe invitar a la “otra oposición” que se sume a un proyecto político para gobernar.
Una aclaratoria, no debería hablar de la “otra oposición”, pero realmente existe, no una, sino varias, pues, sería un exabrupto señalar que MCM está sola como opositora, solo que esa “otra oposición” atraviesa una profunda crisis de representación y su esfuerzo de hoy debe estar dirigido a reestablecer la valoración de “sus palabras” que les restituya los afectos perdidos.
Y para hacer justicia ha sido MCM la que ha revalorizado en circunstancias adversas la palabra opositora, “ha enunciado una genealogía del país”, ha recreado nuevas formas de interpelación y ha hecho una contribución fundamental para sacar a la oposición de la marginalización. Claro hasta el día de hoy eso no le ha sido reconocido por esa “otra oposición”.
Reconozco la complejidad e incertidumbre de este “momento actual” (esa expresión me retrotrae a una categoría leninista, que a pesar de todo a veces son útiles, pero los que no hacen ni siquiera una concesión teórica al marxismo, puede usar la categoría “coyuntura”) y me temo que la administración Trump (que no ha fijado un cronograma cierto y reconocible de la fecha en la que termina este interinato) no ha considerado la revalorización de procedimientos institucionales.
Hay un esfuerzo por fijar una temporalidad por parte de Marco Rubio quien ha fijado el proceso en marcha en fases que deben ser iniciada y concluidas, pero eso no garantiza una transición a la democracia, por el peso que Trump le ha asignado a la recuperación de la deuda que Venezuela tiene con EE. UU. Por otra parte, esas fases y plazos (todavía abiertos) puede reducirse solo a tranquilizar las demandas de “transición ahora” que los ciudadanos hacen, tal como demuestran las encuestas, pero estarían lejos de ser realizadas si el imprevisible Trump opta por darle largas a la administración tutelada de Delcy Rodríguez.
Por otra parte, sospecho que no tardará Rubio de subsumirse a la decisión que finalmente tome Trump para no enajenarse los afectos de este, pues sus aspiraciones no son las de ser “gobernador” de Venezuela ni “Capitán General” de Cuba sino competirle a JD Vance la candidatura a la presidencia de los EE. UU.
Así que presumo que la posición de Rubio, en este sentido, no es un referente para Trump.
En la Venezuela de esta hora reina la incertidumbre y la inseguridad. Aunque la gente dice haber perdido el miedo y ya se observa la vuelta a la calle de algunas manifestantes demandando libertad para los presos políticos y empleados del sector público exigiendo una mejora sustancial de los salarios.
Eso me parece una “vuelta de tuerca” que puede desatar los nudos y los obstáculos para inducir un camino más rápido hacia la transición democrática.
Claro, no faltara algo que ¡Ya lo sé! ¡Ya lo sé!, porque lo he hablado con amigos que todavía me quedan en Venezuela y un poco desencantados me dicen, que, si bien es verdad que hay manifestaciones, también es cierto que una gran parte de la población se prepara para el carnaval
En todo caso, la transición, de no ocurrir un súbito fenómeno que ponga la gente en la calle en una multitudinaria manifestación, todo este proceso, seguirá dependiendo del inefable Donald Trump de quien todos sabemos se orienta en la vida por el olor de las ganancias y en este caso se conduce por el fuerte olor del petróleo.

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